La voz del Papa
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¡Que no te engañen! Esto dijo el Papa de las uniones homosexuales

El P. José Alberto Medel explica cuál es el sentido de lo que ha expresado el Papa Francisco en torno a las uniones civiles homosexuales.
El Papa Francisco en la Audiencia General del 21 de octubre. Foto: Vatican Media.
El Papa Francisco en la Audiencia General del 21 de octubre. Foto: Vatican Media.

Este miércoles se dio a conocer una declaración del Papa Francisco extraída de un documental donde habla sobre diversos temas como el cambio climático, la migración, la pandemia y la homosexualidad, entre otros. Su declaración sobre el último punto ha dado la vuelta al mundo.

Y es que el Santo Padre, a pregunta expresa del director del documental sobre si un homosexual puede llevar a sus hijos a la Iglesia, respondió:


“Las personas homosexuales tienen derecho a estar en una familia. Son hijos de Dios. Tienen derecho a estar en la familia, no se puede echar a nadie ni hacerle la vida imposible por eso. Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil; tienen derecho a estar cubiertos legalmente”.

En entrevista para Desde la fe, el sacerdote José Alberto Medel, profesor de Teología del Matrimonio, explica cuál es el sentido de lo que ha expresado el Papa, y cómo es que en algunos medios de comunicación ha sido mal interpretado en el sentido de que el Pontífice ha avalado el Matrimonio entre personas del mismo sexo.

 

DLF: ¿Es cierto que el Papa Francisco avaló el Matrimonio civil entre personas del mismo sexo?

José Alberto Medel: Como dijeran los buenos juristas: hay que distinguir.

Primera distinción: una cosa es una unión entre personas del mismo sexo -que puede revestirse de muchas figuras jurídicas- y otra cosa es el Matrimonio, no son lo mismo.

Segunda distinción. Hay que distinguir entre estas cuatro cosas para saber bien de lo que se está hablando: una cosa es “unión religiosa” entre personas del mismo sexo; otra “matrimonio religioso” entre personas del mismo sexo; otra “uniones civiles” entre personas del mismo sexo, y otra “matrimonios civiles” entre personas del mismo sexo.

“Uniones religiosas” entre personas del mismo sexo, al menos en la Iglesia Católica no existen ni existirán, en otras confesiones cristianas sabemos que existen, algo así como una “bendición” de esas uniones que no llegan a ser matrimonio. “Matrimonio religioso” entre personas del mismo sexo tampoco existen en el ámbito católico. “Uniones civiles” entre personas del mismo sexo, ya existen y pueden ser de diversa índole. “Matrimonios civiles” entre personas del mismo sexo, ya existen en algunos lugares.

Dicho lo anterior… ¿qué dijo el Papa? Según lo que sabemos de este documental, es que al Papa se le preguntó sobre “uniones civiles”, y por lo que está abogando es por leyes civiles que regulen la convivencia de parejas del mismo sexo de las que se desprende una familia. No está hablando de Matrimonio, sino de convivencia civil; es decir, de una figura jurídica que proteja a dos o más personas que comparten un techo, bienes comunes, etcétera.  Este concepto de “uniones civiles” es tan amplio que contiene a parejas del mismo sexo, como otro tipo de relaciones de convivencia como pueden ser parientes, amigos, etc., que de hecho existen y que no protege la ley.

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El Papa, de alguna manera, está abogando por que estas personas no sean anónimas ante la ley, que gocen de sus derechos legalmente, con una figura jurídica capaz de protegerlos de manera que se les puedan garantizar. Lo cierto es que estas uniones existen de hecho, independientemente de que estemos de acuerdo o no, de que nos guste o no. Sin embargo, con todo lo dicho anteriormente, queda claro que el Papa nunca habló de Matrimonio.

 

DLF: ¿Lo que dijo el Papa rompe con la doctrina de la Iglesia Católica?

José Alberto Medel: No. El Papa no está hablando ni del Matrimonio Sacramental ni del Matrimonio Civil, sino de una figura jurídica: las leyes de convivencia. El Papa está expresando un punto de vista desde la pastoral, reconociendo que las personas, independientemente de su condición, son hijos de Dios que sufren por su condición y que, sin calificarlos, busca sean salvaguardados ciertos derechos, esta tarea le corresponde a quienes ostentan la autoridad civil y de esta manera aboga para que hagan lo que les corresponde, ya que su deber es velar por el bien de sus gobernados, de los cuales muchos son creyentes y muchos no lo son, y estos últimos, que no están de acuerdo con los preceptos religiosos de ningún credo, buscan someterse al estado de derecho y que el Estado les garantice un lugar válidamente reconocido en la sociedad.

