Un ermitaño, un laico indio y dos superioras entre los 7 nuevos santos

El Papa Francisco destacó sus "vidas cristianas y ejemplar santidad"; aún no se ha dado a conocer la fecha de canonización.
Los beatos Maria Francesca di Gesù, Maria Domenica Mantovani, Lázaro Devasahayam, Charles de Foucauld serán canonizados.
Los beatos Maria Francesca di Gesù, Maria Domenica Mantovani, Lázaro Devasahayam, Charles de Foucauld serán canonizados.

El Papa Francisco aprobó la canonización siete beatos de la Iglesia Católica, entre los que destacan el sacerdote y ermitaño Charles de Foucauld, y la hermana Maria Francesca di Gesù, fundadora de las Hermanas Terciarias Capuchinas de Loano.

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De acuerdo con la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Santo Padre destacó sus “vidas cristianas y ejemplar santidad”, y anunció que la fecha de las canonizaciones será dada a conocer más adelante.


A continuación, te presentamos quién es cada uno de los nuevos santos:

Charles de Foucauld

El Hermano Carlos de Jesús nació en Francia y, durante su juventud, abrazó la vida militar.

Tras peregrinar a Tierra Santa encontró su vocación: consagrarse totalmente a Dios, imitando a Jesús en una vida oculta y silenciosa. Durante algunos años vivió como Monje Trapense y, más tarde, se consagró a Dios por completo, imitando a Jesús en una vida oculta y silenciosa.

Se ordenó sacerdote en 1901, a los 43 años, y  fue al desierto argelino del Sahara, primero a Beni Abbès y luego más al sur, a Tamanrasset, con los tuareg, un pueblo nómada. Llevaba una vida de oración, meditando continuamente la Sagrada Escritura, con el deseo incesante de ser el “hermano universal” para cada persona.  Murió a la edad de 58 años la noche del 1 de diciembre de 1916, asesinado por una banda de merodeadores que pasaba por allí. Benedicto XVI lo beatificó en 2005.

Lázaro, Devasahayam

Fue el primer laico indio en ser beatificado, un hombre de familia y un mártir. Hijo de un brahmán del reino hindú de Travancore, pertenecía a la alta casta de los guerreros. Se convirtió al cristianismo de adulto y recibió el Bautismo a los 33 años.

Esta conversión fue considerada una traición y un peligro para la solidez del reino. Por ello, fue detenido, humillado y torturado por los funcionarios, que luego ordenaron matarlo.

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Maria Francesca di Gesù

Anna Maria Rubatto nació en Piamonte, Italia. Fundó en la ciudad de Loano, cerca de Savona, el Instituto de las Hermanas Terciarias Capuchinas y luego partió hacia América Latina, donde se esforzó por servir a los pobres.

En 1892 llevó a sus hermanas a Montevideo, en Uruguay, y de allí, al poco tiempo, a Argentina y Brasil. Murió en Montevideo en 1904.

Maria Domenica Mantovani

Fue la primera superiora del Instituto de las Hermanitas de la Sagrada Familia, que fundó junto con el beato Giuseppe Nascimbeni, su guía espiritual, que la quiso como colaboradora para la fundación del Instituto. Fue una figura determinante en el desarrollo del carisma y la espiritualidad. Dedicó toda su vida, hasta el final de sus días, al humilde servicio de los pobres, los huérfanos y los enfermos. Juan Pablo II la declaró beata en 2003.

César De Bus

Nacido en Provenza. Fue un sacerdote que se dedicó a la predicación y a la catequesis y fundó la Congregación de los Padres de la Doctrina Cristiana en 1572, con el objetivo de formar a los fieles. Llevó a cabo esta tarea con un estilo sencillo y pobre, cercano a la gente, a través de una catequesis fácilmente comprensible. Murió la mañana de Pascua de 1603 en Aviñón.

Luigi Maria Palazzolo

Sacerdote de Bérgamo, fundó las Congregaciones de las Clarisas y de los Hermanos de la Sagrada Familia para acoger a niñas huérfanas y más pobres. También creó escuelas nocturnas para jóvenes y adultos. La labor educativa y la formación religiosa que ofreció fueron tan eficaces que unos cuarenta jóvenes del Oratorio optaron por hacerse sacerdotes. Sometido a un sufrimiento físico y moral, murió a la edad de 58 años. En 1963 Juan XXIII lo beatificó.

Giustino Maria Russolillo

Nació en Nápoles. Fue predicador, conferenciante y escritor. La catequesis permanente y la atención pastoral a las familias transformaron su comunidad parroquial, que se convirtió así en una “casa de santidad” y en la cuna de numerosas vocaciones. También extendió sus actividades a los sacerdotes y religiosos con dificultades y ayudó a los jóvenes a formar familias cristianas. Debido a su incansable trabajo, sufrió varias incomprensiones; siempre ofreció estos sufrimientos a la Virgen María.

 

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