“Organizan rutas de muerte”: el duro mensaje del Papa a traficantes de migrantes
El Papa León XIV exigió a los traficantes de personas liberar a sus víctimas y llamó a los católicos a acompañar e integrar a los migrantes.
El Papa León XIV hizo un urgente y fuerte llamado a todos aquellos que trafican con las personas y que convierten el sufrimiento ajeno en negocio para que se detengan y liberen a todos cuanto tienen bajo su dominio.
Durante un encuentro con migrantes, voluntarios y organizaciones que apoyan su integración en las Islas Canarias, España, el Santo Padre exhortó a quienes participan en este cruel “negocio” a convertirse mientras aún están a tiempo, recordándoles que la misericordia de Dios todavía puede alcanzarlos.
“Desde esta plaza quiero dirigir una palabra clara a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio. Deténganse. Conviértanse. Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta Él”, urgió.
“Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina. Rompan esas cadenas y liberen a quienes tienen bajo dominio. Devuelvan lo arrebatado y reparen cuanto puedan. Vuelvan mientras aún hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más endurecido, pero sólo entra por la puerta estrecha de la verdad, la justicia y la conversión”, aseguró.
En este sentido, León XIV aseveró que, en el negocio ilícito de la trata de personas, la última palabra no puede tenerla el miedo, la indiferencia ni la violencia de quienes comercian con la vida humana.
“La última palabra pertenece a Cristo, que se identifica con el forastero, toca las heridas de la humanidad y nos llama a reconocerlo en cada hermano que necesita ser acogido, protegido, promovido e integrado. Alcemos la mirada hacia Él, sin apartarla de quienes sufren; miremos al Señor para aprender a mirar con sus ojos a nuestros hermanos”, señaló en su penúltimo evento de su Viaje Apostólico a España.
No seamos indiferentes ante los migrantes
Durante el encuentro que sostuvo con las iniciativas de integración de los migrantes en la “Plaza del Cristo de La Laguna”, el Papa hizo también un llamado a los católicos para no ser indiferentes con los migrantes, pero además les pidió que el apoyo que se les otorgue no quede reducido a una “tarea social, por necesaria que sea”.
“Quien llega a nuestras parroquias necesita pan, techo, lengua, trabajo y protección; y también debe encontrar una comunidad capaz de ofrecer, con el testimonio de la vida y de la palabra, caminos para conocer a Jesucristo, respetando siempre la conciencia y la libertad de cada persona”, aseguró.
De la misma manera, les recordó que una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar: “Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana”.
En su mensaje el Obispo de Roma añadió que además del naufragio físico que enfrentan los migrantes que se hacen a la mar, en donde enfrentan graves riesgos, al llegar a tierra deben afrontar otro “naufragio”, uno que a veces es mucho más fuerte y difícil de enfrentar.
“Existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad. Integrar es impedir ese segundo naufragio. Es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad”, aseguró.