De lo que está a favor el Papa, es de que las personas sean protegidas en sus derechos. Eso no quiere decir que el Papa y nosotros los católicos estemos de acuerdo con ese tipo de uniones. Es una línea muy delgada, que los creyentes debemos distinguir para no caer en equívocos. La Iglesia está con los seres humanos, hijos de Dios, y eso no significa que estemos de acuerdo con todo lo que hagan las personas.

En la declaración Dignitatis Humanae del Concilio Vaticano II, lo que la Iglesia exige es el derecho que todas las personas tienen a creer y como los estados deben garantizar ese derecho. Si nosotros pedimos nos sea respetado el derecho a vivir de acuerdo con nuestra fe, nosotros debemos respetar el derecho de otros a no creer y a conformar su vida de acuerdo a sus convicciones, mientras estas no dañen el bien común.  El Matrimonio civil o religioso es un bien común y de interés general, mientras este se salvaguarde, el derecho que tienen los distintos tipos de unión -comprendidas también las de las personas del mismo sexo- deben ser reguladas por el bien común, por el bien de los individuos, entre los que suele haber personas vulnerables, y que se diferencie de lo que es un verdadero matrimonio.

Por eso mismo, estos hermanos y hermanas nuestros no pueden estar a la deriva de la ley, como si no existieran. Tiene que haber leyes que salvaguarden sus derechos. ¿Qué derechos? Sabemos que las relaciones interpersonales generan vínculos económicos, sociales, etcétera, que tienen que ser protegidos. Porque, así como existe el divorcio civil que parte de los acuerdos nupciales, estas uniones se pueden disolver, y estas disoluciones se tienen que resolver con base en la ley que se creó al aceptar este tipo de uniones.

 

DLF: ¿El Papa dijo algo distinto a lo que la Iglesia ya apoyaba?

José Alberto Medel: La reflexión al interno de la Iglesia ha ido creciendo conforme estas cosas se han estado dando en el mundo. En el lejano año 2000 (digo lejano, porque el curso de la historia en estos últimos años ha sido vertiginoso y a pasos agigantados) la Congregación para la Doctrina de la fe se había pronunciado sobre este tema. Ahora que el fenómeno ha crecido y se ha revestido de matices en los distintos países, Obispos en particular han tratado de dar una respuesta que oriente a los fieles, sin embargo, todavía no se ha dado una enseñanza definitiva ante la realidad.

En los debates que se han dado en los países donde ya se han aprobado las uniones entre personas del mismo sexo, el Papa y varios obispos -incluso aquí en México cuando el anterior presidente planteó esta posibilidad-, ya habían dicho que es necesario generar una figura jurídica que salvaguarde los derechos de las personas homosexuales que forman una pareja, pero sin equipararla con el Matrimonio. El que tengan que estar equiparadas, ni el Papa lo ha dicho, ni la Iglesia lo ha dicho, ni los obispos lo han dicho. Se ha abogado por esto: si van a generar una figura jurídica que salvaguarde a estas parejas, pues pónganle otro nombre (porque el nombre sí importa, al hacer referencia a su ser) y denle una figura jurídica que las proteja, pero no que se llamen Matrimonio, porque no lo son, y esto es enseñanza cierta e infalible.

Quizás lo histórico es está expresado por los labios del Papa, con todo lo que significa, y que expresa su preocupación sobre este asunto que considera importante en el ámbito de lo social, no pretendió dar una enseñanza papal definitiva. Sería realmente histórico si él, ejerciendo su ministerio de Papa, dijera: “Esto tiene que ser y toda la Iglesia lo tiene que buscar”. Pero no es así. No quiere decir que se esté avalando el matrimonio civil entre personas del mismo sexo. Por eso es muy importante la distinción. Ahora, qué tan histórica es esta declaración, ésta dejémosla a la historia, porque seguramente esto suscitará una mayor reflexión sobre el tema y el veredicto de la historia nos dirá si sólo fue una ocurrencia o si fue el inicio de una reflexión que llevó a la Iglesia a una postura clara y definida sobre el asunto.

 

DLF: ¿La Iglesia está en contra de las uniones civiles entre personas homosexuales?

José Alberto Medel: La Iglesia, aunque tiene el derecho a opinar sobre lo que sucede en las sociedades con las que convive, eso no quiere decir que tiene derecho a imponer a los Estados qué leyes pueden o no aprobar, la historia nos habla de cómo en esto se han cometido errores que le han pasado facturas muy costosas.

