Iglesia en México

Homilía en los 400 años de la aparición de la Santa Cruz de Zacate en Tepic

Homilía completa del Cardenal Carlos Aguiar Retes en los 400 años de la aparición de la Santa Cruz de Zacate en Tepic, Nayarit.
Cardenal Carlos Aguiar Retes
El Cardenal Carlos Aguiar Retes. Foto: María Langarica

Felipe se acercó y le preguntó: ¿Entiendes lo que estás leyendo? El ministro de Candaces le respondió: ¿Cómo voy a entenderlo si nadie me lo explica? (Hech. 8,).

Leer: Hace 400 años apareció esta cruz de zacate que no se ha secado

Nos hemos congregado hoy para esta celebración, recordando un hecho histórico acaecido hace 400 años en este lugar, la aparición de la Santa Cruz de Zacate. Conviene preguntarnos a la luz de la Palabra de Dios que ha sido proclamada: ¿Entendemos lo que estamos celebrando?

La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles narra el diálogo entre el Apóstol Felipe y el ministro etíope. Dicho diálogo lo propició el Espíritu Santo, al orientar a Felipe para que se acercara al viajero, y también la inquietud del viajero que deseaba interpretar el texto del Profeta Isaías que iba leyendo.

El diálogo es un fecundo acontecimiento, cuando abrimos nuestro interior y ponemos en común nuestra experiencia, nos ayuda a interpretar y descubrir el sentido de lo que nos inquieta y de lo que vivimos.

El Dios revelado por Jesucristo va dejando sus huellas a través de signos, que permiten descubrir su presencia amorosa pero discreta y escondida, porque respeta la libertad del hombre, y desea encontrarse con su creatura predilecta, no por la evidencia de su ser, sino a través de la relación propositiva y solidaria entre las personas, para lo cual el diálogo se vuelve el instrumento que lo realiza.

Cuando nos abrimos al diálogo en la disposición franca de encontrar la verdad y descubrir la voluntad de Dios Padre en mi vida, entonces el diálogo se convierte en luz, y aprendemos a poner en común nuestra experiencia para iluminarla y enriquecerla mutuamente con nuestros prójimos.

La Santa Cruz de Zacate es un signo que apareció y maravilló a sus testigos, y ha sido por 4 centurias un signo que ha motivado la fe de muchas generaciones; que recuerda la Cruz de Cristo y a quienes como el ministro etíope abren su corazón para interpretar el hecho y dejarse cuestionar por la presencia misteriosa y escondida de Dios.

Han sido muchos, los que mirando y visitando esta Cruz de Zacate, han invocado la Cruz de Cristo, y han descubierto al verdadero Dios, por quien se vive.

Así, los signos se vuelven lámparas para el creyente, quien llega paso a paso a la experiencia de encontrarse con el Espíritu del Señor Jesús, en diversas circunstancias de la vida, y alcanza con el tiempo y la constancia, la convicción y certeza moral que Dios Padre nos acompaña y nos manifiesta en todas las circunstancias su infinito amor y su inmensa misericordia.

Entre los signos más frecuentes que acompasan el proceso de la formación del creyente cristiano y del discípulo de Cristo está la presencia Eucarística, como bien lo recuerda el mismo Jesús en el Evangelio que ha sido proclamado hoy al afirmar: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre (Jn 6,).

Por eso, hoy, por estos 400 años de la aparición de la Santa Cruz de Zacate en este lugar, celebramos la Eucaristía, en gratitud a Dios Padre, no solamente por el hecho de la aparición de la Santa Cruz, sino también por todos los frutos de vida cristiana que ha generado su presencia a lo largo de estos siglos y pidiendo los siga realizando a lo largo del tiempo.

Quienes aquí nacimos y desde niños hemos conocido este maravilloso signo de la Santa Cruz de Zacate agradecemos a Dios, que en su generosidad nos ha regalado esta huella de su presencia. Y la mejor manera de gratitud es darlo a conocer a quienes se integran como residentes o quienes pasan como visitantes, y dar a conocer los frutos de fe que va suscitando de generación en generación.

Que el Señor Jesús, quien en su Encarnación manifestó la fuerza del Espíritu Santo, y asumió la cruz, como signo elocuente del amor de Dios Padre, ya que la cruz de sentencia de muerte pasó a ser la cruz salvífica, que nos hace pasar de la muerte a la vida, convirtiéndola en Cruz Gloriosa, nos ayude a vivir toda adversidad, cualquiera que sea su origen, con la confianza plena en que asumiremos la cruz que nos toque, como Jesús lo hizo, para encontrar la salvación y la vida verdadera. ¡Que así sea!

+Carlos Cardenal Aguiar Retes
Arzobispo Primado de México