Don de Consejo: decidir con prudencia inspirados en el Espíritu Santo

Es un regalo que cada persona puede poner al servicio de los demás con el fin de sacar adelante el proyecto de Dios.
Representación del Espíritu Santo.
Representación del Espíritu Santo.

El don de Consejo nos hace sensibles a la voz del Espíritu Santo, que quiere orientar nuestros pensamientos, sentimientos e intenciones, según el corazón de Dios, y por eso, el padre Martín Muñoz, Misionero de la Misericordia por encargo pontificio, señala que este regalo que recibimos en nuestro corazón nos lleva a decidir con prudencia acciones dirigidas a hacer la voluntad de nuestro Creador.

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Explica que este don se alimenta mucho de la disposición humana al encuentro con Dios y del deseo de seguir su voluntad, pues esto nos encamina en una búsqueda personal de su consejo, y nos prepara para aconsejar a otros cristianamente.


“Al interior de la Iglesia, por ejemplo –señala–, hay estados de vida que de por sí se mueven bajo ese criterio, ya sea para cuestiones de gobierno, de dirección espiritual o de conducción de las almas. Y quienes llevan a cabo estas tareas, necesariamente tienen que estarse alimentando de la cercanía con Dios, a fin de estar atentos a lo que Él quiere, ya que el consejo debe ser forzosamente bajo la línea de la voluntad divina”.

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Sin embargo –explica el padre Martín Muñoz–, esto no significa que el don de Consejo esté reservado para quienes conforman la estructura de la Iglesia, sino que cualquier persona puede cultivarlo, y de hecho, hay muchos laicos que tienen una extraordinaria capacidad de orientar a otros.

“Sólo es necesario considerar esto –añade–: el Consejo, en cuanto don del Espíritu Santo, va mucho más allá de las capacidades humanas, pues es un regalo que uno puede poner al servicio de los demás con el fin de sacar adelante el proyecto de Dios, y nos hace corresponsables de hacer eco, con nuestras prácticas, de los principios a seguir en la vida para ser cada vez más cercanos a Dios”.

Pero el padre Muñoz va todavía más allá al señalar que, si bien el don se recibe en el Bautismo y se refuerza en la Confirmación, tampoco se puede pensar que es sólo para los creyentes, “pues Dios es libre de actuar, y lo puede sembrar en quienes Él desea, a fin de que ayuden a otros a realizar su voluntad en el mundo, conforme a su proyecto divino”, apunta el sacerdote.

 

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