100 horas ininterrumpidas en cadena de oración para salvar a Bernardo

Cuando uno de sus miembros fue hospitalizado por Covid-19, con un pronóstico poco alentador, la comunidad de San Rodrigo Aguilar se unió en oración por su salud.
Bernardo Camacho, a su salida del hospital. Foto: Cortesía.
Bernardo Camacho, a su salida del hospital. Foto: Cortesía.

Cuando se enteraron de que la salud de Bernardo -quien entonces estaba hospitalizado por Covid-19- seguía deteriorándose y el pronóstico no era alentador, la comunidad de San Rodrigo Aguilar organizó rápidamente una cadena de oración continua para pedir a Dios por su recuperación.

Bernardo Camacho fue dirigente y uno de los integrantes más queridos de ese grupo juvenil, que desde hace más de 15 años se reúne en la parroquia de Nuestra Señora del Sagrario, en la Arquidiócesis de Guadalajara.

Ahí conoció a Andrea, con quien se casó años más tarde y que se contagió al mismo tiempo, estando embarazada de su primer hijo.


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Una semana antes de ingresar a la Clínica, ‘Berna’ –como lo llaman todos los que lo quieren- se había contagiado de Covid-19. En principio, pensó que no tendría problemas para superar el contagio, pero en pocos días su padre falleció, víctima de la misma enfermedad.

“Mi hermano (también contagiado) y mi papá se fueron al hospital, ahí yo comencé a sentir mucho temor y mis síntomas se fueron agravando. Parte de la historia, lo trágico y lo más feo es que a mi papá lo internaron un miércoles y falleció el sábado en la madrugada”, cuenta el joven en una entrevista concedida al podcast Relieve al Cielo, conducido por Bere García.

Cuando su padre murió, los amigos de Bernardo comenzaron a reunirse todos los días para rezar el Rosario vía Zoom para pedir por su eterno descanso, y continuaron haciéndolo por su recuperación.

A una semana del diagnóstico, su salud se deterioró y el tanque de oxígeno no era ayuda suficiente, por lo que tomó la decisión de ingresar al hospital. Un día antes ya había acudido a la clínica, pero le dijeron que aún no era necesario.

“Lo primero que hicimos como matrimonio fue platicar sobre la intubación. A lo mejor uno piensa que no va a pasar eso, pero estando en el hospital uno nunca sabe qué vaya a pasar. Nos sentamos maduramente a pensar qué pasaría”, recuerda Andrea en la entrevista.

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Acordaron que, llegado el momento, aceptaría ser intubado. “Nos despedimos llorando, porque no sabíamos si nos íbamos a volver o no”.

Unción de los Enfermos en un hospital Covid

Los primeros días en el hospital, reconoce Bernardo, fueron horribles. “Le hablé a Andy y le dije ‘sácame de aquí’”.

Entonces, recuerda, un hombre vestido con el equipo de protección entró al cuarto y preguntó al aire: “¿Quién cree en Dios?”. Era un sacerdote.

“Yo, inmediatamente levanté la mano, como los niños cuando la maestra pregunta quién hizo la tarea (…), al padre le llamó la atención y se acercó conmigo”.

Esa es la parte en la que yo creo que entra a Dios y cambió totalmente el escenario para nosotros”.

Bernardo se confesó, recibió el Sacramento de la Unción y platicó largamente con el presbítero, uno de los capellanes Covid-19 de la Arquidiócesis de Guadalajara, quien lo animó a confiar en Dios y en la atención de los doctores y enfermeras.

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Cuando se fue el sacerdote, consiguió un celular y habló nuevamente con su mujer, a quien le contó lo sucedido y su decisión de quedarse en esa clínica y no buscar atención en otro lugar.

“Sentí algo en mi corazón muy bonito, como que algo me sanó, esa opresión del pecho sentí como si me la hubieran quitado”.

“Aunque no hubiera mejorado mucho de salud, yo sentí un cambio interior”, asegura.

En poco tiempo su salud fue mejorando y, tras 11 días internado, fue dado de alta, para continuar una larga recuperación en casa.

Amigos de Bernardo celebran su recuperación. Foto: Cortesía.

Amigos de Bernardo celebran su recuperación. Foto: Cortesía.

Cadena de oración

Él no lo sabía, pero mientras se ponía en manos de Dios y aceptaba Su voluntad, sus amigos, la mayoría actuales y antiguos integrantes del grupo San Rodrigo Aguilar, habían redoblado esfuerzos y se organizaron para orar por él las 24 horas del día, en turnos de 30 minutos.

“Era impresionante cómo se sentía ese cariño y ese cambio que hubo –recuerda, por su parte, Andrea-  fue un milagro, porque su diagnóstico estaba mal, y cómo la oración fue tan poderosa. Cuando él me dijo que ya lo iban a dar de alta yo dije ‘¿cómo? ¿cómo pasó? La oración fue la que salvó a Bernardo, fue eso”.

“Muchas personas estuvieron orando por él, muchas (…) No me sentía sola, a pesar de estar físicamente sola, emocionalmente no lo estaba, y en oración tampoco”, recuerda por su parte Andrea, quien estuvo aislada en su casa mientras su marido permanecía en el hospital.

Andrea, Bernardo y su bebé, que nació en enero de 2021.

Andrea, Bernardo y su bebé, que nació en enero de 2021.

Semanas más tarde nació su pequeño, José David, en honor a San José, pues durante toda la enfermedad Andrea encomendó a su marido a la Sagrada Familia de Nazaret.

Dios escuchó nuestras oraciones y el bebé siempre nos va a recordar cómo fue misericordioso con nosotros”.

Con el alta médica de Bernardo terminó la cadena de oración, pero el Rosario continúa varios meses después, de lunes a viernes, para pedir por todos los enfermos de Covid-19 y por el descanso de quienes han fallecido.

 

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