Historias de Fe

El centurión más pequeño de la representación de Iztapalapa

En el Viacrucis de Iztapalapa también participan niños, uno de ellos es Ángel.
Foto: Nevart Bernal
Foto: Nevart Bernal

Mientras el Sanedrín decide la muerte de Cristo la noche del Jueves Santo en el centro de Iztapalapa, Ángel Zuriel Moreno Salazar se mantiene erguido, como un buen centurión.

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Él, junto a sus compañeros, está encargado de hacer sonar las trompetas de cuando en cuando; es uno de los más de sesenta actores que participan en la reunión del consejo de sabios, horas antes de la detención de Jesús en el Huerto de los Olivos.

Pero Ángel no es un centurión común. Con solo cuatro años, es el integrante más joven del Grupo de Clarines del Pueblo de Iztapalapa.

Foto: Jesús Eduardo Ramírez

Foto: Jesús Eduardo Ramírez

Arriba del escenario, el consejo supremo de los judíos discute si Jesús debe o no ser juzgado y condenado a muerte. Abajo, los guardias se mantienen en sus puestos, aunque a Ángel cada vez le cuesta más trabajo. Horas antes, durante los recorridos por los ocho barrios, montó a caballo, orgulloso, bajo la mirada atenta de su abuelo, que sujetaba con firmeza las riendas del equino.

Ahora, tras más de una hora de retraso de la escena de su debut, mientras los señores de allá arriba hablan de milagros, condenas y delitos, el pequeño romano corre de un lado a otro del escenario. Su tío, que al principio intentó contenerlo, sonríe al verlo tan contento.

Foto: Nevart Bernal

Foto: Nevart Bernal

En la antigua Roma, los centuriones eran reconocidos por su disciplina y resistencia. Acá, en Iztapalapa, eso se replica. Ángel cada que escucha el sonido de los clarines rápidamente compone la postura y lleva su trompeta a la boca. Por más que sopla y sopla, no sale sonido alguno, aunque a él le importa poco. Está cumpliendo su sueño.

Judas acaba de llegar a la reunión y pone precio a la cabeza de Cristo: 30 monedas de plata a cambio de entregar a su Maestro. Los miembros del Sanedrín se burlan del Iscariote, lo acusan de traidor y limosnero.

Foto: Jesús Eduardo Ramírez

Foto: Jesús Eduardo Ramírez

Pero, acá abajo, algo raro sucede. Ángel desapareció de la escena y tarda en volver. Por un momento saltaron las alarmas ante una posible deserción, pero nada más lejos de eso, el soldado solo fue por su casco, que ahora porta orgulloso.

Cuando termina la reunión del Sanedrín, la suerte de Jesús está echada. Aunque es un momento triste, Ángel está feliz, pues ha cumplido su sueño de ser centurión.

Aunque el centurión Ángel Zuriel concedió una entrevista a Desde la fe, fue imposible arrancarle una declaración. Mientras jugaba en una de las rampas del escenario, minutos antes de su debut, solo atinó a decir una palabra: Iztapalapa.

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