El ‘Papa de la Sonrisa’, ¿cómo era Juan Pablo I, próximo beato?

El también llamado Papa Luciani es conocido por su carismática sonrisa; su pontificado fue de solo 33 días.
El Papa Juan Pablo I, Albino Luciani, en el Vaticano. Foto: Vatican News.
El Papa Juan Pablo I, Albino Luciani, en el Vaticano. Foto: Vatican News.

Era 14 de mayo de 2007 cuando el obispo italiano de Altamura, en la localidad italiana de Bari, monseñor Mario Paciello firmó el decreto de constitución del Tribunal para la investigación diocesana relativa a un presunto milagro de curación atribuido a la intercesión del entonces Siervo de Dios Papa Juan Pablo I (Albino Luciani, 1912-1978). La primera sesión del proceso fue 12 días después.

Se escucharon testimonios con la asistencia del médico perito y una vez terminada la investigación, las actas se enviaron a Roma. La causa fue encomendada a la Postulación General de los Salesianos, por el obispo salesiano de Belluno-Feltre, monseñor Vincenzo Savio.

El Papa de la Sonrisa, como apodaron a Juan Pablo I, tuvo un breve pontificado de 33 días, pero dejó una profunda huella pastoral al punto de que el propio Karol Wojtyta, su sucesor, adoptó el nombre de Juan Pablo II teniendo en mente a Juan XXIII, Paulo VI y a Juan Pablo I.


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El también llamado Papa Luciani durante muchos años se desempeñó como sacerdote, obispo y Patriarca de Venecia. Cuando se cumplieron 30 años de su muerte, hubo un congreso convocado por la Santa Sede y titulado: “Papa Luciani, del Véneto al mundo”, que analizó la trayectoria de Juan Pablo I y estudió a fondo su pasión por las misiones.

San Juan Pablo I será beato. Foto: Vatican News.

San Juan Pablo I será beato. Foto: Vatican News.

Como Pontífice, Juan Pablo I enfrentó gran magnitud de problemas. Entre los temas más espinosos estaba la muy dañada economía vaticana, afectada desde el anterior pontificado, por la quiebra del Banco Ambrosiano. En pocos días, desde el trono de San Pedro, el Santo Padre condenó la teoría “Ubi Lenin ibi Jerusalen” relativa al fin de la humanidad y también rechazó la teología de la liberación.

Juan Pablo I pretendía hacer reformas económicas al interior del Vaticano, prohibir a los centinelas que doblaran la rodilla a su paso y otros cambios más que no fueron bien vistos por la Curia Romana, y esto dio pie a la hipótesis de que fue envenenado.

El Papa Luciani

Su nombre era Albino Luciani. Nació el 17 de octubre de 1912 en una humilde aldea a 120 kilómetros de Venecia. Sus padres fueron Giovanni Luciani, un obrero socialista y Bartola, profundamente católica, quienes llevaron una vida sencilla al punto de que el padre se empleaba como jornalero en Suiza y Francia. Luego se empleó en la isla de Murano.

Luciani, de joven, ingresó al Seminario de Feltre y en vacaciones se empleaba en faenas del campo. El 7 de julio de 1953, a los 23 años, fue ordenado sacerdote y fue designado como párroco a Forno di Canalle, su pueblo natal, donde permaneció poco tiempo pues pronto lo nombraron vicerrector del seminario de la diócesis, no obstante, continuó sus estudios en la Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo el doctorado en teología.

El papa Juan XXIII lo nombró obispo de Vittorio Veneto y él mismo lo consagró en Roma. A finales de 1969, el 17 de septiembre, murió el cardenal Urbani y 10 días después, Paulo VI lo llamó a ocupar este cargo. Entre los desafíos que enfrentó se menciona que las 127 parroquias de la Arquidiócesis de Venecia estaban casi vacías. En este marco pronunció una frase que pasó a la historia: “Venecia le ha vendido su alma al turismo.”

Entre 1973 y 1976 se desempeñó como Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Italiana y durante esta etapa tuvo gestos de predilección por los pobres, al punto de que para ayudarlos, vendió dos cruces pectorales que le había regalado el beato Juan XXIII y un anillo que le había dado Paulo VI.

A la muerte de Paulo VI, el cardenal Luciani no figuraba entre los papables pero el sábado 26 de agosto de 1978, en un breve Cónclave, el humo blanco sobre la Capilla Sixtina dio a conocer que había Papa y en el balcón de la Loggia apareció el Patriarca de Venecia quien tomó el nombre de Juan Pablo I y renunció a la ceremonia de coronación.

