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En calles, hospitales y estaciones del Metro: así se vivió el Miércoles de Ceniza en la Arquidiócesis de México

En hospitales, parroquias, estaciones del Metro, la Glorieta de Insurgentes y el comedor de San Egidio, la ceniza llegó a enfermos, jóvenes, familias y personas en situación de calle, mostrando el rostro cercano de la Iglesia en la Ciudad de México.

19 febrero, 2026
En calles, hospitales y estaciones del Metro: así se vivió el Miércoles de Ceniza en la Arquidiócesis de México
La ceniza llegó a calles, hospitales y templos de la CDMX, marcando el inicio de la Cuaresma para fieles de todas las edades. Foto: Eduardo Galicia/DLF

El Miércoles de Ceniza marcó el inicio de la Cuaresma en la Arquidiócesis Primada de México, con la imposición de la ceniza y la frase “Porque eres polvo y al polvo volverás”, que recuerda la fragilidad humana y llama a la conversión del corazón.

En todas las parroquias y templos de la Arquidiócesis, los fieles acudieron a recibirla; incluso en espacios abiertos, como estaciones del Metro, hospitales y otros puntos fuera de los recintos sagrados, se ofreció este signo penitencial que da comienzo al camino cuaresmal.

El cardenal Aguiar invita a la conversión y al encuentro con Dios. Foto: Eduardo Galicia/DLF

Un tiempo de conversión y encuentro con Dios

En su homilía de Miércoles de Ceniza en la parroquia de María Auxiliadora, el cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México, invitó a los fieles a vivir la Cuaresma como un “tiempo favorable” para el encuentro con Dios, tanto en lo personal como en lo comunitario. Señaló que este tiempo litúrgico es una oportunidad para revisar la propia conducta, reconocer aciertos y fallas, y disponerse a vivir la Semana Santa como un verdadero encuentro con Cristo.

Además subrayó que la Cuaresma permite redescubrir la misericordia divina y abrir el corazón a la reconciliación. La Cuaresma, afirmó, es ocasión para que cada ámbito de la vida se reoriente según el Evangelio.

El arzobispo explicó que la conversión a la que llama la Iglesia en este tiempo no se limita al ámbito individual, sino que abarca también la vida familiar y la realidad social. “La conversión es un cambio, e incluye tres dimensiones: la personal, de cada uno de nosotros; la familiar, que abarca a esposos, esposas, padres, hijos, abuelos y nietos; y la social, ante la queja constante por confrontaciones, inseguridad, injusticias y las malas acciones que afectan a otros, así como el sufrimiento de quienes padecen estas situaciones negativas”.

Al referirse a las enseñanzas de Jesús sobre la oración y el ayuno, el cardenal destacó que ambas prácticas deben vivirse con sinceridad, sin buscar la aprobación humana, sino la mirada de Dios que ve en lo secreto.

Recordó que la oración hecha en la intimidad del corazón tiene como fruto una profunda alegría que sostiene la vida coherente del creyente, mientras que el ayuno auténtico es aquel que se ofrece discretamente, ante el Padre. Estas prácticas cuaresmales, concluyó, conducen a una relación más verdadera con Dios y a una fe vivida con autenticidad.

Jóvenes en la Glorieta de Insurgentes reflejan el rostro urbano de la ciudad en el Miércoles de Ceniza. Foto: Eduardo Galicia/DLF.

La Glorieta de Insurgentes

En la explanada de la Glorieta de Insurgentes, donde confluyen el Metro y el Metrobús, se hizo visible el rostro joven y urbano de la Ciudad de México. En medio del ritmo cotidiano, un sacerdote jesuita impuso la ceniza a decenas de jóvenes que, en su mayoría, acudían solos.

Entre ellos, una madre acompañaba a su pequeña hija y, antes de que pasaran con el sacerdote, le explicaba con sencillez su significado: un gesto que recuerda nuestra fragilidad y la necesidad de volver a Dios.

En cada frente, el presbítero trazaba la cruz y repetía a todos la misma frase: “Jesús te ama”, invitándolos a acercarse más a Él. Un hombre de mediana edad, al recibirla y escuchar aquellas palabras del sacerdote jesuita, respondió con ternura: “Yo también lo amo mucho”.

