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¿Las mascotas pueden sustituir el amor de los hijos o la familia?

No hay que exagerar el amor por las mascotas, no son hijos, no son personas y no sustituyen el amor humano.
La soledad orilla a las personas a tratar a las mascotas como hijos. Foto: Totems.com

La soledad es un mal que aqueja cada vez a más personas y esta ausencia de la convivencia humana puede llevar a buscar la convivencia con una o varias mascotas y convertirlas en el receptor de todo el amor que se le debería de dar a un ser humano o a un hijo.

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Para los citadinos la relación con los animales se ve limitada a un perro, gato, o alguna otra especie pequela, quienes tienen como misión complementar a una familia, pero nunca sustituirla, pues una mascota no es un hijo.

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La muerte de mascotas afecta emocionalmente a los niños.

Los perrhijos

El libro del Génesis (2: 19-20) nos dice “Dios creó a los animales para darle a Adán una ayuda adecuada, y no lo fueron”.

Adán necesitaba una familia, y ésta llegó con Eva que se convirtió en carne de su carne, pero el ser humano y los animales han aprendido a convivir, a tal grado que son mutuamente necesarios.

Es bueno tener mascotas, un niño necesita tener un perro o un gato para aprender a ser responsable de alguien, para sentir la fidelidad, lo que es el cariño desinteresado del que es el mejor amigo del hombre. 

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Los ancianos necesitan compañía en su soledad y ésta suelen darla los animalitos, pero no suplen la compañía de los hijos y de los nietos.

Las personas que han decidido vivir solas suelen rodearse de perros o gatos, pero a ellos mismos les parece triste gastar su amor en animales y no en los seres humanos. Y entonces, la mascota se vuelve familia, recibe el amor que se le debería dar a los hijos o a los hermanos, el cuidado y los mimos que se le darían a un hijo.

Mascotas vs niños

Mientras que el acoger a mascotas va en auge en los lugares públicos, también aumenta el poner límites a las familias con niños.

Sería comprensible, en cierto modo, que estos límites a los niños fueran solamente para proteger la paz y la tranquilidad de los mayores, pero tal parece que el rechazo a los niños no se limita a no aceptarlos en los lugares de convivencia humana, sino a no aceptarlos en las familias.

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Hay parejas que se unen con la condición de no tener hijos para que no limiten su libertad y su bienestar económico. Su decisión se respeta.

El tener hijos, y, sobre todo, el tener muchos hijos parece cosa del pasado, ya no son necesarios, eso está bien en los viejos cuentos infantiles. Y, mientras tanto, las mascotas siguen ocupando el lugar de los hijos y de los nietos.

Gracias a Dios por las mascotas

Gracias a Dios por las mascotas, pero no exageremos nuestro amor por ellas, no son hijos, no son personas; complementan, pero no sustituyen el amor humano.

Rodearnos de mascotas porque no somos capaces de rodearnos de humanos es tan solo una forma de disfrazar nuestros traumas y nuestros egoísmos. ¡Cuántos seres humanos están hambrientos de ese amor que prodigamos a los animalitos!

Salgamos de nuestra soledad no rodeándonos de perros o gatos, sino abriendo la puerta de nuestro corazón a tantos y tantos hermanos nuestros que vagan por el mundo como perritos sin dueño. Adopta un perro, sí, pero también adopta a un humano.

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