Historias de Fe

Los promotores de ‘Desde la fe’: conoce sus historias

Estas son las historias de los laicos que, impulsados por su fe, ponen la revista en tus manos.
Foto: Ricardo Sánchez/DLF
Foto: Ricardo Sánchez/DLF

Cada domingo, un grupo de personas se reúne a la salida de la parroquia a repartir la revista Desde la fe, son nuestros promotores, quienes impulsados por su afán de servicio a la Iglesia y a Dios ponen en manos de miles de personas ejemplares de esta revista.

Cada uno tiene una historia interesante sobre su servicio a la Iglesia.

El pasado 4 de marzo, varios asistieron a las oficinas de la Arquidiócesis de México a una reunión con el equipo editorial de Desde la fe donde compartieron sus alegrías, dudas y retos ante esta nueva etapa del semanario.

“Yo tengo mis clientes fijos, y hay ocasiones en que incluso he conseguido números en otros lugares para que ellos los tengan”, contó Rosalía Vite Cruz, promotora en la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario en la colonia Roma Norte.

Hace nueve años, Rosalía se acercó a la Iglesia tras una fuerte depresión; “ahí encontré a Dios, desde ese año no he dejado de asistir”. Se unió a Escuela de Pastoral, grupo de laicos que realiza múltiples servicios en las parroquias. Tres años después, un sacerdote le pidió ayuda para repartir el semanario. Ella aceptó el reto.

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“Yo siempre tengo fe en que mis ejemplares van a acabarse. Si trabajamos para Dios tenemos que tener la certeza de que nos lleva de la mano para todo evento que realizamos en su nombre”, compartió.

Servir sin ser sacerdote

Carlos Juárez, director de la Comisión de Laicos de la Arquidiócesis, es otro promotor de Desde la fe. Distribuye ejemplares en la reunión semanal de los integrantes de Escuela de Pastoral en la Parroquia de María Auxiliadora.

“Inicié con 50 ejemplares, pero empecé a transmitir los contenidos, y fue incrementando el número de interesados hasta repartir 150 ejemplares”, explicó.

Para él, esto es un servicio más para la Iglesia, que está en su corazón desde muy joven; quiso entrar al seminario, pero, como hijo de una familia de 10 hermanos, sus aspiraciones se vieron truncadas por motivos económicos. Luego estudió Arquitectura, pero nunca olvidó la religión.

“A mediados de la carrera conocí la Escuela de Pastoral, me invitaron y empecé a trabajar con el equipo hace ya 40 años”.

Acercarse a la gente

Vencer la pena que da acercarse a las personas no es sencillo, en eso coinciden Luis Humberto Ramírez Silva, promotor en la Parroquia del Espíritu Santo y Gabriela Cruz, promotora y catequista en la Parroquia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, quienes han encontrado en la revista una forma de evangelizar y también de abrirse a los demás.

“Cuando empecé a venderlo me quedaba hasta callado”, recuerda Luis Humberto, “después de un tiempo dije: ¿por qué la pena? Es la Palabra del Señor, hay que venderla, que la gente vea que hay alguien que los puede ayudar. Ahora llego a la puerta, y si no estoy gritando, no estoy a gusto.

Al final de la Misa empiezo a hacer relajo, les hablo, los hago reír, todo lo positivo”, comenta.

Gabriela Cruz Chávez considera que el secreto de una buena venta está en conocer el contenido, platicarlo con las personas, tener siempre una sonrisa y una palabra amable para los demás.

Así como le ocurrió en 2003, cuando un sacerdote escuchó con paciencia sus dudas y las de su esposo sobre si debían cambiarse de forma permanente a la iglesia cristiana.

Nos invitó a encontrar a Dios en el catolicismo, “nos habló sobre los Sacramentos, sobre María, y nos dijo los quiero ver en Misa en domingo… fuimos y desde ahí no nos soltó”, recuerda. Él la guió para dar prácticas prematrimoniales, la llevó a conocer la Palabra de Dios y a formarse como catequista.

Las historias de Rosalía, Carlos, Luis y Gaby son sólo algunas de las muchas de nuestros promotores, a quienes damos las gracias por su entrega y perseverancia en el servicio.