La Iglesia tiene un deber profético. Naturalmente, si los Estados aprueban leyes inicuas o inmorales, tiene el deber de manifestar su postura, y nadie le puede quitar ese derecho y ¡lo tiene que ejercer!, aunque eso le traiga incomprensiones y persecuciones. Si los Estados legítimamente constituidos aprueban el “matrimonio homosexual”, la Iglesia tiene el derecho de expresarse sobre eso, y hacerlo desde la verdad revelada que custodia y que enseña.

Pero de eso a oponerse generando un frente social contra los Estados, la Iglesia no lo ha hecho, ni lo hará. Su deber es profético, como el de Jesús y, como sabemos, el anuncio profético desvela situaciones negativas que suceden en la sociedad.

En este sentido, lo que el Papa y otros obispos en el mundo han dicho, es que algunos Estados, en el ejercicio de su servicio, tienen que proteger a todos los ciudadanos, y si existen estas relaciones, pues que las protegen y que las legislen, pero que no se equiparen al Matrimonio. Ya sabemos el caso que han hecho a esta postura, por eso el reto de evangelización que tiene la Iglesia es más fuerte.

 

DLF: ¿Por qué la Iglesia defiende el Matrimonio como institución?

José Alberto Medel: El Matrimonio, en un principio, está legislado por la Ley Natural. No es una institución que ha inventado una autoridad humana. El ser humano, con el paso del tiempo, fue descubriendo la unidad indisoluble, la complementariedad, cuyo fruto son los hijos, y por lo tanto, la familia.

Es una institución natural que está ligada a nuestra diferenciación sexual: hombre y mujer, y a la unidad que se da entre los géneros de la única raza humana que permite nuestra supervivencia como especie.

Pero además, para nosotros los creyentes, este principio está determinado por Dios en el sentido de que Él nos creó hombre y mujer. En esa ley diferenciada de los géneros dentro de la única naturaleza humana, está decretada la naturaleza del Matrimonio. No es un decreto jurídico ante notario público, sino que está inscrito en la naturaleza misma.

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Por eso, si una persona dice que el tema sobre el matrimonio no está ligada a la religión, podemos concederle su postura, en el entendido de que la naturaleza nos dice que el ser humano está diferenciado entre dos géneros: masculino y femenino, y que son complementarios, y en el fondo esta verdad de la naturaleza expresa el designio del que la creó.

Cristo nuestro Señor, con respecto al Matrimonio, no hizo como con los demás sacramentos, con el Matrimonio hizo un camino distinto: el Matrimonio como institución divino-natural ya existía, a esta institución, el Redentor la enriqueció con un significado nuevo; lo hizo signo suyo y de su unión con la Iglesia. Por eso se dice que Cristo elevó el Matrimonio a la dignidad de Sacramento, porque ya existía como institución divina, creada por Dios, y, por lo tanto, como institución natural.

Lo que la Iglesia defiende es esto: que está en el origen el ser del Matrimonio, no en las decisiones de la conveniencia social. El debate sobre esto se inscribe un debate mayor, donde el hombre se cree en la capacidad de reelaborar su naturaleza a su arbitrio, por lo que, si ahora el hombre es capaz de decidir quién vive y quién no desde el vientre materno; si el ser humano hoy se cree con la capacidad de decidir si a una persona enferma o anciana se le puede quitar la vida por la eutanasia, pues ¡cómo no se puede creer capaz de decidir sobre el Matrimonio!

 

DLF: ¿Qué derechos tiene el Matrimonio que no tengan las uniones civiles o sociedades de convivencia?

José Alberto Medel: Los derechos del Matrimonio le vienen de la naturaleza misma. Si el Estado esto lo entiende, entonces tiene los mismos que el Matrimonio Sacramental. La un iones civiles o sociedad de convivencia, al ser de naturaleza distinta, responden a aquello que están llamadas a proteger, y por lo tanto, son diferentes a las de un matrimonio.

En el problema que nos ocupa, es distinto proteger “la unión” de las personas y sus consecuencias, pero también los derechos de terceros, pero eso es asunto de otra reflexión. Un Matrimonio puede tener hijos, porque está en la capacidad de engendrarlos. El matrimonio engendra hijos y, por lo tanto, una familia, y los derechos de los padres a velar por el bien de sus hijos (como la educación). Las uniones civiles o sociedades de convivencia están hechas a partir, no de la naturaleza, sino de los derechos que la ley les quiere reconocer y regular y están limitados por las restricciones que la naturaleza de esas uniones les impone.

 

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