Historias de Fe
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Frailes millennials: “El llamado de Dios pudo más que el ruido del mundo”

Gerardo y Juan José son dos frailes franciscanos de la generación millennial, que decidieron decir sí al llamado de Dios.
Gerardo y Juan José son dos frailes millennials que encontraron su vocación con los franciscanos. Foto: Cynthia Fabila
Gerardo y Juan José son dos frailes millennials que encontraron su vocación con los franciscanos. Foto: Cynthia Fabila

Para Gerardo y Juan José, el llamado de Dios fue más fuerte que el ruido del mundo. Ambos son frailes franciscanos y también son millennials, una generación en la que muchos afirman que Dios no tiene cabida, pero -aseguran- “cuando el Señor llama, siempre encuentra la manera de hacerse escuchar”.

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Fray Gerardo Figueroa, de 28 años y Fray Juan José Ríos de 27 años, encontraron en la Orden de los Franciscanos de la Tercera Orden Regular de México (TOR), su verdadera vocación.

Ellos no sólo coinciden en generación, también ingresaron juntos a la orden franciscana y juntos experimentan la crisis que trajo consigo el COVID-19, pero también en sirven a la Iglesia en su paso por tiempos turbulentos, tal como lo experimentó su padre fundador, san Francisco de Asís.

La vocación de estos dos ‘frailes millennials’ se ha puesto a prueba durante 10 años, -y un poco más debido a la pandemia-, pues sus ordenaciones se pospusieron hasta el 26 de julio, en el Templo Expiatorio a Cristo Rey, en la Villa de Guadalupe. No obstante, como buenos franciscanos, la paciencia, la alegría y el servicio, les ayudan a esperar el momento de recibir el Sacramento del Sacerdocio.

Celebración de un año de sus primeros votos religiosos. Facebook GerardoFigueroa

Celebración de un año de sus primeros votos religiosos de fray Juan José (izq.) y fray Gerardo. Facebook Gerardo Figueroa.

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El ‘sí’ a Dios de Juan José

Fray Juan José sintió el primer llamado al sacerdocio siendo muy pequeño, apenas con 10 años, pues su tío era sacerdote. Desde niño servía en el altar como monaguillo, participaba en el Rosario y en otras actividades de la Iglesia. Su mamá le impidió ingresar al seminario menor y continuó con sus estudios, y la inquietud por la vida religiosa se silenció.

“En la prepa me dediqué a las fiestas, al relajo y fui muy noviero; eso me distrajo más de mi llamado, pero seguía ahí, como una espinita. Me cambié de casa y conocí a Fray Cándido, a quien le comenté de mi inquietud y él me orientó sobre los diversos estilos de vida de las distintas órdenes religiosas”, detalla el joven franciscano.

Sin embargo, la participación en una Hora Santa definió su vocación. “A pesar de que vivía como yo quería, no era feliz. Le pregunté a Dios ¿qué es lo que quieres de mí? En ese momento, un sacerdote tocó mi espalda y me dijo ‘Dios te está llamando, lee esto’, y me prestó un libro de oraciones. Ahí encontré todas las respuestas a las preguntas que le hice al Padre”.

En ese entonces -explica- salía con una chica, a quien le externó su inquietud de ser sacerdote. Ella pensó que era algo pasajero, pero Juan José le anunció que ingresaría con los franciscanos.

“Ella no me creyó, pensaba que no era real mi llamado. Ella aún me esperó cinco años, pero mi gran amor siempre ha sido el servicio a Dios”, comenta.

Para el joven fraile, la pandemia es un tiempo de dolor para todo el mundo, pues continúan los contagios y la muerte de seres queridos; no obstante, para él, el dolor es también un momento oportuno para servir a la gente, acompañarle y darle esperanza.

“Sin duda, el servicio es lo que me llena. Cuando realicé mi primer bautismo no cabía de gozo, la gente lo mira como una ceremonia, pero para mí es entregar mi vida. Pensé que esa sensación era por ser mi primer bautizado, pero han pasado otros bautismos más y sigo sintiendo lo mismo. Ahí tuve la certeza que entregar mi vida a Dios es la mejor manera de servir”.

El llamado de Gerardo

“La alegría fue lo que me atrapó a la vida franciscana. Me gusta reír, disfrutar y estar contento. No tengo temor de expresarme, soy tiktokero y fan de las redes sociales. No le temo a la crítica, el mundo exterior no puede opacar la felicidad que Dios me da”, dice fray Gerardo con una gran sonrisa.

Su infancia en Apaseo el Grande, en Guanajuato, siempre fue muy apegada a la iglesia, y la convivencia con las hermanas franciscanas TOR, conocer de cerca su carisma, su sencillez y su vida en comunidad, fue el detonante para ingresar a la orden masculina.

“Quise estudiar muchas cosas, entre ellas médico. Cuando le comenté a mis padres de mi inquietud por la vida sacerdotal no me tomaron en serio, pero cuando el promotor vocacional Fray Mauricio Alarcón -actual Ministro Provincial- habló con ellos, vieron que mi vocación era real”.

Asegura que desea entregar a la orden su juventud, alegría y felicidad, pues son sus mayores virtudes para ejercer un buen ministerio dentro de la comunidad franciscana.

“Mi ordenación llega en tiempos muy complicados; sin embargo, esta pandemia y sus limitaciones las veo como una gran oportunidad, pues las debo de aprovechar para ponerlas al servicio de las personas, pues con mi ejemplo de fe y esperanza, la gente va a poder encontrar una luz en el camino”, asegura fray Gerardo.

Para estos ‘frailes millennials’, la crisis de vocaciones que sufre actualmente la Iglesia se debe al temor al ‘qué dirán’ o a las críticas que sienten algunos jóvenes; sin embargo, cuando la vocación se pone en manos de Dios no hay que temer a decirle ‘sí’.

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