¿Qué es el infierno? ¿Dónde está? Esto dice el Catecismo

La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Allá van quienes mueren en pecado mortal sin arrepentimiento.
La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios. Foto: Cathopic
La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios. Foto: Cathopic

La Iglesia nos ha enseñado que, aunque nuestro cuerpo muere, el alma vive eternamente y, tras el juicio particular al que todos seremos sometidos, será enviada al cielo, al purgatorio o, bien, al infierno.

Pero, ¿qué es el infierno? ¿en qué consiste? Aquí te lo decimos:

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El Catecismo de la Iglesia Católica define el infierno como un “estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados”.

En varias ocasiones Jesús habla del “fuego que nunca se apaga”. En el Evangelio de San Mateo, se refiere que “enviará a sus ángeles […] que recogerán a todos los autores de iniquidad, y los arrojarán al horno ardiendo” (Mt 13, 41-42).

“La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno”.

El Infierno, de Pieter Huys.

El Infierno, de Pieter Huys.

“La pena principal del infierno –agrega el Catecismo-, consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira”.

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No obstante, la Iglesia es enfática al decir que Dios no predestina a nadie a ir al infierno, pues quiere que todos se salven y lleguen a Él.

“Para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final”.

“En la liturgia eucarística y en las plegarias diarias de los fieles, la Iglesia implora la misericordia de Dios, que quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.

Con información del Catecismo de la Iglesia Católica.

 

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