3 beneficios de la Misa presencial que jamás se obtendrán por internet

Debido a la pandemia, muchas personas han tenido que participar de la Misa por internet, pero debemos entender que el encuentro presencial nada lo puede cambiar.

Una de las consecuencias de la pandemia fue el que las parroquias tuvieran que adaptarse y con cierre de los templos comenzó la necesidad de realizar la Misa por internet. Pero debemos recordar que hay beneficios de la Misa presencial que jamás podrán obtenerse a la distancia.

La necesidad nos llevó a abrirnos a los medios de comunicación social, como algo pasajero que creíamos sería algo breve, que nunca llenaron la riqueza del encuentro fraterno, del aspecto humano, muy esencial. La vivencia de Sacramentos siempre es algo personal.

Como un paliativo, muy bueno, ante la necesidad de cuidarnos se tomó la decisión de permitir y “validar” la participación virtual buscando que cumpliéramos la participación de la Misa dominical y orar juntos para salir de la pandemia.

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Hay fieles que están enfermos y no pueden salir de su casa, la Misa por internet es un bálsamo que les permite participar de la vida de la iglesia. Sin embargo, el resto no deberían usar esta herramienta como un pretexto para ya no acudir a Misa, la gente se realiza en la cercanía y el contacto con los hermanos, de persona a persona.

Los siguientes son 3 beneficios de la Misa presencial que jamás se obtendrán por internet:

La Sagrada Comunión

La necesidad de participar de la Sagrada Comunión, sería suficiente para entender que debemos asistir a la Misa de modo presencial: hay Misa virtual, pero no hay comunión virtual; hay comunión espiritual, pero no hay Comunión plena y real.

Hay encuentro de oración, pero falta la presencia física y el contacto con el hermano.

Se oye y resuena la urgente necesidad de vernos y abrazarnos, de tocarnos, de reír y orar juntos, no basta ver el Pan de Vida, es necesario saciarnos de ese alimento del Espíritu. Debemos volver a reunirnos, con los cuidados y precauciones debidas, por el bien de unos y otros.

Para aquellos que se molestaron ante el “distanciamiento” y la ausencia obligada a la Iglesia para participar en la Misa, es el momento de volver a saciarnos del Pan de Vida. No por mandato, sino por el amor a Dios y a los hermanos.

El momento único de encuentro con Dios

El respeto y la dignidad con que debemos participar de la Misa no se pueden lograr siempre en las condiciones de nuestros hogares, donde hay muchas distracciones.

Como me han comentado muchos fieles: La Misa por internet no me llena, me distraigo mucho, me preocupan otras cosas de casa, me quedo dormido, no puedo sentirme lleno de la Palabra, etc.

La adoración al Santísimo

No ir a Misa nos impide la Adoración real al Santísimo, adoración que necesitamos para crecer y proyectarnos a la vida diaria. Aprovecho para recordar: es Misa entera, participación física y espiritual completa.

Tenemos que volver a las Iglesias con precaución y mucha confianza en Dios que nos cuida, cuidadosos y no miedosos, de forma paulatina y no espantados.

 

El primer mandamiento de la Iglesia nos pide “oír Misa entera los domingos y demás fiestas de precepto y no realizar trabajos serviles”, nos exige a los fieles que santifiquemos el día en el cual se conmemora la Resurrección del Señor, en primer lugar participando en la celebración eucarística en la que se congrega la comunidad cristiana y descansando de aquellos trabajos y ocupaciones que puedan impedir esa santificación.

Los mandamientos de la Iglesia se sitúan en la línea de una vida moral referida a la vida litúrgica y que se alimenta de ella.

El carácter obligatorio de estas leyes positivas promulgadas por la autoridad eclesiástica tiene por fin garantizar a los fieles el mínimo indispensable en el espíritu de oración y en el esfuerzo moral, en el crecimiento del amor de Dios y del prójimo.

 

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