Iglesia en México

La Pontificia inicia diplomado sobre prevención de abuso a menores

Este diplomado, organizado por Ceprome, convocó a expertos sobre la prevención de abuso sexual infantil provenientes de América Latina.
El Nuncio Apostólico en el Diplomado sobre la prevención de abuso a menores. Foto Cortesía Zaira Rosales
El Nuncio Apostólico en el Diplomado sobre la prevención de abuso a menores. Foto Cortesía Zaira Rosales

“El daño que hace el abuso sexual es terrible, y tenemos que evitar que esto pase, porque perjudica a las personas para toda la vida. El daño no es sólo a la víctima, sino también a su entorno”, dijo Mons. Franco Coppola, Nuncio Apostólico de México, durante la inauguración del diplomado “Prevención del abuso de menores”, que se llevará a cabo del 20 de enero al 14 de febrero en la Universidad Pontificia de México.

Este diplomado, organizado por el  Centro de Protección de Menores (Ceprome), convoca a expertos en la materia, provenientes de varios países de América Latina y de otras partes del mundo.

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Asimismo, el Nuncio Apostólico dijo que a raíz de que se dieron a conocer estos casos de abusos a menores, perpetrados por miembros de la Iglesia, se pudo observar que la Iglesia se estaba alejando de su realidad: el ser una Iglesia amorosa.

“Sin quererlo, nos hemos alejado de esta finalidad ‘ser madre’; por ello hay que tomar en serio la formación de los presbíteros, pues no nos han formado para ser ‘padres’. Los papás lo encuentran escrito en su carne y en su sangre, pero nosotros los sacerdotes no; ponemos un horario de atención, y eso no está bien. Necesitamos un cambio en la formación humana y espiritual en los seminarios, y un cambio en las estructuras de las órdenes religiosas”.

Dijo que por desgracia, algunos sacerdotes y religiosos hacen todo lo contrario a lo que hace “el Buen Pastor”, por lo que el Papa Francisco ha hecho constantemente el llamado a poner atención a los más desprotegidos, que son los niños, y no poner tanta atención a los que están en el redil.

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Rector de la Universidad Pontificia de México, Dr. Mario Ángel Flores.

Rector de la Universidad Pontificia de México, Dr. Mario Ángel Flores.

Una realidad en la Iglesia

Por su parte, el Dr. Mario Ángel Flores Ramos, rector de la Universidad Pontificia, dio la bienvenida a los participantes, y dijo que en ese espacio no sólo se busca reflexionar, sino responder a la realidad -de los abusos a menores- que constituye una herida en el cuerpo de Cristo y una herida de la vida cristiana.

“El diplomado no es sólo un servicio de este centro universitario, sino una experiencia conjunta y más amplia a través del Ceprome que se fundó en julio del año pasado, y que está dando sus primeros frutos. Son muchos los que hacen posible esta experiencia de crecimiento en nuestra responsabilidad de hacer de la Iglesia latinoamericana un ejemplo de compromiso como uno de los mayores desafíos para con su credibilidad y transparencia: la atención a las víctimas, el cuidado de los pequeños, la procuración de la justicia, y sobre todo, una profunda conversión de nuestra vida y de nuestras estructuras, para que sean verdaderos instrumentos de evangelización, de redención y de salvación”, aseguró el rector.

Dr. Daniel Portillo, director del Ceprome

Dr. Daniel Portillo, director del Ceprome

Un recinto de sanación

En su intervención, el Dr. Daniel Portillo Trevizo, Director del Ceprome, señaló que en estas semanas, la Universidad Pontificia de México se convertirá en un recinto que acoge el dolor y la indignación que sentimos por los actos sexuales cometidos contra menores.

“Sin embargo, también se convierte  en un recinto de sanación. El perfil concreto del candidato al diplomado es aquel que ha señalado Benedicto XVI, católicos que, a pesar del desconcierto y de la decepción, hoy están aquí dispuestos a cooperar con el fin de garantizar que las medidas de prevención pueden adoptarse de una manera justa y eficaz de purificación y reconciliación”.

“Sin duda, en este momento la Iglesia no sólo está en deuda con las víctimas de abuso, sino con aquellas que resultan víctimas secundarias, aquellas que luchan y permanecen en la Iglesia a la que pertenecen desde su Bautismo y que estarían dispuestas a hacer todo aquello que pudiera estar en sus manos para que la siguiente generación de católicos tuviera un ambiente eclesial más sano”.

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