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¿Qué es una parroquia y quiénes la integran?

En diversos documentos, la Iglesia nos ha enseñado la gran importancia que tienen las comunidades parroquiales.
Parroquia de San Simón. Foto de archivo: Ricardo Sánchez
Parroquia de San Simón. Foto de archivo: Ricardo Sánchez

El Código de Derecho Canónico define a la parroquia como “Una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio”.

En tanto, el Catecismo de la Iglesia Católica nos explica que algunas de sus acciones son congregar al Pueblo de Dios a la celebración de la Liturgia, enseñarle la doctrina salvífica de Cristo y practicar la caridad del Señor en obras buenas y fraternas.

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A lo largo de la historia, en diversos documentos, la Iglesia nos ha enseñado la gran importancia que tienen las comunidades parroquiales para los cristianos. El último es la Instrucción titulada La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia, documento publicado este 20 de julio de 2020.

Si bien, la Instrucción recuerda que uno de los principios canónicos de la Parroquia es su territorialidad, reconoce que “especialmente hoy, el territorio ya no es solo un espacio geográficamente delimitado, sino el contexto donde cada uno desarrolla su propia vida, conformada por relaciones, servicio recíproco y antiguas tradiciones”.

Por ello, se hace necesario que las parroquias amplíen su campo de acción más allá de sus límites territoriales.

¿Quiénes integran una parroquia?   

La misma Instrucción explica cuál es el rol de todos los que integran una comunidad parroquial:

Párroco. El oficio de párroco comporta la plena cura de almas y, en consecuencia, para que un fiel sea designado válidamente párroco, debe haber recibido el Orden del presbiterado[90], excluyendo cualquier posibilidad de nombrar a quien no posea este título o las relativas funciones, incluso en caso de carencia de sacerdotes.

En ausencia de un párroco, por algún motivo, el Obispo puede nombrar a un administrador parroquial.

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Vicario parroquial. Puede darse la posibilidad de que un sacerdote sea nombrado vicario parroquial y encargado de un sector específico de la pastoral (jóvenes, ancianos, enfermos, asociaciones, cofradías, formación, catequesis, etc.), “transversal” a diferentes parroquias, o para desempeñar todo el ministerio, o una determinada parte del mismo, en una de ellas.

Diáconos. Los diáconos son ministros ordenados, colaboradores del Obispo y de los presbíteros en la única misión evangelizadora con su tarea específica, en virtud del sacramento recibido, de «servir al pueblo de Dios en la diaconía de la liturgia, de la palabra y de la caridad».

 Las personas consagradas. Dentro de la comunidad parroquial, en numerosos casos, hay personas que pertenecen a la vida consagrada. La contribución de las y los consagrados en la misión evangelizadora de la comunidad parroquial deriva en primer lugar de su “ser”, es decir, del testimonio de un seguimiento radical de Cristo, mediante la profesión de los consejos evangélicos;  y solo secundariamente también de su “hacer”, es decir, de las acciones realizadas conforme al carisma de cada instituto (por ejemplo, catequesis, caridad, formación, pastoral juvenil, cuidado de los enfermos).

Laicos. La comunidad parroquial está compuesta especialmente por fieles laicos, los cuales, en virtud del bautismo y de los otros sacramentos de la iniciación cristiana, y en muchos también del matrimonio, participan en la acción evangelizadora de la Iglesia.

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Hoy se requiere un generoso compromiso de todos los fieles laicos al servicio de la misión evangelizadora, ante todo con el testimonio constante de una vida cotidiana conforme al Evangelio, en los ambientes donde habitualmente desarrollan su vida y en todos los niveles de responsabilidad; después, en particular, asumiendo los compromisos que les corresponden al servicio de la comunidad parroquial.

Encargos y ministerios parroquiales. Existen algunos encargos estables, por los cuales los fieles acogen la responsabilidad, por un cierto tiempo, de un servicio en la comunidad parroquial. Se puede pensar, por ejemplo, en los catequistas, ministros y educadores que trabajan en grupos y asociaciones; en los agentes de caridad, en aquellos que se dedican a los diferentes tipos de consultorios o centros de escucha y en aquellos que visitan a los enfermos.

Los fieles laicos, a norma del derecho, pueden ser instituidos lectores y acólitos en forma estable, a través de un rito especial. El fiel no ordenado puede asumir la denominación “ministro extraordinario”.

 

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