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¿Quién fue San Martín Caballero, el soldado de Dios?

El 11 de noviembre, la Iglesia celebra a San Martín de Tours, patrono de los comerciantes.
San Martín Caballero, patrono de los comerciantes.
San Martín Caballero, patrono de los comerciantes.

En el año 337, durante un frío invierno en el pueblo de Amiens, Francia, Martín, soldado del ejército romano, se encontró con un mendigo que tiritaba de frío. Quiso darle algo para protegerlo del frío. Pensó que como el ejército le había cobrado el 50% del costo de su uniforme, la mitad de éste pertenecía al ejército, pero la otra mitad era suya y podía disponer de ella, así que con su  espada, cortó su capa y le dio su mitad al mendigo.

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Según la tradición, aquella misma noche, el buen soldado fue visitado por Jesucristo, quien vistiendo la media capa que el militar le había regalado al mendigo, le dijo: “Gracias, Martín”.

Al día siguiente el soldado romano, de 21 años, tomó la decisión de retirarse del ejército para bautizarse como seguidor de Cristo; sin embargo, el permiso le fue denegado por sus superiores debido a que era uno de los mejores combatientes. Pero Martín no claudicó en su decisión.

Tiempo después, cuando los romanos se alistaban a combatir a los invasores bárbaros, el emperador visitó a su ejército para darle a cada uno de los soldados un incentivo económico antes de la batalla. Al llegar a Martín, éste le dijo: “Emperador, he luchado por ti, permite que ahora luche por Dios. Yo soy soldado de Cristo, y no me es lícito seguir en el ejército ni aceptar tu dinero”.

En el Ejército Romano no estaba permitida la deserción, por lo que el emperador podía haber mandado ejecutar al soldado, pero Martín era apreciado por todos y, de hacerlo, bajaría la moral y ocasionaría descontento en la tropa en víspera de la batalla. Por ello, el emperador prefirió burlarse de él, diciéndole: “Los bárbaros nos atacarán mañana y tu actitud, querido Martín, parece movida por el miedo más que por tu fe. Dices ser cristiano por miedo de enfrentarte y derramar sangre”. Martín le respondió: “Mañana déjeme en primera línea de batalla, sin armas, sin escudo y sin casco, así le probaré mi valor y fidelidad, y le demostraré que el miedo que tengo no es a morir, sino a derramar la sangre de otros hombres”. Así lo acordaron.

Sin embargo, no hubo necesidad de ello, pues los bárbaros se rindieron antes de iniciar la batalla. Unos dicen que fue el miedo ante el numeroso ejército romano, pero otros aseguran que lo que les espantó fue saber, por boca de sus espías, que los romanos estaban tan seguros de la victoria que incluso había soldados que acudirían al combate sin armas.

El emperador permitió entonces a Martín dejar la vida militar, y así, aquel buen soldado llegó a ser obispo y defensor fiel de la fe en Cristo.