Pese al coronavirus, el Viacrucis de Iztapalapa se vivió con gran devoción

La 177 Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Iztapalapa se llevó a cabo cumpliendo con todas las restricciones sanitarias.
Viacrucis de Iztapalapa. Foto: Especial.
Viacrucis de Iztapalapa. Foto: Especial.

Sin la presencia de fieles y a puerta cerrada, pero con el mismo ímpetu y fervor con que se realiza cada año, este viernes se llevó a cabo la 177 edición del Viacrucis de Iztapalapa.

El Santuario del Señor de la Cuevita –la Catedral de Iztapalapa- fue el lugar elegido por los organizadores para llevar a cabo esta edición, en la que participaron apenas 65 actores, respetando las medidas sanitarias impuestas por las autoridades debido a la pandemia del coronavirus COVID-19.

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Normalmente, la Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Iztapalapa reúne a más de 1000 actores, 100 caballos, 115 clarines y fanfarrias, y unos 2.5 millones de asistentes que recorren las principales calles de los barrios originarios de Iztapalapa. Pero esta ocasión fue diferente.

Se extrañaron los miles de Nazarenos que suben cada año al Cerro de la Estrella para cumplir una manda al Señor de la Cuevita, los caballos y el ambiente de fe y devoción de los millones de asistentes.

Jesús ante Poncio Pillato, en Iztapalapa. Foto: Especial.

Jesús ante Poncio Pilato, en Iztapalapa. Foto: Especial.

Pero esto no impidió que Mauricio Luna -quien interpretó a Jesús-, y el resto del elenco, pusieran todo su esfuerzo para ofrecer una interpretación a la altura de ediciones anteriores.

Después de haber sido arrestado la noche del Jueves Santo, este viernes, Jesús fue presentado ante Herodes y Poncio Pilato, quien finalmente decidió su suerte y lo entregó a sus acusadores.

Después de las 15:30 horas, el Cristo de Iztapalapa murió finalmente en la cruz.

Mauricio Luna, el Cristo de Iztapalapa 2020. Foto: Especial.

Mauricio Luna, el Cristo de Iztapalapa 2020. Foto: Especial.

Los herederos de esta tradición que comenzó en 1843 podrán estar orgullosos de haber mantenido intacto el hilo temporal de la Representación, tal como lo hicieron sus antepasados en tiempos de la Revolución Mexicana y de la persecución religiosa de los años 20.

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Como ahora, en aquellos tiempos también se llevó a cabo a puerta cerrada, cumpliendo la promesa hecha al Señor de la Cuevita, que libró al pueblo de Iztapalapa de la epidemia del Cólera que azotó al país durante la primera mitad del siglo XIX.