El silencio de Benedicto XVI que mantuvo a flote la barca de Pedro

Mientras casi todos somos capaces de cualquier cosa para llamar la atención, Benedicto dio una lección al estar presente sin causar conflicto.
El Papa Benedicto XVI con un crucifijo / Foto: Vatican Media
El Papa Benedicto XVI con un crucifijo / Foto: Vatican Media

Era el año 2013 cuando el mundo católico escuchaba una noticia impactante. Benedicto XVI renunciaba a su ministerio papal. La razón, entre otras, era no sentirse en plenitud para llevar toda la responsabilidad de un puesto como el que él ocupaba.

Las críticas no se hicieron esperar ¿Por qué el renunciaba si su antecesor, el querido Juan Pablo II había permanecido hasta el final? Él guardo silencio ante estas críticas.

También los mal intencionados de inmediato visualizaron un futuro en el que Benedicto XVI, ya libre de su responsabilidad, pero conservando su papel de Papa Emérito, iba a estar constantemente interviniendo en los asuntos del Vaticano, poniéndole, por decirlo así, piedritas en el camino a su sucesor. Se frotaban las manos ante el conflicto que según ellos, se avecinaba. Benedicto volvió a guardar silencio.

Con gran pesar para aquellos que morbosamente esperaban un Papa emérito protagónico, aprovechándose de su posición para seguir llamando la atención, Benedicto XVI se mantuvo al margen. A ellos les hubiera encantado una lucha de poder entre dos Papas, pero no se dio. Francisco gozó hasta este momento de total libertad y eso solamente se logra desde la humildad de saber cuándo estar y cuándo no, y eso es precisamente lo que nos deja de enseñanza.

En un mundo en el que casi todos somos capaces de hacer cualquier cosa para llamar la atención, Benedicto nos da una gran lección al estar presente sin causar conflicto. Estamos hablando de nueve años en los que, con su casi anonimato, nos enseñó a saber que hay ocasiones en los que debemos dejar que los demás hagan su papel.

He sabido de grupos parroquiales que se han deshecho porque el anterior responsable se niega a soltar el poder y sigue interviniendo a pesar de haber dejado el cargo. Y estamos hablando de grupos que no tienen más de 30 integrantes. Ahora imagina a Benedicto como líder de casi mil 300 millones de católicos; él se disminuyó para que Francisco pudiera tener la plena libertad que ha tenido hasta este momento.

Para mí, en lo personal, eso es una gran enseñanza.

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