El milagro de la otra ‘Última Cena’: la réplica que salvó el legado de Leonardo Da Vinci
La copia de La Última Cena de 1507 conserva detalles perdidos del original de Leonardo da Vinci y revela símbolos y pasajes bíblicos con gran nitidez.
Considerada como una de las pinturas más replicadas, versionadas e, incluso, parodiadas en el mundo del arte clásico, La Última Cena que realizó Leonardo Da Vinci, entre 1495 y 1498, ha logrado sobrevivir y ser restaurada gracias una réplica realizada pocos años después por dos de los alumnos más avanzados del pintor italiano y que actualmente se encuentra en perfectas condiciones.
Y es que el estado de conservación de La Última Cena original realizada en el refectorio del convento de Santa Maria delle Grazie en Milán es, desde hace siglos, una tragedia artística. Sin embargo, el esplendor de las sagradas escrituras capturado por el genio renacentista en su pintura sobrevive intacto, gracias a la monumental copia a escala real (de unos 8 metros de ancho) que se realizó a principios del siglo XVI.
Esta réplica de la imponente obra de arte sacro supera por mucho la calidad visual de la original y sirvió como la guía principal para realizar la restauración del fresco milanés entre 1978 y 1998 y gracias a ella se recuperaron detalles iconográficos perdidos en la original, como el salero derramado por Judas —símbolo de la traición— y los pies del mismo Jesucristo, entre otras más.
¿Por qué se hizo la copia y quiénes la pintaron?
A inicios del siglo XVI, el deterioro de la pintura original ya era evidente, debido a que la técnica experimental de Leonardo, que no utilizó el fresco tradicional, provocó que la obra empezará a dañarse apenas unos años después de terminada.
Debido a esta situación, la réplica de La Última Cena se realizó con una finalidad formativa y de preservación. Hacia 1500, el rápido deterioro del mural original en el convento de Santa Maria delle Grazie ya era evidente y alarmaba a la escena artística de la época, por lo que para salvaguardar la composición, los discípulos más destacados de Da Vinci, lombardo Giampietrino y Giovanni Antonio Boltraffio, asumieron la monumental tarea de replicarla alrededor de 1507.
Estudios históricos y de restauración recientes apuntan a que el mismísimo Leonardo Da Vinci participó en la supervisión y ejecución de la obra que en esa ocasión se realizó en un lienzo de aproximadamente 8 metros.
Diversos historiadores creen que el gran inventor y maestro probablemente intervino en el trazado de las líneas de perspectiva y en sutiles correcciones de los rostros de los apóstoles, lo que le otorgó a esta copia una fidelidad milimétrica que ninguna otra reproducción posterior logró alcanzar.

¿Por qué se conserva mejor que la original?
El contraste en la supervivencia de ambas obras radica en una decisión técnica crucial tomada por Da Vinci:
- El error de Leonardo (El Original): Rechazó la técnica tradicional del fresco (que requería pintar rápido sobre yeso húmedo). En su lugar, experimentó con una mezcla de témpera y óleo sobre una pared de yeso seco. La humedad subterránea del refectorio milanés repelió los pigmentos casi de inmediato. Esto provocó que la pintura comenzara a descascararse a los pocos años de concluirse.
- El acierto de sus pupilos (La Copia): Giampietrino y Boltraffio optaron por la seguridad de la pintura al óleo sobre lienzo. La flexibilidad de la tela y la estabilidad química del óleo protegieron los pigmentos de las fluctuaciones ambientales. Por eso hoy se aprecian colores más vivos, expresiones faciales más definidas y detalles compositivos que en el mural original apenas se perciben.
Por lo anterior, la diferencia en el estado de conservación en ambas obras es radical. Mientras el mural original ha sufrido siglos de humedad, guerras (incluido el bombardeo de Milán en 1943) y restauraciones agresivas; la copia sobre lienzo pudo ser enrollada, resguarda en interiores controlados, con menor exposición a la humedad y contaminantes, trasladada y protegida de conflictos bélicos, y las intervenciones de conservación fueron precisas y menos invasivas.
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Los pasajes bíblicos ocultos y legibles en la copia
Analizar la copia de La Última Cena es adentrarse en las sutilezas de los Evangelios, ya que mientras el fresco original de Milán perdía su esplendor y detalles, la obra en el lienzo se convirtió en el testigo silencioso que salvaguardó la simbología sagrada proyectada por Leonardo Da Vinci en su obra.
A continuación, te señalamos cuatro de los pasajes bíblicos que esta réplica conserva con nitidez absoluta y permite “leer” la pintura tal como fue concebida por el genio italiano:
El anuncio de la traición y el mal augurio
La obra captura con precisión el pasaje de Juan 13:21: “Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar”. En la copia se aprecia con total claridad un detalle perdido en el original: el salero volcado por el brazo derecho de Judas Iscariote. En la tradición de la época (siglo XVI), derramar la sal simbolizaba la ruptura de la comunión y un presagio de desgracia. También se aprecia que en su mano sostiene un monedero, que hace referencia a las 30 monedas que recibió por su traición.
