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Estas son las 12 promesas del Sagrado Corazón de Jesús para ti

Ser devoto al Sagrado Corazón es vivir en cercanía con Jesús y ser obedientes a sus peticiones.
Las 12 promesas del Sagrado Corazón. Foto Zenit.
Vitral Del Sagrado Corazón (San Gioacchino In Prati, Roma. © Foto ZENIT Cc).

En mayo de 1673, Jesús le dio a santa Margarita María Alacoque las siguientes 12 promesas para aquellas almas devotas a su Sagrado Corazón.

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Pero, ser devotos no sólo significa ser destinatarios de las promesas del Sagrado Corazón, sino vivir en una cercanía con Jesús que permita obedecer lo que nos pidió: “Aprendan a de Mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29) y dejarse incendiar el propio corazón.

Las 12 promesas del Sagrado Corazón de Jesús:

  1. Les daré todas las gracias necesarias en su estado de vida.
  2. Estableceré la paz en sus hogares.
  3. Los consolaré en todas sus aflicciones.
  4. Seré su refugio en su vida y sobre todo en la muerte.
  5. Bendeciré grandemente todas sus empresas.
  6. Los pecadores encontrarán en Mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.
  7. Las almas tibias crecerán en fervor.
  8. Las almas fervorosas alcanzarán mayor perfección.
  9. Bendeciré el hogar o sitio donde esté expuesto Mi Corazón y sea honrado.
  10. Daré a los sacerdotes el don de tocar los corazones más empedernidos.
  11. Los que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en Mi Corazón.
  12. Prometo en el exceso de la infinita misericordia de Mi Corazón, que Mi amor todopoderoso concederá a quienes comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no morirán en desgracia ni sin recibir los Sacramentos. Mi Divino Corazón será su refugio seguro en el último momento.

También ser devotos es sabernos llamados a tener, como pedía San Pablo, “los mismos sentimientos de Cristo” (Flp 2,5); es decir, Su misma manera de amar, de comprender, de perdonar, de tender la mano.

No es una manera de sacar provecho de la desbordada generosidad divina, sino una ayuda invaluable para convertirnos en testigos Suyos y anunciar a todo el mundo ese inagotable y misericordioso amor de Jesús que ha sido derramado en nuestros corazones y ha encendido en ellos Su fuego inapagable.