¿Qué hacer desde la parroquia ante el suicidio? Claves para prevenir y acompañar

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¿Qué hacer desde la parroquia ante el suicidio? Claves para prevenir y acompañar

Cada año 800 mil personas se suicidan en el mundo. Expertos de la Iglesia católica explican cómo detectar señales de alerta y acompañar a alguien que dice “ya no quiero vivir”.

POR  Jorge Reyes
9 abril, 2026
¿Qué hacer desde la parroquia ante el suicidio? Claves para prevenir y acompañar
Escuchar sin juzgar y acompañar con empatía puede marcar la diferencia para una persona que atraviesa una crisis emocional. Foto Especial.

El suicidio a nivel mundial se ha colocado como uno de los principales problemas de salud pública, ya que de acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se estima que cada año aproximadamente 800 mil personas en el mundo se quitan la vida y que por cada caso consumado existen al menos 20 intentos más, es decir, que anualmente se presentan cerca de 16 millones de intentos de suicidio.

Ante esta realidad, Monseñor Francisco Javier Acero Pérez, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, asegura que es fundamental que desde la Iglesia, como institución, desde la parroquia y desde la familia, se procure un acompañamiento puntual a aquellas personas que tengan tendencias suicidas.

Monseñor Acero Pérez subraya que el aumento de casos de depresión y suicidio nos refleja que la sociedad actual deja de lado a las personas que tienen problemas de salud mental, ya “que en esta sociedad del descarte, al final nos estamos ocupando solo de aquello que se ve y no de las situaciones tan difíciles e invisibles como son estas situaciones de salud mental. Es el fracaso rotundo de una sociedad que está más preocupada de otras cosas que de las personas”.

Claves para el acompañamiento desde la Iglesia

En entrevista con Desde la fe, el Obispo Auxiliar señala que desde la Iglesia se puede acompañar a las personas que tienen un fuerte sufrimiento emocional y mental, más allá de respuestas doctrinales, y para ello es importante:

  • Escucha empática
  • Comprensión del sufrimiento
  • Acompañamiento cercano
  • No juzgar

“La iglesia, por ejemplo, de la Arquidiócesis Primada de México está acompañando a víctimas del suicidio y a personas con tendencia al suicidio y solamente es desde la escucha empática como ellos pueden empezar a ver un rayo de luz dentro de un cuarto oscuro”, asevera.

La atención a las personas con tendencias suicidad es un tema “que nos tiene que hacer pensar a todos, sobre todo en los colegios y universidades, porque debemos tener el foco en lo que son las mentorías, las tutorías, el acompañamiento”.

¿Cómo acompañar a las personas con tendencias suicidas desde la Iglesia?

Al cuestionarle cómo puede saber una persona con problemas emocionales que se puede acercar a la iglesia y que ahí cuenta con un espacio para ella, el Obispo Auxiliar indica que cuando llega alguien que saben que tiene esos problemas, lo primero “que hacemos es crearle un cinturón afectivo de seguridad“, integrado por personas en las que confía y con las que puede estar a gusto, aunque esté en unos momentos de vacío existencial y de oscuridad.

“Ante esto, lo que hay que organizar siempre es un cinturón de seguridad afectivo y luego poner en marcha a los expertos. Yo creo que el psicotraumato es una de las bases más importantes para que pueda caminar una persona y pueda ser acompañada desde el punto de vista de salud mental”, indica.

De la misma manera, continúa, se debe evitar darles respuestas juzgonas o simplistas, ya que es fundamental comprender y estar presentes para ellos en todo momento, ya que “la presencia hace mucho más que las palabras”.

Pero sobre todo, señala Monseñor Francisco Javier, debemos tener un acercamiento con ellos como nos enseña el Evangelio, esto es, “acercarse con cariño, como Jesús, con un diálogo que invite a la reflexión conjunta, con ternura, con una mirada y brazos que abracen y contengan el dolor y el vacío”.

En este tenor, indicó que también es importante que en los lugares donde se forman los futuros religiosos, religiosas y sacerdotes diocesanos, en el Seminario Arquidiocesano y en las casas de formación, se les debe preparar para que estén atentos “ruidos emocionales”, a fin de que sepan cómo atenderlos y cómo se deben canalizar cuando se encuentren en una parroquia.

¿Qué se puede hacer desde la parroquia?

Respecto a qué se puede hacer desde la parroquia para atender y ayudar a las personas con tendencias suicidas, el padre Gutiérrez Fernández comenta que para abordar eficazmente la soledad y la crisis de credibilidad que enfrentan los jóvenes hoy en día, los templos deben de adaptar su labor pastoral, especialmente la juvenil.

Para lograr esta readaptación en las parroquias, propone pasar de una pastoral juvenil centrada en eventos a una que priorice la escucha, que debe ser un ejercicio fundamental, dedicando tiempo a los jóvenes para entender sus fracasos en el noviazgo, problemas escolares, familiares, laborales, etcétera, sin sentir que se pierde el tiempo.

Del mismo modo, plantea crear canales de expresión para que los jóvenes, que a menudo carecen de atención en casa o en la escuela, puedan expresarse y encontrar un oído atento en la parroquia, incluso si no tienen fe; y que los sacerdotes y líderes pastorales eviten discursos preestablecidos o respuestas no solicitadas.

¿Cuál es el papel de la familia?

