Arquidiócesis de México bendice nuevo Estadio Banorte previo al partido México-Portugal
Bajo la mirada de la Virgen de Guadalupe, el Estadio Banorte es presentado como un espacio donde el deporte puede convertirse en un medio para vivir el amor y la paz.
El Estadio Banorte (llamado con anterioridad Estadio Azteca) celebró dentro de sus instalaciones la bendición por parte de Mons. Francisco Javier Acero, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México con motivo de su reinauguración este sábado 28 de marzo.
La bendición se realizó bajo la mirada de la Virgen de Guadalupe que se encuentra ubicada en el Túnel Maratón, donde los jugadores se encomiendan a su protección y amor.
En este momento de gracia, Mons. Acero invitó a reflexionar sobre la importancia del deporte, el cual nos convierte en apasionados por la vida, nos enseña a trabajar en equipo y a ser artesanos de paz.
Un espacio que nace desde la gratitud y la confianza
Durante la bendición del Estadio Banorte, Mons. Francisco Javier Acero invitó a contemplar este momento no solo como la inauguración de una obra material, sino como un acto de agradecimiento y de esperanza. Señaló que toda gran obra implica también el cierre de una etapa y la apertura de nuevas oportunidades, por lo que exhortó a “dar gracias a Dios por este cierre de ciclo” y a reconocer que ha sido posible gracias a un verdadero “espíritu de familia”.
Junto con la gratitud, destacó la importancia de confiar en lo que viene. En este nuevo comienzo, el estadio se presenta como un lugar donde el trabajo en equipo y la fraternidad pueden florecer, impulsados por una actitud fundamental: la pasión.
TE RECOMENDAMOS:
Frases de la Biblia para la vida y el deporte
Pasión, unidad y reglas: el camino hacia la paz
Mons. Acero subrayó que los valores del deporte no se limitan al ámbito competitivo, sino que son una escuela de vida. “Esto es lo que tenemos que tener también en la vida: pasión para ser artesanos de la paz”, afirmó, invitando a vivir con entrega y sentido comunitario.
En este contexto, explicó que la unidad —representada simbólicamente en un balón que reúne a todos en una misma cancha— solo es posible cuando se vive en armonía y con respeto a las normas: “cumpliendo las reglas, los tiempos, los espacios”.
De este modo, el deporte se convierte en una metáfora concreta de la convivencia social: solo cuando hay orden, respeto y colaboración, es posible construir la paz.
TE RECOMENDAMOS:
5 reflexiones del Papa Francisco sobre el deporte
Un estadio llamado a ser espacio de fraternidad
El obispo expresó su deseo de que este nuevo estadio, bajo la mirada de la Virgen de Guadalupe, se convierta en “un escenario para la armonía, la unidad y la paz”. Más allá de los encuentros deportivos, este espacio está llamado a ser un punto de encuentro donde se fomente la convivencia y el respeto mutuo.
Durante la oración, encomendó a Dios a todas las personas que hicieron posible esta obra, desde quienes realizaron el trabajo físico hasta quienes planearon cada detalle. También pidió por los jugadores, para que vivan el deporte “con alegría, con juego limpio y con pasión”, recordando que “el mejor gol de su vida es el amor hacia los demás”.
Asimismo, elevó una súplica por las autoridades, para que sean promotoras de justicia, unidad y paz, y tuvo un gesto especial hacia las familias de los trabajadores, reconociendo el sacrificio que implican las horas de ausencia.
TE RECOMENDAMOS:
Estos son los valores que los jóvenes aprenden del deporte
El deporte: un mensaje universal de paz
En el Jubileo del Deporte, celebrado en junio de 2025, el Papa León XIV propone una idea muy poderosa: el deporte no es solo actividad física, sino un reflejo del mismo Dios. Al hablar de la Santísima Trinidad como una “danza de amor”, recuerda que Dios es relación, comunión y movimiento.
Desde esta perspectiva, el deporte cobra un sentido más profundo: no se trata solo de competir, sino de salir de uno mismo para encontrarse con el otro. Cuando esto no sucede, advierte el Papa, el deporte se reduce a “una estéril competencia de egoísmos”.
El Papa subraya que practicar deporte enseña a colaborar, a compartir y a caminar juntos, algo que está en el corazón mismo de Dios. Por eso, puede convertirse en un instrumento real de reconciliación y encuentro entre personas, familias y pueblos.
La bendición del Estadio Banorte se convierte así en un recordatorio de que el deporte, vivido con valores, tiene un profundo sentido humano y espiritual. Más allá de la competencia, es una oportunidad para aprender a convivir, a respetar y a construir comunidad.
En palabras de Mons. Acero, la verdadera victoria no se mide en el marcador, sino en la capacidad de amar y de vivir en unidad. Porque, cuando se juega con el corazón, el deporte puede convertirse en un auténtico camino para ser artesanos de paz.





