“Pertenezco a Dios”: el conmovedor testimonio de una joven que se convirtió del budismo
Criada en el budismo, Laura narra cómo, en la oscuridad y el sufrimiento, encontró a Jesús y comenzó un camino de sanación en la Iglesia Católica.
Laura, una joven de 27 años conocida en redes sociales como lebelauved, es una ilustradora que compartió en redes sociales su camino de fe y conversión al catolicismo, un recorrido marcado por el dolor, la búsqueda interior y, finalmente, el encuentro transformador con Jesucristo.
Criada en un hogar vietnamita profundamente budista, Laura pasó gran parte de su infancia y adolescencia convencida de que la iluminación espiritual se alcanzaba a través del budismo, religión que practicó con entrega e incluso con la idea de consagrarse como monja.
Sin embargo, su historia dio un giro dramático cuando, siendo todavía muy joven, su familia se vio golpeada por una grave crisis económica y emocional. La pérdida del empleo de su padre, el deterioro del entorno familiar y la ruptura de los vínculos afectivos la sumergieron en una profunda oscuridad interior.
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“Sentía que no había lugar para mí en el mundo”, confiesa Laura. Años de sufrimiento, soledad, pensamientos suicidas, hospitalizaciones psiquiátricas y una constante sensación de abandono marcaron esa etapa de su vida.
En medio de esa noche del alma, Laura comenzó a intuir que algo faltaba. A través de un familiar católico, aceptó por primera vez la invitación a asistir a Misa. Aquel primer encuentro con una Iglesia, especialmente con la imagen de Cristo crucificado, la confrontó con un misterio que no comprendía, pero que despertó en ella una apertura inesperada.
“Era un hombre de tamaño real, con clavos en las manos… me dio miedo”, admite. Sin embargo, también despertó en ella preguntas profundas. “¿Por qué hacen esto?, ¿por qué dicen esto?, ¿cuándo se responde?”. Sin saberlo, como ella misma reconoce hoy, “era Dios atrayéndome hacia Él”.
“No sabía quién era Dios, ni si era real, pero le pedí ayuda. ‘Dios, no te conozco. No sé si eres real, pero mi familia se está cayendo a pedazos. Ayúdame’”, recuerda.
Ese grito sincero del corazón encontró respuesta en la adoración eucarística, donde Laura experimentó por primera vez una cercanía viva con Cristo. Sin entender del todo lo que sucedía, comenzó a percibir la presencia de Dios como algo real, personal y sanador. Aunque su vida seguía marcada por profundas heridas, adicciones y recaídas, Jesús se fue convirtiendo en ese “nuevo amigo” al que se aferraba en medio del caos.
El paso decisivo llegó cuando, tras un retiro con monjas budistas, sintió con claridad una convicción interior: ese no era su lugar. “Pertenezco a Dios”, se dijo a sí misma. Fue entonces cuando inició el proceso para entrar en la Iglesia católica. No fue un camino fácil. Durante ese tiempo, Laura relata haber vivido intensas luchas espirituales, noches de terror y pensamientos oscuros que casi la llevan a renunciar. Aun así, perseveró sostenida por la oración y por la certeza, frágil pero firme, de que Dios no la abandonaría.
En la Vigilia Pascual de 2018, Laura recibió el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Aquel momento marcó un antes y un después: el peso interior comenzó a aliviarse y nació en ella una profunda paz. “Solo Dios podía reparar un corazón que estaba más allá de toda reparación humana”, afirma.
No obstante, la conversión no significó el fin de las pruebas. Laura atravesó incomprensiones dentro de la misma comunidad eclesial, nuevas caídas y una lucha constante por aceptarse y dejarse amar por Dios. Con el tiempo, comprendió que su camino no consistía en ser perfecta, sino en confiar. Que la fe no elimina el sufrimiento, pero le da sentido.
“Pensé que tenía que ser alguien grande, alguien importante para darle gloria a Dios. Y no. Puedo empezar ahora, tal como soy”, asegura. Desde su experiencia, desea usar sus dones para glorificar a Dios y anunciar su misericordia, especialmente a quienes se sienten rotos, indignos o perdidos.

