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Don de fortaleza: El Espíritu Santo nos da las fuerzas

Este don implica reconocer nuestra fragilidad y permitir que Dios actúe en nosotros para enfrentar los problemas.
Foto: Cathopic

El Don de la Fortaleza es la más clara prueba de que Jesucristo cumplió su palabra cuando nos dijo: “Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo”, aseguró el padre Amado García, vicario de la Parroquia de la Asunción de María, quien agregó que esta frase significa que Dios nos acompaña siempre.

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“Dios no nos engaña y Él está presente y nos va dando la fuerza para salir adelante, es decir, la gracia para salir adelante, porque Él nos lo prometió”.

“Si partimos de ahí, entonces todas las cosas que podamos vivir a lo largo de nuestra vida, siempre tenemos que recordar eso, que Dios está ahí presente, independientemente de nuestras experiencias”, explicó.

En entrevista con Desde la fe, el padre Amado, quien en su ministerio ha puesto especial atención en las personas con discapacidad, aseguró que la Fortaleza es un don que implica humildad, para reconocer nuestra fragilidad.

“Si alguien dice que sale adelante y supera las cosas porque es muy fuerte, quizá puede superarlo, pero siempre quedará ese dejo de amargura o de coraje, de remordimiento contra quien sientes que te hizo algo, o contra la empresa donde trabajas, lo que sea”.

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“En cambio –agregó- cuando lo vives como un don que viene de lo alto, no guardas rencores ni resentimientos, y logras seguir el proceso de perdón porque Dios está ahí en todo lo que vives y su gracia y el Espíritu es lo que te encamina, teniendo siempre presente que al final nos espera otro don, otro regalo, que es el de la Vida Eterna”.

La Fortaleza es un don que viven muchos grandes santos de la Iglesia, pero no es exclusivo de ellos, pues es una gracia de todos los cristianos, y que nos ayuda a afrontar enfermedades, crisis o problemas laborales.

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“Desde nuestra debilidad, que implica el reconocimiento de nuestra realidad humana tan pobre y tan miserable, cuando nos sentimos débiles, que sea el momento más oportuno para orar, para ponerse en las manos de Dios y, de verdad, creer que lo que Él nos dice lo cumple, porque Jesús nunca nos dice mentiras”.

“Debemos confiar claramente en la oración. El solo hecho de ponerse de rodillas ante el Santísimo es la primera etapa de la solución”.

“Me viene a la mente el ejemplo de fortaleza de las parejas que viven una crisis matrimonial y, en el desconsuelo, siguen buscando a Dios con la confianza de que en Él van a encontrar aquello que necesitan, luz para ver hacia dónde deben seguir y fuerza para seguir delante en ese momento doloroso”.

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