Historias de Fe

Así fue como Lucía aprendió a ser mamá de catorce hijos

Doña Lucía no sabía por qué Dios le mandaba tantos hijos, pero entendía que Él tenía planes para cada uno.
La de Lucía es una gran familia que tiene a Dios en el centro de su vida. Foto: Cortesía
La de Lucía es una gran familia que tiene a Dios en el centro de su vida. Foto: Cortesía

El día en que doña Lucía contrajo matrimonio con don Hugo, prometió a Dios aceptar los hijos que Él le mandara. Y la cuenta pronto comenzó: uno, dos, tres, cuatro, cinco… “Ya mira para otro lado, Diosito”, llegó a decirle. Pero hoy, después de tantas experiencias como madre de una familia numerosa, se siente sumamente agradecida con el Señor por haberle tenido la confianza de poner en sus manos a catorce hijos.

Platica que había personas que acudían a su casa sólo para corroborar que efectivamente eran 14, y no faltaban las críticas. “Había señoras que me decían que era demasiado trabajo, y entonces yo les hacía cuentas para que entendieran: ‘Tengo 14, por 2, dan 28 manitas que me ayudan; ustedes sólo tienen dos”.

Lucía está orgullosa de su gran familia. Foto: Cortesía

Lucía está orgullosa de su gran familia. Foto: Cortesía

Y es que en los quehaceres uno aprende a delegar –señala–: “Comencé por entender que Dios tenía planes para mí, que yo debía sacarlos adelante, y que me tenía que ir agarrando de Él. Así que me iba a cursos, algunos para aprender a organizarme; ahí me decían que si empezaba a enseñar a los grandes, los demás se me iban a ir de copia. ¡Y así fue!”.  

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Todo esfuerzo y sacrificio que doña Lucía ha hecho, ha sido con alegría, pero sobre todo con la confianza de que el Señor está junto a ella, colocando sabiamente las piezas para que las cosas salgan como Él desea.

Experiencias únicas

A doña Lucía le cuesta trabajo recordar aspectos tristes como madre de una familia numerosa; en cambio, las experiencias agradables le vienen a la mente por montones: “Por ejemplo, los 6 de enero eran días muy hermosos en casa –cuenta entre risas–; mis hijos siempre esperaban con ilusión el Día de Reyes, y nosotros hacíamos un gran esfuerzo por conseguir sus juguetes”.

Refiere que otra de las cosas que la familia recuerda, es que a veces, antes de comenzar a comer, ella mandaba a algunos por encargos, y los elegidos salían corriendo, no sin antes advertir: ‘¡pero no empiecen, eh!’, porque se imaginaban que con tantas manos en la mesa se quedaban sin tortillas. “Ahora dicen de broma a las visitas: ‘Aquí, o te apuras o te quedas sin tortillas’”.

Asimismo, recuerda que había una señora que quería pasar a saludarla, pero al asomarse por la ventana, y ver la mesa llena, pensaba que tenía visitas, y no se atrevía a tocar. “Como no éramos unos papás tan grandes, la gente no podía entender que tuviéramos tantos hijos. Una vez a mi esposo le preguntaron: ‘¿Cuáles son tuyos y cuáles son de ella?’”.

Doña Lucía ha vivido experiencias únicas con sus 14 hijos. “Y eso sí –dice–, a todos les enseñé a acudir a Dios en las dificultades, y a agradecerle los grandes momentos de la vida”.