Don de Sabiduría: contemplar las cosas como Dios las mira

Es uno de los dones del Espíritu Santo; el hecho de mirar como Dios mira, nos conduce a ser sensibles con los demás
Representación del Espíritu Santo. Foto: Cathopic.
Representación del Espíritu Santo. Foto: Cathopic.

El don de Sabiduría es un regalo de Dios, que se nos da a través del Espíritu Santo, para poder ver el mundo, las situaciones, las ocasiones, los problemas y en general todo aquello que implica nuestra condición de criaturas de Dios, de la manera en que Él las ve.

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Al respecto, el padre Christopher Barba, profesor de la Universidad Pontificia de México, explica que este don, el cual funciona como si Dios colocara en nuestros ojos la lente con que Él nos mira, nos sirve para contemplar la vida, los actos humanos, e incluso, nuestros errores, a fin de interpretar mesuradamente la realidad, centrarnos como personas y poder tomar acciones adecuadas para cumplir su voluntad.


Detalla que, de manera especial, el don de Sabiduría acompaña a los otros seis dones, pues el hecho de mirar como Dios mira, nos conduce a ser sensibles con los demás, a entendernos y entender, a recibir consejo y poder aconsejar, a ser fuertes en los momentos de dificultad, a contemplar la creación y a amarlo a Él como nuestro Creador.

Un panorama más claro

“Con el don de Sabiduría podemos llegar a ver un panorama más claro (…) este don nos ayuda a integrar los procesos difíciles en el proyecto de Dios”.

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Si bien el don de Sabiduría –explica el padre Christopher Barba– nos llega a través del Espíritu Santo como un regalo de Dios, presupone una parte humana, que requiere de la disposición de cada persona para hacerlo crecer.

Con el Bautismo, y más plenamente con la Confirmación, el don queda sembrado en nosotros como una semilla que hay que cuidar, abonar, no dejarla estropear por el sol, protegerla también del frío. Es decir, que, al igual que los otros dones, se tiene que cultivar, y es ahí donde interviene la parte humana para robustecerlo, no en cuanto a cúmulo de conocimientos, sino en cuanto a un mayor acercamiento a Dios para poder interpretar la vida con los ojos de Él.

 

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