Sobre cuál debe ser el papel que debe tener la familia cuando uno de sus integrantes tiene problemas mentales y emocionales que los llevan a tener intenciones suicidas, el padre Gutiérrez Fernández destaca que es muy importante que acompañen a esa personas con amor y empatía, pero sobre todo con la escucha.

Ante una situación de este tipo, el director del Centro de Estudios de Familia, Bioética y Sociedad propone:

  • Reconocer que hay una señal de alerta: Si un hijo dice “ya no quiero vivir”, los padres deben reconocer que hay una “red flag” y buscar dónde está el desajuste, ya que la expresión de no querer vivir es un síntoma de una situación desajustada.
  • Buscar el desajuste: Así como el alcoholismo no es la enfermedad sino un síntoma, una persona que dice que no quiere vivir más tiene una situación desajustada. La atención debe estar puesta en esto, con paciencia y sabiduría, buscando ayuda si no se puede solo.
  • Recrear canales de diálogo: Si los canales de diálogo están rotos, se deben recrear.
  • Evitar culpas y responsabilidades: Aunque hay una responsabilidad individual, la familia no debe cargar con las culpas de los demás ni con una super responsabilidad que no le corresponde.
  • Considerar el contexto: Las soluciones aplicadas hasta ese momento, ya sea poner límites muy altos o, por el contrario, hacer la vida demasiado fácil y evitar sufrimientos, pueden haber contribuido a que la persona no tolere la frustración. La vida está llena de sufrimientos y situaciones de fracaso, y es necesario saber levantarse y enfrentarlos.

¿Cuáles son los factores que incrementan problemas mentales y emocionales?

Al referirse al aumento de casos de suicidio y depresión a nivel mundial y en México, especialmente entre jóvenes y mujeres, el Padre José Guillermo Gutiérrez Fernández, doctor en Teología con especialidad en Moral de la Vida y Bioética, atribuye esta tendencia al hecho de que estamos inmersos en una sociedad enfocada al éxito material y a la alta competitividad, así como al estrés, y la promoción de ideales materialistas y hedonistas.

De la misma manera, comenta el también director del Centro de Estudios de Familia, Bioética y Sociedad de la Universidad Pontificia de México, podemos encontrar factores como la falta de resiliencia en las generaciones jóvenes debido a la sobreprotección y acciones que devalúan la vida humana, entre las que destaca la normalización del aborto.

Así, el padre Gutiérrez Fernández señala al menos seis causas sociales y culturales que contribuyen al aumento de la depresión y el suicidio:

  1. Una sociedad con un objetivo materialista y competitivo: La sociedad actual ha puesto como único objetivo el éxito material, lo que genera una alta competitividad y un nivel de estrés a veces insoportable.
  2. Estándares de vida materialistas y hedonistas: Se promueven ideales de vida basados en el éxito profesional y económico, con estándares puramente materialistas o hedonistas. Esto lleva a que los jóvenes se sientan insatisfechos e insuficientes si no logran alcanzar estos estándares.
  3. Sobreprotección y falta de resiliencia: La sobreprotección que experimentan las generaciones jóvenes les genera poca resiliencia y falta de fortaleza para resistir el fracaso o el sufrimiento.
  4. Normalización del aborto y una cultura hedonista: La normalización del aborto y una cultura que valora el bienestar material y el placer por encima de todo, hacen que la vida parezca no valer la pena cuando no se alcanzan estos niveles de bienestar.
  5. Poca resistencia al fracaso y al sufrimiento: Hay poca capacidad para afrontar el fracaso, el sufrimiento, o enfermedades crónicas, lo que lleva a que la única salida parezca ser quitarse la vida.
  6. Soledad en la juventud: A pesar de estar conectados en internet, los jóvenes se sienten muy solos, sin alguien en quien confiar o creer, y con una crisis de credibilidad en casi todo.

La vida siempre merece ser acompañada

Frente a esta realidad que afecta a millones de personas en el mundo, especialistas y pastores coinciden en que la prevención del suicidio comienza con algo tan sencillo como profundo: la cercanía humana. Escuchar sin juzgar, ofrecer compañía y reconocer el sufrimiento del otro puede convertirse en el primer paso para que quien atraviesa una crisis emocional descubra que no está solo y que su vida tiene valor.

En este sentido, tanto la Iglesia como la familia y la comunidad tienen un papel clave: Crear espacios seguros donde las personas puedan hablar de su dolor, canalizar oportunamente hacia especialistas en salud mental y fortalecer los vínculos afectivos son acciones concretas que pueden marcar la diferencia entre la desesperanza y la posibilidad de volver a encontrar sentido.

Porque, como recuerdan los expertos, detrás de frases como “ya no quiero vivir” suele haber un profundo grito de ayuda. Responder con empatía, paciencia y acompañamiento no solo ayuda a aliviar el sufrimiento inmediato, sino que también abre la puerta a un proceso de sanación en el que la fe, la comunidad y el apoyo profesional pueden convertirse en un verdadero camino de esperanza.



Autor

Lic. en Periodismo y Comunicación Colectiva por la UNAM, con una trayectoria de más de 30 años como periodista en medios como Reforma, El Centro y Notimex, así como funcionario de comunicación social en dependencias de gobierno y legislativas. Actualmente trabaja como periodista especializado en temas de religión.