La Virgen de Guadalupe la rescató en el terremoto de 1985

Sobreviviente asegura que ella vio a la Virgen de Guadalupe cuando la estaban rescatando del terremoto de 1985 que azotó la CDMX.
"A partir de tercero de primaria, he rezado mis tres Aves María a diario."
"A partir de tercero de primaria, he rezado mis tres Aves María a diario."

Para María de los Dolores, el terremoto de 1985 que azotó a la Ciudad de México la marcó para siempre; aún recuerda cómo la caída del edificio en el que estaba la succionó como un embudo, hasta caer entre los fierros retorcidos y los pedazos de concreto en la profundidad de una obscuridad impenetrable. Pero también recuerda cómo se hizo presente la Virgen de Guadalupe.

En posición fetal sólo le salía de la boca una jaculatoria, que fue lo que la fortaleció hasta que los rescatistas llegaron y se hizo presente la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe, quien –dice– la rescató y salvó su vida.

María de los Dolores García Ávila nació un 19 de abril de 1950 en la Ciudad de México, y actualmente vive en la Unidad Independencia en la colonia Magdalena Contreras, en la misma capital del país. En 1985 trabajaba en las oficinas del IMER (Instituto Mexicano de la Radio), como productora.

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El Milagro de la vida y el momento del terremoto

-Platícame un poco de tu contexto familiar.

Tengo tres hijos maravillosos y seis nietos, que son mi orgullo. El mayor tiene 22 años y trabaja en Canadá para la Corte, lleva dos años allá; mi nieta María José estudió negocios internacionales y trabaja para una compañía alemana; mi nieta Regina está estudiando medicina; el más chico está entrando a la prepa, y Rodrigo está por acabar.

-Si tú hubieras muerto en 1985, nada de eso hubieras visto.

Exactamente. Por algo Dios me tiene todavía aquí.

-¿Cuántos años tenías cuando pasó el terremoto de 1985?

Tenía 35 años.

-¿En qué trabajabas?

Como productora de televisión. Ese día nos estaban encargando la síntesis informativa para entregarla a las nueve. Entramos mi compañera y yo a las siete de la mañana a la oficina, estábamos haciendo la síntesis, cuando de repente empezó el terremoto y yo le dije a mi compañera: “No, no pasa nada”. Pero vimos como un embudo en donde se estaban yendo los archiveros de metal, las mesas y nosotras, por supuesto. Nos fuimos en ese embudo, y todo el edificio se cayó.

Y ahí fue en donde estuve durante cinco horas antes de ser rescatada. Yo le decía a mi amiga: “Padre Nuestro, Padre Nuestro”. No me salía otra cosa, y mi amiga me decía: “Deja de rezar y grita”.

Entonces, pasaron por ahí los albañiles que entraban muy temprano a las obras, y dijeron: “Parece que hay voces de mujeres y están vivas”; y nosotras respondimos: “¡Sí, estamos vivas, estamos vivas!” Y empezó el rescate.

Yo quedé en posición fetal, con una pierna atorada en una trabe, y entonces empezó el rescate, y sacaron primero a mi compañera. A mí me decían: “Ahora usted arrástrese”, pero yo estaba toda rota. Me traté de incorporar y no pude.

La fe en los rescatistas y la Virgen de Guadalupe

Los rescatistas empezaron a mover escombros y, con fe, me decían:  “Primero Dios y la Santísima Virgen de Guadalupe, la vamos a sacar”. Y en ese momento yo vi a la Virgen y lo único que le dije fue: “Virgen, sácame”. Ni siquiera por favor se lo pedí.

Después les dije a los rescatistas: “Hagan un hoyo por allá”. Pero ellos no me veían; aún así empezaron a remover los escombros y fue cuando llegaron a mí. Entonces les dije: “Ya se desprendió mi pierna”. “Arrástrese”, dijeron. “No puedo”, les contesté.

Entonces me preguntaron: “¿Trae algo con qué cubrirse la cara?” Les dije que sí y empezaron a hacer un hoyo por la trabe y saqué mi brazo. Dije: “¡Virgen María gracias, gracias!”. Entonces empecé a sentir un brazo y otro brazo, y me llevaron en ambulancia al hospital; me pusieron en una cama y fue la noche más triste que he pasado porque estaban rescatando a muchísima gente.

Un purgatorio

-¿Cómo fue esa noche triste en el hospital?

Estaba oscuro y yo nada más oía lamentos y lamentos, porque seguían rescatando gente. Fue algo muy triste.

En el hospital llegué como “la llorona”, gritando: “mis hijos, mis hijos”. Entonces entró una enfermera y me dijo: “Sus hijos están bien”; después de eso me desmayé. Mis hijos estaban en la escuela.

Había camas, llantos y llantos, y yo rezando mis tres Aves Marías. Mi familia me estaba buscando, no me encontraban, hasta que finalmente me encontraron y le dijeron a un tío que fue a buscarme: “Llévesela porque necesitamos la cama, y ella nada más tiene huesos rotos”.

Dice mi mami que le costó mucho trabajo conseguir ambulancia y finalmente me llevaron a su casa. Entonces mi mami, las palabras que todavía me acuerdo, me dijo: “Diario le tienes que dar gracias a Dios y no quejarte ni de un catarro de aquí en adelante”.

