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¿Qué poema de San Francisco de Asís inspiró la encíclica Laudato si’?

El cántico de las criaturas, el poema de San Francisco de Asís, inspiró al Papa Francisco en la encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común.

20 mayo, 2026
¿Qué poema de San Francisco de Asís inspiró la encíclica Laudato si’?
La encíclica Laudato si' toma su nombre e inspiración del “Cántico de las criaturas”, la célebre alabanza de Saint Francis of Assisi a Dios por toda la creación.
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San Francisco de Asís escribió hacia 1226 El cántico de las criaturas, también conocido como Cántico del hermano sol. Este poema, nacido en un contexto de pobreza radical y de profunda unión con la creación, es una alabanza a Dios a través de la naturaleza: el sol, la luna, las estrellas, el viento, el agua, el fuego y la tierra.

Se le considera uno de los primeros textos con sensibilidad ecológica, pues refleja una visión integral donde la creación no es un recurso a explotar, sino una hermana con la cual el hombre está llamado a convivir en armonía.

El Papa Francisco se inspiró en este cántico para escribir en 2015 la encíclica Laudato si’, cuyo título retoma precisamente las palabras iniciales del poema. Este documento propone un “cuidado de la casa común” y subraya que la crisis ecológica también es una crisis espiritual y social, invitando a un estilo de vida más sencillo, fraterno y respetuoso con el planeta.

Hoy, el cántico de San Francisco sigue siendo un referente espiritual, ecológico y poético, recordándonos que el amor a Dios pasa también por el cuidado de la creación.

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Conoce la vida y obra de San Francisco de Asís.
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El poema de San Francisco de Asís que inspiró Laudato Si´

“El Cántico de las criaturas”

Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas,
la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, te corresponden
y ningún hombre es digno de pronunciar tu nombre.

Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
él es el día y por él nos alumbras;
y es bello y radiante con gran esplendor:
de ti. Altísimo, lleva significación.

Loado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas:
en el cielo las has formado
claras y preciosas y bellas.

Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.

Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
que es muy útil y humilde y preciosa y casta.

Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche:
y es bello y alegre y robusto y fuerte.

Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana la madre tierra,
que nos sustenta y gobierna
y produce distintos frutos
con flores de colores y hierbas.

Loado seas, mi Señor,
por los que perdonan por tu amor
y sufren enfermedad y tribulación.
Bienaventurados aquellos que las sufren en paz,
pues por ti, Altísimo, coronados serán.

Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana la muerte corporal
de la cual ningún hombre vivo puede escapar.
¡Ay de aquellos que morirán en pecado mortal!
Bienaventurados los que encontrará en tu santísima voluntad,
pues la muerte segunda no les hará mal.

Load y bendecid a mi Señor,
y dadle gracias y servidle con gran humildad.

Historia del poema

Ilustración de Fray León y San Francisco de Asís.
Ilustración de Fray León y San Francisco de Asís.

De acuerdo con el biógrafo y teólogo Donald Spoto, en su libro San Francisco de Asís, el santo que quiso ser hombre, esta alabanza escrita por San Francisco de Asís nació en medio de la adversidad, cuando el poverello d’ Assisi atravesaba por los terribles malestares que atacaban su cuerpo. Aún así “no había perdido ni su valor, ni su sensibilidad ni su sentido del humor”.

El autor de su biografía comenta que, “una noche particularmente dolorosa y agotadora”, mandó a llamar a uno de los frailes para anunciarle con entusiasmo que se le había ocurrido una canción:

“Quiero componer una nueva alabanza de las criaturas del Señor, de las cuales nos servimos todos los días, sin las cuales no podemos vivir y en las cuales el género humano tantas veces ofende a su Creador”.

Entonces, su compañero se dedicó a transcribir las palabras de Francisco, el cual se convirtió en uno de los grandes himnos de la cultura medieval, “una composición que se adelantó varios siglos a su época en su mística y, podríamos decir también, en su sensibilidad ecológica”, comenta Spoto.

La originalidad del poema de Francisco radicó en proclamar que la creación no era solamente hermosa, sino buena, porque reflejaba al Creador, “la Bondad en su estado más puro”.

Francisco, ciego y lleno de dolor en su cuerpo, supo apreciar la creación de Dios más allá de su belleza, yendo a contracorriente del pensamiento de su tiempo.

“Agotado pero enormemente feliz, Francisco se sentó y se apoyó en la pared. Había compuesto la primera poesía en italiano vernáculo, que entonces estaba emergiendo de la crisálida del latín; el joven y romántico trovador se había convertido por fin en el juglar místico de Dios”.

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Autor

Lic. en Lengua y literaturas hispánicas por la UNAM, con experiencia en edición digital y redes sociales. Ha sido editora de los sitios web Padres e hijos, Cocina Fácil y colaborado en National Geographic y Muy Interesante. También fue editora en la Diócesis de Azcapotzalco y actualmente es reportera en Desde la Fe.