La señal del plato compartido
De acuerdo con lo señalado en Mateo 26:23: “El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar”, el lienzo muestra con nitidez el contraste de luces y sombras en la mano derecha de Judas. Pero también muestra que el traidor estira el brazo izquierdo con tensión, retrocediendo hacia la penumbra, mientras su mano se acerca al mismo plato que está cerca de la mano derecha de Jesús.
La defensa armada de Pedro:
A espaldas de Judas Iscariote se encuentra el apóstol Pedro que sostiene un cuchillo en su mano derecha, colocada en su costado. La nitidez del arma en la copia de la pintura es un reflejo de Juan 18:10, pasaje en el que Pedro saca una espada para defender a Jesús en el Huerto de los Olivos, cortando la oreja al sirviente Malco.
La incredulidad de Tomás
El lienzo también nos muestra al apóstol Tomás levantado un solo dedo, el índice, una acción que alude a una parte del Evangelio de San Juan, 20: 24-29, que se refiere al momento en que Jesús resucitado se presenta ante él, que había dudado, y le dice: “Pon aquí tu dedo y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado”. Y Tomás hará precisamente eso.
Los pies de Jesús
Un elemento fundamental que podemos apreciar en la copia de La Última Cena son los pies de Cristo, que calzan unas sandalias, los cuales no se pueden apreciar en el mural original, ya que en 1652 esa parte de la obra de Leonardo fue destruida para abrir una puerta de servicio en el muro. Sobresale el hecho de que el pie derecho de Jesús se encuentra unos centímetros más adelante que el izquierdo
Dónde se encuentra la copia de La Última Cena y cómo visitarla
La copia de La Última Cena, obra maestra del arte sacro, pertenece a la prestigiosa Royal Academy of Arts de Londres, institución que la adquirió en 1821 por una cifra récord para usarla como modelo de estudio para sus alumnos.
- Ubicación: La pintura se exhibe de forma permanente en The Collection Gallery dentro del edificio principal de la Royal Academy of Arts, en Burlington House, Piccadilly (Londres).
- Acceso: La entrada para contemplar esta imponente obra es completamente gratuita y no requiere reserva previa para la colección permanente. Sin embargo, se recomienda revisar los horarios actualizados en el portal oficial de la Royal Academy antes de acudir.
¿Cómo llegó a Inglaterra?
La supervivencia de esta pintura al óleo sobre un lienzo de aproximadamente 8 metros por 3 metros es fruto de una cadena de actos políticos y transacciones de alta alcurnia, que permitieron que viviera toda una odisea para ser trasladada de los monasterios italianos al museo que la alberga actualmente en Londres, Inglaterra:
- El refugio cartujo (1591 – 1793): Tras salir del taller milanés de Leonardo Da Vinci, la pintura pasó a manos privadas hasta que en 1591 fue adquirida por el Monasterio de la Cartuja en Pavía (Certosa di Pavia). Allí permaneció colgada en el refectorio durante dos siglos, protegida de la luz directa y el vandalismo secular.
- La incautación austríaca y el paso por Brera (1793 – 1817): Con la llegada de las reformas ilustradas y la posterior supresión de las órdenes monásticas decretada por el Sacro Imperio Romano Germánico (bajo el control austríaco), el cuadro fue confiscado al monasterio. Pasó a custodiarse en los almacenes de la Academia de Bellas Artes de Brera en Milán, donde permaneció expuesta durante años.
- El viaje a Londres y el rescate real (1817 – 1821): En 1817, tras las convulsiones de las Guerras Napoleónicas, la pintura fue enviada a Inglaterra con el propósito de ser vendida al mejor postor en el mercado de arte londinense. Durante cuatro años cautivó a los intelectuales británicos. Finalmente, en junio de 1821, bajo el impulso del célebre pintor Sir Thomas Lawrence, la Royal Academy of Arts reunió a su Asamblea General y pagó la “colosal” suma de 600 guineas a H. Fraville. Fue la adquisición más costosa de la institución en su época.
Una ventana privilegiada al arte sacro del Renacimiento
Más que una simple copia, esta versión de 1507 es considerada por historiadores como un “eco directo” del taller de Leonardo Da Vinci, ya que en ella no solo sobrevive la composición, sino también la intensidad espiritual y narrativa de una escena que refleja lo que pudo ser la última cena que tuvo Jesús con sus discípulos.
Para el fiel católico y el amante del arte, esta obra representa una posibilidad extraordinaria de contemplar La Última Cena no como la ha desgastado el tiempo en aquel muro del convento de Santa Maria delle Grazie, sino como pudo haberla visto el propio Leonardo hace más de cinco siglos al luego de que la terminara.