Y esta fue la experiencia con nuestra Madre. Es algo maravilloso.

-¿Tus hijos estaban bien?

Sí. Su papá fue por ellos, inclusive el hermano, pues era una escuela católica, ya les había dicho: “Parece que su mamá está muerta”. Pero mi esposo le dijo: “Vaya y compruebe primero”.

-¿Cómo fue el encuentro con tus hijos?

Lloramos y lloramos. Fue muy bonito.

-¿Crees que fue un pequeño purgatorio para ti?

Pues no lo había relacionado así, pero pudiera ser que sí.

Cuando estaba recuperándome, mi mamá me puso una tele para que viera cómo estaba la ciudad, y me dijo: “Para que veas lo que está pasando, para que le des gracias a Dios a diario y para que no te vuelvas a quejar ni de un catarro en tu vida”.

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Recuerdos traumáticos

-Cuando se abre el hoyo y todo se empieza a ir hacia abajo y cuando empiezas a caer, ¿qué recuerdas?, ¿qué pasa por la mente de alguien que está a punto de morir?

Fíjate qué curioso y lo que es la mente. Estábamos yéndonos por el embudo y se salieron mis zapatos, y yo dije: “¡Ay, mis zapatos!”, fíjate nada más que tontería. Hasta que ya caímos las dos.

-¿Todo se quedó oscuro?

Todo estaba sucio y oscuro. Todo el edificio nos cubrió, era un edifico de 12 pisos y nosotros estábamos en el séptimo.

-¿Oías otros gritos?

No, no oíamos nada.

-¿Fue fundamental tu fe y la fe de los rescatistas?

Por supuesto que fue fundamental. Y ellos fueron los que me la transmitieron, debo de ser honesta, porque ellos con fe me decían: “Primero Dios y la Virgen Santísima de Guadalupe, la vamos a sacar”. Mucha gente volteó y vio a la Virgen.

-¿Cómo es la Virgen?, ¿cómo la viste?

La vi en el ayate de Juan Diego. Entonces fue cuando le dije: “Virgen, sácame”.

Volver a ver la luz después de estar bajo los escombros

-Dolores, tú viste lo que muchos dicen, la película de tu vida, no tuviste miedo en ese tiempo de las cinco horas, ¿qué pensabas en esas cinco horas?

No, yo no vi nada. Yo nada más estaba escuchando los martillazos y cómo paleaban.

-¿Cuál fue tu impresión al volver a ver la luz del día?

Nada más dije: “¡Dios mío, se cayó todo!” Así le dije al de la ambulancia.

Una monja del colegio francés siempre nos decía: “A ver, niñas, voy a contarles una historia: era un borrachito que bebía, bebía y bebía, pero a diario rezaba tres Aves Marías, y el borrachito se salvó”. A partir de tercero de primaria a diario he rezado mis tres Aves Marías.

Cuando yo platico con alguna gente, como los cristianos que no creen en la Virgen, siempre les platico que hay que ver las bodas de Caná, lo que dijo nuestra Señora que es una intercesora maravillosa. No es que nosotros adoremos a la Virgen, la veneramos y para nosotros es una intercesora maravillosa frente a Dios.

-¿Qué les dices a los rescatistas?

Que Dios los bendiga y que Dios se los ha de pagar con mil bendiciones.

-¿Cuál es tu recomendación ante un temblor?

Rezar y quedarse en donde estés.

Una recuperación milagrosa

-¿Qué fracturas tuviste?

Costillas y pelvis rotas. Me vendaron y me dijeron que tenía que estar con las piernas abiertas porque para la pelvis no había nada, sanaba sola e igual para las costillas, al menos en ese entonces.

-¿Cuánto tiempo duró tu recuperación?

Tres meses. Porque además, cuando ya logré pararme, mis músculos no respondieron y tuve que empezar a moverme para rehabilitarlos porque no podía caminar.

-¿Ha valido la pena esta oportunidad que Dios te dio de vivir?

Por supuesto. Cuando me hicieron la transfusión de sangre en el hospital me infectaron de hepatitis C, y años después me la descubrieron y me invitaron a un protocolo, a una medicina experimental y empecé a tomarla y fue un éxito.

Una vez un doctor revisó todo el expediente, y me dijo: “¡Pero cómo es posible, pero cómo es posible!”; y yo le dije: “La medicina y la Santísima Virgen”; y voltea y me dice: “Yo sí creo en las curas milagrosas, usted es un milagro”.

El terremoto convirtió su fe

-¿Cuando eras niña nunca te consagró tu mamá a algún santo?

No, pero tengo un tío santo, san Rafael Guízar y Valencia, y aquí tengo una reliquia de él. Pero mi abuelo era cristero y casi siempre pasaba las vacaciones o los fines de semana con ellos, y mi abuelo, un hombre maravilloso, religioso, nos ponía a rezar a diario el rosario  y nos llevaba a Misa. Un hombre maravilloso.

-¿Antes del terremoto eras igual de religiosa?

La verdad es que estaba un poco alejada porque, en primer lugar, trabajaba todos los domingos y no tenía chance de ir a Misa. Pero lo único que sí te digo es que a partir de tercero de primaria, he rezado mis tres Aves María a diario.

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