Los tres consejos del Papa Francisco para las familias con problemas

En este domingo en que celebramos la Solemnidad de la Sagrada Familia, el Papa Francisco pidió a las familias trabajar por la armonía.
El Papa Francisco saluda a una familia en la Audiencia General. Foto: Vatican Media.
El Papa Francisco saluda a una familia en la Audiencia General. Foto: Vatican Media.

En este domingo que celebramos la Solemnidad de la Sagrada Familia, el Papa Francisco pidió al mundo contemplar la belleza de la familia y trabajar por ella, pasando del ‘yo’ al ‘tú’

“Dios eligió a una familia humilde y sencilla para venir entre nosotros. Contemplemos la belleza de este misterio, destacando también dos aspectos concretos para nuestras familias”, dijo durante su mensaje previo al rezo del Ángelus desde el Vaticano.

Para hablar de la familia, hay dos cosas que debemos entender, destacó.

Mostremos gratitud: La familia es la historia de la que provenimos

En el Evangelio escuchamos sobre la relación familiar de Jesús.

“Lo vemos viajar a Jerusalén con María y José para la Pascua; luego hace preocupar a su madre y a su padre, que no lo encuentran; una vez encontrado, vuelve a casa con ellos (cf. Lc 2,41-52). Es hermoso ver a Jesús insertado en la red de afectos familiares, naciendo y creciendo en el abrazo y la preocupación de los suyos”.

Nosotros también venimos de una familia, recordó el Papa. “La persona que somos hoy nace, no tanto de los bienes materiales que hemos gozado, sino del amor que hemos recibido, del amor en el seno de la familia. Puede que no hayamos nacido en una familia excepcional y sin problemas, pero es nuestra historia ―cada uno debe pensar: es mi historia―, son nuestras raíces: ¡si las cortamos, la vida se seca!”.

“Dios no nos creó para ser caballeros solitarios, sino para caminar juntos. Démosle las gracias y recemos por nuestras familias. Dios piensa en nosotros y quiere que estemos juntos: agradecidos, unidos, capaces de proteger nuestras raíces. Y tenemos que pensar en esto, en la propia historia”.

Aprendamos a ser una familia cada día

En su mensaje, el Papa Francisco destacó que se aprende a ser familia todos los días. Siempre hay problemas que pueden poner a la familia en aprietos.

“No existe la Sagrada Familia de las estampitas. María y José pierden a Jesús y lo buscan angustiados, luego lo encuentran después de tres días. Y cuando, sentado entre los maestros del Templo, responde que debe atender los asuntos de su Padre, no lo entienden. Necesitan tiempo para aprender a conocer a su hijo”.

“Así es también para nosotros: cada día, en la familia, hay que aprender a escucharnos y comprendernos, a caminar juntos, a afrontar los conflictos y las dificultades. Es el reto diario, y se gana con la actitud adecuada, con pequeñas atenciones, con gestos sencillos, cuidando los detalles de nuestras relaciones. Y también esto, nos ayuda mucho hablar en familia, hablar en la mesa, el diálogo entre padres e hijos, el diálogo entre hermanos, nos ayuda a vivir esta raíz familiar que viene de los abuelos, el diálogo con los abuelos”.

Pasemos del ‘yo’ al ‘tú’

El Papa Francisco destacó que en el Evangelio, María dice a Jesús: Tu padre y yo te estábamos buscando (v. 48).

“Tu padre y yo; no dice yo y tu padre: ¡antes del “yo” está el “tú”! Aprendamos esto: antes del yo está el tú”.

Para preservar la armonía en la familia, hay que luchar contra la dictadura del yo, recordó el Papa. “Es peligroso cuando, en lugar de escucharnos, nos reprochamos nuestros errores; cuando, en lugar de preocuparnos por los demás, nos centramos en nuestras propias necesidades; cuando, en lugar de hablar, nos aislamos con nuestros teléfonos móviles; es triste ver a una familia en la comida, cada uno con su teléfono móvil sin hablar con los demás”

“Cuando nos acusamos unos a otros, repitiendo siempre las mismas frases, escenificando una comedia ya vista en la que cada uno quiere tener razón y al final hay un frío silencio. Ese silencio cortante y frío después de una discusión familiar. ¡Eso es feo, feísimo!”.

Por ello, el Papa Francisco enfatizó un consejo: Por la noche, después de todo, hagan las paces. Siempre. No vayan a dormir sin hacer las paces.

“Nunca vayan a dormir sin haber hecho las paces, porque si no, al día siguiente habrá una “guerra fría·. Y esta es peligrosa porque comenzará una historia de reproches, una historia de resentimientos. ¡Cuántas veces, por desgracia, nacen conflictos dentro de las paredes del hogar como resultado de silencios demasiado largos y egoísmos no curados! A veces incluso se llega a la violencia física y moral. Esto rompe la armonía y mata a la familia”.

“Pasemos del ‘yo’ al ‘tú’. Lo que debe importar más en la familia es el ‘tú’. Y cada día, por favor, recen un poco juntos, si pueden hacer el esfuerzo, para pedir a Dios el don de la paz en familia. ¡Y comprometámonos todos ―padres, hijos, Iglesia, sociedad civil― a apoyar, defender y proteger la familia que es nuestro tesoro!”

 

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