La intriga alrededor de su muerte

Fue la noche del domingo 27 de agosto, quien el recién electo Papa cenó con el cardenal Villot, Secretario del Estado Vaticano, quien no se sentía cómodo con el nuevo pontífice.

El Papa no aceptó su renuncia y le pidió que continuara en el cargo al tiempo que informaba que ratificaba en sus puestos a los demás dignatarios de la Curia Romana. Al día siguiente, 28 de septiembre, el Papa se reunió con el cardenal Villot a quien le informó de numerosos cambios que deseaba realizar. Terminando el diálogo, Villot se retiró y el Papa, en compañía de sus secretarios Magee y Lorenzo entró en sus habitaciones para cenar. Luego les dijo: “A domani. Se Dio Vuole”, (Hasta mañana, si Dios quiere). Faltaban cinco minutos para las 9:30 de la noche.

A la mañana siguiente, Juan Pablo I estaba muerto en su cama y desde que se supo del deceso, muchas conjeturas se tejieron sobre la causa de su muerte, pero ninguna se ha podido demostrar.

Las dudas y sospechas se hicieron más grandes luego de que la Santa Sede negara la autorización para practicarle al Pontífice la autopsia.

La Fundación Vaticana que lleva el nombre del Papa Luciani, en colaboración con la Librería Editrice Vaticana, publicó en 2020 dos volúmenes sobre su vida: “Juan Pablo I”. Biografía ex documentis” y “Papa Luciani. Crónica de una muerte”.

Stefania Falasca, vicepresidenta de la Fundación y autora de “Papa Luciani. Crónica de una muerte”, libro que presenta infomes médicos, asegura en dicha publicación: “La cruda y desnuda verdad es que la causa de la muerte de Luciani fue un ataque al corazón (…) De los hallazgos -agrega- se desprende claramente que la noche anterior a su muerte el Papa tuvo algunas advertencias que no fueron tomadas en cuenta por el propio Papa y que condujeron a este resultado”.

La beatificación

Durante el pontificado de Juan Pablo II se comenzó a hablar de la posible beatificación de Juan Pablo I pues en sí, murió en olor a santidad. La Fase diocesana de la causa dio fin cuendo se cumplieron 28 años de su fallecimiento y el vicepostulador, el padre Giorgio Lise, explicó que desde que comenzó el proceso el 23 de noviembre de 2003, “se habían escuchado a 170 testigos en 190 sesiones, y anunció que faltaban otras entrevistas en Roma y en Vittorio Veneto”. La apertura de este proceso estuvo respaldada por 300 mil firmas y la solicitud provino de varias conferencias episcopales.

Primero se habló de un posible milagro a favor de la curación de un jornalero italiano de la localidad sureña de Altamura que padecía cáncer de estómago, según reveló Enrico Dal Covolo, postulador de la causa.

“Dal Covolo había sido sometido a quimioterapia y el jornalero soñó una noche con Juan Pablo I, quien, según Dal Covolo, le pidió que no dudara y que creyera que iba a sanar. Varios días después, los médicos notaron que por causas inexplicables para la ciencia el cáncer había desaparecido y el hombre había sanado.

Pero el milagro que lo volverá beato es el de Candela Giarda que tenía 10 años cuando los médicos la desahuciaron.

Candela Giarda actualmente tiene 21 años y está saludable. El milagro de su sanación ha sido reconocido como una intercesión de Juan Pablo I. Foto: Infobae/VaticanNews

Candela Giarda actualmente tiene 21 años y está saludable. El milagro de su sanación ha sido reconocido como una intercesión de Juan Pablo I. Foto: Infobae/VaticanNews

Ella padecía una enfermedad llamada FIRES (Síndrome epiléptico con infección febril), padecimiento considerado raro y del que difícilmente se puede sobrevivir.

Fue el párroco de una iglesia cercana al hospital quien ayudó a la mamá de Candela a pedir la intercesión de Juan Pablo I, tras lo cual logró sanar.

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El Papa Benedicto XVI, en cierta ocasión se refirió a la sabiduría y humildad de Juan Pablo I, y dijo: “en sus discursos usaba ejemplos sacados de la vida concreta, de sus recuerdos de familia y de la sabiduría popular. Su simplicidad era vehículo de una enseñanza sólida y rica, que, gracias al don de una memoria excepcional y de una vasta cultura, enriquecía con numerosas citas de escritores eclesiásticos y profanos”.

 

Carlos Villa Roiz es periodista especializado en religión.