La historia de una enfermera y la adopción de una niña consagrada a la “Santa Muerte”
Esta es la historia de Mónica, enfermera de profesión, que al ver el sufrimiento y peligro de una bebé de cuatro meses, decidió adoptarla a pesar de ser soltera y no conocer el compromiso y retos que esto implicaba.
Mónica nació en la Ciudad de México pero desde pequeña migró a Querétaro, es enfermera de profesión egresada de la UAQ, y graduada con el mejor promedio de su generación.
Inmediatamente que se graduó, decidió servir en la sierra queretana en las periferias existenciales donde la pobreza y el abandono con las enfermedades causan estragos y heridas en la sociedad.
Ella, motivada por un pasado con aspiración a la vida religiosa con las Misioneras de la Caridad y enamorada del ejemplo de la Madre Teresa de Calcuta, se dedicó con pasión a los más necesitados y a los más pobres a quienes también apapachar dándoles amor y ternura.
Es así como después de servir a los pobres en la sierra de Querétaro, llegó a servir en hospitales y en un refugio donde comenzó una historia de amor con una bebé recién nacida.
Vocación materna y un refugio
Mónica canalizó su don de servicio como enfermera en un refugio para mujeres víctimas de violencia extrema. En ese lugar, conoció a una bebé llamada Yesenia de 4 meses con graves problemas de salud (neumonía), a quien tuvo que darle atenciones especiales.
El vínculo que se formó con la bebé y ella fue tan profundo que, cuando la madre biológica decidió irse del refugio, Mónica no dudó en tomar la decisión más importante de su vida.
A pesar de que sus compañeros la tildaron de “loca”, Mónica se mantuvo firme en su propósito: adoptar a la niña. Pues Mónica siempre había tenido la inquietud de ser mamá y consideraba que tenía la vocación materna.
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A partir de ese momento, inició una batalla legal y emocional para convertirse en madre soltera. A lo largo del proceso, se enfrentó a la abuela biológica de la niña, quien buscaba monetizar la situación.
Mónica fue asesorada legalmente hasta lograr la custodia de la niña para así poder continuar con los cuidados de Yesenia que aún se encontraba delicada de salud.
Batalla por el amor de una hija
Mónica cuenta que adoptó a Yesenia cuando la pequeña tenía apenas 9 meses, después de que la madre biológica la entregara en adopción voluntaria. Sin embargo, un año y medio después de vivir felices juntas, la mamá biológica se arrepintió de su decisión y solicitó la custodia de la niña.
“Fue un momento de mucho miedo y angustia, pero sabía en mi corazón que no podía perder a mi hija”, relata Mónica.
El caso llegó a los tribunales, donde una jueza convocó a ambas partes a una audiencia. Con lágrimas en los ojos, Mónica le rogó a la jueza que no le quitara a su hija, presentando pruebas de los gastos y el amor que le había dado durante los últimos meses.
En un acto de profunda sinceridad, Mónica se dirigió directamente a la madre biológica: “Le dije a la mamá de Yesenia que nuestra hija no merecía pasar por eso y que yo ya la consideraba mi hija y ella me consideraba ya su madre”.
Este momento de la audiencia se convirtió en un punto de inflexión. La mamá de Yesenia, conmovida por el ruego de Mónica y el bienestar de la niña, tomó la inesperada decisión de ratificar la adopción y renunciar a la custodia.
La sentencia del juez fue clara y definitiva: la adopción sería plena, y sólo cuando la niña fuera mayor de edad, podría buscar a su familia biológica. Para Mónica, este fue un milagro y un claro testimonio de la mano de Dios.
La consagración y el milagro del nombre
Uno de los momentos más impactantes de su historia se dio con el cambio de nombre de la niña.
Mónica relata que la madre biológica de la niña le pidió no cambiarle el nombre, como una de las condiciones para darla en adopción, pero Mónica había comprobado en una visita a su hogar, lo disfuncional de la familia y cómo vivían en el desorden, oscuridad, la pobreza y suciedad.
Pero además observó que le daban culto a la “Santa Muerte” y eso le preocupaba mucho porque se sabe que los seguidores de la Santa Muerte consagran a sus hijos a este culto.
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Mónica, además, se enteró de la violencia extrema que había sufrido su madre biológica con peligro de muerte a manos de su pareja y padre biológico de Yesenia; la violencia y el culto a la muerte tenían una relación peligrosa y lamentable en donde peligraban las vidas de las involucradas.
Un sacerdote le sugirió cambiarle el nombre y bautizarla inmediatamente con el nombre de María, para su consagración y protección de la Madre de Dios. Esto rompería con el vínculo e influencia del mal en su vida pasada en la cual había sido consagrada.
Además, decidieron que también se llamaría “Inés” en honor a la Madre Teresa de Calcuta, nombre de pila de la santa y Misionera de la Caridad y de quien Mónica es muy devota.
Los expertos y abogados también recomendaron el cambio de nombre para que la niña pudiera escribir su propia historia sin las ataduras de su pasado.
El día del bautismo, la niña tuvo una fiebre inexplicable, lo que Mónica interpretó como un ataque espiritual. A pesar de esto, la niña fue bautizada, aunque aún sufre secuelas emocionales y psicológicas de su infancia.
La paternidad de Dios
La fe de Mónica ha sido el pilar de su vida, y ha sido testigo de cómo las bendiciones y providencia de Dios se han multiplicado en su vida y la de su hija.
“La paternidad de Dios ha llenado mi vida de milagros”, comenta Mónica. Su hija, María Inés, ahora tiene 9 años, es monaguilla y sirve cada domingo en el altar. Ella sabe toda su historia y mantiene una conexión muy fuerte con Mónica, a quien define como “el amor de mi vida”.
Mónica concluye su entrevista con un mensaje de esperanza, afirmando que su historia es un testimonio de cómo el amor de Dios se sigue multiplicando en el mundo a pesar de la pobreza y el abandono en algunos.
*Los nombres han sido cambiados por seguridad de la adoptante y adoptado a petición de la entrevistada.



