Historias de Fe
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El secreto de la felicidad de una religiosa de 100 años

La Purísima Concepción de María le dio su vocación y durante más de 74 años ha cumplido su trabajo con alegría.
La madre Clemencia en su cumpleaños número 100.
La madre Clemencia en su cumpleaños número 100.

Ya sea en la cocina, lavando, planchando, cuidando o enseñando a niños de preescolar, la religiosa Clemencia Camarena Ortega, de 100 años de edad, siempre ha hecho sus labores con alegría y de la mejor forma posible, pues asegura: “Estoy en la casa de Dios”.

De la congregación Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento, la madre Clemencia vivía en el Rancho Las Presas, en Jalisco, y a los 15 años acudió a su parroquia Jesús María para rezar frente a la Purísima Concepción de María y le pidió que la guiara y le dijera qué hacer.


Monseñor Carlos Samaniego y la madre Clemencia, de 100 años de edad.

Monseñor Carlos Samaniego y la madre Clemencia, de 100 años de edad.

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“Ella me iluminó. Ella me dio mi vocación”, dice Clementina, pues después de platicar frente a la imagen de la Purísima regresó a su casa —donde vivía con sus padres y 10 hermanos—, y preparó sus cosas para irse a la Ciudad de México y entregarse a la vida religiosa, con las madres que la habían invitado.

La madre Clemencia con su familia.

La madre Clemencia con su familia.

“Compré tela blanca, zurcí toda mi ropa que me iba a llevar, hice mi ropa interior, hice mis vestidos negros y estuve ahí lista; pero la persona que me iba a recoger no llegó. Mi papá y mi tío se pusieron muy tristes, mi tío se fue de paseo en caballo para no verme salir. Al final, pero me fui hasta ocho días después”, recuerda.

Clementina asegura que su madre tuvo la culpa de que ella se volviera religiosa pues era muy católica y sabía muy bien el catecismo. “Nos dio muy buenos ejemplos, yo era la mayor hacía lo que ella mandaba, le seguía los pasos. Mi papá también fue un señor muy bueno y respetuoso”, cuenta sobre su familia.

Cuando llegó a la casa de las religiosas lo primero que hizo fue agradecerle a la Purísima Concepción de María que la hubiera llevado y le pidió: “Ayúdame, aquí estoy para hacer tu voluntad”.

A donde Dios me llame

Clementina nació el 9 de octubre de 1920 en Jalisco, profesó sus votos a los 30 años de edad, e hizo sus votos perpetuos en Cuba en 1958. Cuando regresó a México, en 1975, estuvo en 11 lugares diferentes.

La madre Clementina ha vivido feliz su vocación.

La madre Clementina ha vivido feliz su vocación.

Primero en Jojutla, Morelos, en donde se encargaba de la catequesis de preprimaria; Coatlán del Río, Morelos, catequesis de preprimaria; Casa General en Fernán Leal 130, Coyoacán, Ciudad de México, ayudando en la cocina; después regresó a Cuernavaca, Morelos, ahí cuidaba a las niñas y daba clases de cocina; estuvo en Yautepec, dando clases de catecismo y en la cooperativa; Guadalajara, estuvo en la cocina y en la cooperativa; volvió a la guardería de Cuernavaca, Morelos, cuidando niños y dando clases de cocina; en Acapulco, Guerrero, cocinando y dando catequesis.

Desde 1983 hasta la fecha (2020) ha vivido en la casa general, al principio estuvo trabajando en el área de lavado, después cuidando a enfermas; sin embargo, en 2000 se enfermó y ahora las hermanas de la congregación la cuidan.

La madre Clemencia, de 100 años de edad.

La madre Clemencia, de 100 años de edad.

La religiosa aconseja a quienes están por iniciar sus votos que trabajen lo mejor que puedan porque están en la casa de Dios. “Cuando era joven, me encargaban a las que acababan de entrar, yo les enseñaba cómo tenían que hacer bien las cosas”.

Recuerda que era muy feliz trabajando con los niños, “me salía muy bien, les encantaba mi trabajo, estuve en un lugar y en una ocasión una mamá de un niño me dijo: “Me dicen que me lo llevé, pero a mí me gusta cómo trabaja usted”. De ahí todos los niños salían sacando puro 10.”

“Ahí estaba Dios que me ayudaba. Era Dios el que les estaba enseñando, Dios se valía de mí para que los niños salieran bien, yo no estudié para ser maestra, pero le enseñaba la religión: el padre nuestro y el ave maría”, detalla la religiosa.

La de Clementina es una historia de fe y amor a Dios.

La de Clementina es una historia de fe y amor a Dios.

María de los Ángeles Mendoza Grande, la madre superiora de la congregación, asegura que Clementina siempre ha sido una persona alegre, platicadora y laboriosa. “Pasaba muchas horas ante el Santísimo y luego se iba a la sala de comunidad a tejer, hacer rosarios, nunca la vi desocupada. Es una persona muy feliz, muy agradecida con Dios”, asegura.

Clementina asegura que a donde la pusieran, ella estaba feliz, porque siempre estaba en la casa de Dios. “Yo siempre he estado contenta porque ahí es donde Dios me pide estar”, afirma.

 

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