Historias de Fe

Esta mamá nos cuenta por qué adoptar es una elección de amor

Elegir esta forma de ser mamá es una muestra de generosidad, paciencia y confianza en la grandeza de Dios.
Beatriz González nos cuenta su experiencia al adoptar. Foto: Cortesía
Beatriz González nos cuenta su experiencia al adoptar. Foto: Cortesía

“Mi maternidad comenzó el día que decidimos adoptar.” El proceso de ‘gestación’ es diferente, pues puede durar años, por todos los papeleos y estudios. Sin embargo, la espera vale la pena, pues el día del parto es maravilloso; es decir, el momento en que dan el sí a la adopción y puedes tener al bebé por primera vez en tus brazos”, dice Beatriz González.

Leer: El hombre que adoptó 97 niños con discapacidad

Pasaron ocho años para que ella y su esposo aceptaran que no podían tener hijos biológicos, pero pese a ello, siguiendo las enseñanzas de la Iglesia, jamás recurrieron a la reproducción asistida”.

La decisión de ser padres

Beatriz comenta que la infertilidad ocasiona baja autoestima en la pareja. “Al casarte, piensas que el siguiente paso son los hijos; cuando no sucede así, te cuestionas y cuestionas a las circunstancias. Pero finalmente logras ver todo con una óptica diferente, con la certeza de que la vida es un regalo”.

Como pareja llegaron a un proceso de discernimiento, y al final hallaron en la adopción la vocación de ser padres. “Hablamos mucho, eso nos fortaleció. Además, trabajamos la paciencia y la fe; teníamos la certeza de que un bebé llegaría a nuestro hogar por obra de Dios”, detalla.

Leer: Yo no lo conocía, pero sabía que sería mi hijo

“Ser papá por elección es darte generosamente. La adopción es recibir a una personita que no sabes si es niña o niño, ni si es lactante o mayor; pero lo esperas con mucho amor e ilusión”.

Considera que hay muchos prejuicios en el tema de la adopción, que provienen del desconocimiento y la falta de sensibilidad. “Se dice que la genética de los niños es importante, pero para nosotros la formación es una cuestión cultural”.

Leer: Así fue como Lucía aprendió a ser mamá de catorce hijos

‘Gestación’ prolongada

Describe que su primera ‘gestación’ fue de cuatro años, con “J” (12 años), y la segunda de dos, con su pequeña “M” (10 años).

Asegura que cuando vio a sus pequeños por primera vez sintió un amor infinito; con el primero la espera fue tan larga que, cuando por fin llegó, la pareja se sentía “como un ave con las alas plegadas”, y desplegarlas les costó trabajo. “Era chiquito, con los pelitos parados, una fragilidad”. A la segunda, “la casa cuna nos la entregó como una muñeca, vestida de azul. ¡Nunca los he dejado de abrazar! Dios es grande y todo lo puede”.