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En la entrada del hospital, la ceniza recordó que la fragilidad humana no es el final. Foto: Luis Aldana/DLF

Hospital 20 de Noviembre: un gesto de consuelo

Entre ambulancias, consultas y familiares en espera, la cruz trazada en la frente apareció como un gesto inesperado de consuelo. Quienes entraban o salían del nosocomio no imaginaban que, antes o después de una cita médica, podrían encontrarse con ministros que ofrecían la ceniza para comenzar la Cuaresma allí mismo, en medio de la enfermedad y la esperanza.

Algunos se acercaban con decisión; otros, apurados, aprovechaban la oportunidad para no dejar pasar el día. Hubo también quienes pidieron un poco para llevarla a sus familiares internados, de modo que el signo penitencial atravesó la banqueta y llegó hasta habitaciones y pasillos donde se libraban batallas silenciosas.

Para muchos, recibirla significó reafirmar la fe en un momento de fragilidad. Luz María, paciente, lo expresaba con serenidad: “Yo creo en Dios, y sé que un día Él me recibirá”. El señor Munir decidió llevar la cruz todo el día, “que se caiga solita”, porque para él es una jornada de gracia y esperanza. La familia de Joel Díaz, recién operado de alto riesgo, habló de un consuelo providencial: “Dios quiso que fuera justo hoy”. Y Juan José Díaz de León, que pensaba acudir más tarde a una parroquia, descubrió allí un llamado inesperado: “Dios quiso que fuera aquí”.

También personal médico y trabajadores se acercaron antes de volver a sus turnos. Para ellos, la ceniza fue una bendición en medio del servicio. Entre los ministros estaba Vicky, de la parroquia del Señor del Buen Despacho, quien por segundo año acudió al hospital: “Muchos tienen un familiar enfermo y no pueden ir a la parroquia. Es un gusto acompañarlos”.

En la entrada de un hospital donde se cruzan dolor, incertidumbre y esperanza, la ceniza recordó que la fragilidad humana no es el final de la historia. Allí, entre batas y camillas, la Cuaresma comenzó para muchos que no lo esperaban.

parroquia de la sagrada familia
Familias, empleados, comerciantes, estudiantes se dieron el tiempo para ir a la Parroquia de la Sagrada Familia para recibir el sacramental. Foto: Eduardo Galicia/DLF

En la Sagrada Familia se detuvo el tiempo

En la parroquia de la Sagrada Familia, el flujo constante de personas marcó el ritmo del Miércoles de Ceniza: oficinistas que pasaban antes de entrar a trabajar, estudiantes entre clases, amas de casa, comerciantes y también quienes, de último momento, recordaron que ese día iniciaba la Cuaresma. Muchos se detenían apenas unos minutos para recibir la ceniza y continuar su camino, integrando el signo penitencial en la prisa habitual de la jornada.

En medio de ese ir y venir destacó la escena de tres jóvenes vestidos de manera formal. Uno de ellos, con evidente formación católica, animó a sus dos amigos, quienes no conocían el sentido de la Cuaresma, a acercarse a ponerse la ceniza. Con naturalidad les explicó su significado y, tras escucharlo, aceptaron. Permanecieron juntos durante la imposición, en una imagen sencilla de cómo la fe se transmite entre amigos, en medio de la vida cotidiana.

En el Hospitalito Gustavo Guerrero, pacientes y personal recibieron la ceniza como signo de consuelo y esperanza en medio de la enfermedad. Foto: Elisa Ramírez/DLF

El Hospitalito, la esperanza del sacramental

Don Juanito permanecía intubado. Días antes había pedido, con insistencia, que ese miércoles no se olvidaran de llevarle la ceniza. La esperaba.

Cuando la hermana Anita entró a su habitación del hospital, él dormía. El cuarto estaba en silencio, apenas interrumpido por el sonido constante de los monitores. Anita se acercó despacio. Y entonces ocurrió: Don Juanito abrió los ojos. Al verla, su rostro se iluminó con una sonrisa amplia. Sus ojos se humedecieron y, con esfuerzo, alcanzó a decir: “Dios los bendiga”.

Así comenzó el Miércoles de Ceniza en el Hospitalito Gustavo Guerrero, ubicado en la colonia Morelos. Desde temprano se celebró la Santa Misa y se impartió la ceniza al personal médico, enfermeras, colaboradores, estudiantes de enfermería, pacientes ambulatorios e internados, y a todo aquel que quiso recibir este sacramental.

Los enfermos la recibían con esperanza: algunos antes de entrar a cirugía; otros, desde su cama; unos en silencio y otros con una leve sonrisa, como si la cruz de ceniza fuera un recordatorio de fortaleza y consuelo en medio de la enfermedad.

Para la hermana Rocío, Superiora General de la Congregación de Misioneras Eucarísticas de Jesús Infante y Nuestra Señora de Fátima, no se trata solo de conservar una tradición, sino de mantener viva la fe. “Los sacramentales son un camino de diálogo con Dios, un lenguaje humano con el que Él se acerca a nuestra fragilidad”, explicó.

Dios se hace presente en medio de la enfermedad de nuestros pacientes, a través de quienes los acompañamos cada día: el médico que atiende con profesionalismo, la enfermera que cuida con ternura y la hermana que sostiene con oración y cercanía”, añadió con serenidad.

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metro zapata
Ministros de la Sagrada Eucaristía impusieron ceniza en las afueras del metro de la Ciudad de México. Foto: Néstor Negrete/DLF

Que nadie se quede sin el sacramental

El padre Jorge Valdéz, de la Parroquia del Buen Despacho, salió al encuentro de los fieles para que nadie se quedara sin recibir el sacramental. La jornada comenzó a las 17:00 horas en las inmediaciones del Metro Zapata y continuó más tarde a las afueras de un supermercado, donde numerosas personas agradecieron la oportunidad de recibir la ceniza en medio de sus actividades cotidianas.

Posteriormente, con sus ministros de la Sagrada Eucaristía, se dirigieron a un centro comunitario, donde también se impartió la ceniza a vecinos de la zona. Adolescentes, niños, adultos mayores y familias no perdieron la oportunidad de comenzar la Cuaresma con este signo de fe y conversión.

La ceniza llegó también a los más vulnerables en San Egidio. Foto: Luis Aldana/DLF

La cruz misericordiosa de San Egidio

En el comedor de San Egidio se dieron cita personas en situación de vulnerabilidad para recibir la ceniza y compartir la cena. Para Víctor, este sacramental no tiene un significado claro, pues reconoce que desconoce su sentido; sin embargo, afirma que Dios y las Santas Escrituras son la “gasolina” que le da ánimo para seguir cada día. Cuenta que un sacerdote lo invitó a imponerse la ceniza y que lo hizo por costumbre, ya que suele ir a misa, aunque para él no representa un signo especial de esperanza. Lo que realmente da fuerza a sus jornadas —dice— es la Palabra: escucharla, recordarla y dejar que lo sostenga cuando siente que puede caer.

Víctor vive en la calle desde hace una semana, junto a un compañero, tras perder el trabajo informal que tenía en un tianguis. Hoy recibe apoyo de un hombre que intenta ayudarle a recuperar sus documentos, perdidos en medio de problemas con el alcohol y noches sin descanso. Aunque nunca ha tenido una Biblia y no recuerda citas precisas, asegura que la fe sí la comprende: cree en Dios, pero también en la lucha entre el bien y el mal que percibe en las historias bíblicas. “Si uno no agarra la vida, la vida se va”, resume. Y aunque no sepa explicar el significado de la cruz, está convencido de que la fe, esa que escucha y guarda, es lo que todavía lo mantiene en pie.

Con información de: Luis Aldana, Tania Embriz,, Eduardo Galicia, Josselin Melara, Saray Montiel, Néstor Negrete, Elisa Ramírez, Mariana Rodríguez.



Autor

Periodista con más de 20 años de trayectoria, titulada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. A lo largo de su carrera ha colaborado en reconocidos medios nacionales como Milenio, El Universal, Revista Alto Nivel, entre otros. Su trabajo se ha enfocado en temas sociales, culturales y de interés humano.