El Papa Francisco durante su viaje apostólico a Mozambique. Foto: L'Osservatore Romano
22 septiembre, 2019

Conversación con el fundador de la Comunidad de Sant’Egidio

L'Osservatore Romano conversó con Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de Sant'Egidio sobre la visita del Papa Francisco.

No más armas, no más ruidos de llanto. No más silencio tras las explosiones. Mozambique tiene derecho a la normalidad que había olvidado. Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de Sant’Egidio, está convencido de ello. Esta comunidad desempeñó un papel crucial en el proceso de paz en Mozambique cuando, después de la larga guerra civil, se alcanzaron en Roma los acuerdos de 1992 con mediación italiana. Seguidos de otros largos años de negociaciones, éstos condujeron al histórico acuerdo del pasado mes de agosto, con la convocatoria de elecciones para el 15 de octubre. Visiblemente conmovido, Riccardi respondió a nuestras preguntas.

¿Qué se espera que suceda en Mozambique en los próximos meses?

La visita del Papa Francisco a Mozambique cierra una etapa y, necesariamente, abre otra. Tras el acuerdo de paz todo cambia y las palabras del Pontífice son semillas para construir una paz duradera. En 1992 se escribió en Roma el primer capítulo de este largo viaje. Terminó una guerra que había causado un millón de muertes. En ese momento, los protagonistas de esta historia llegaron a Roma para buscar el final de una guerra civil cuyo fin no se veía venir, a pesar de los repetidos intentos de la comunidad internacional. La clave radicaba en la confianza: ir a Roma, a Sant’Egidio, aceptar la invitación de una comunidad cristiana que no tenía intereses económicos ni de otro tipo que defender y que ofrecía un terreno neutral para reunirse y reconocerse como her- manos, porque todos ellos seguían siendo hijos de un mismo país, aun habiéndose peleado y asesinado los unos a los otros. El método consistió en dejar de lado pacientemente (en el transcurso de dos años) lo que divide, realzando lo que une, como nos había enseñado Juan XXIII y como nos animó a hacer el Concilio Vaticano II.

¿Cuales son las dificultades más importantes de este camino hacia una paz duradera?

Se trata de una democracia que, sin duda alguna, debe consolidarse, y de una sociedad que se encuentra en una transformación radical. Hemos pasado de una cultura agrícola más bien anticuada a la rápida modernidad de la ciudad. Es increíble la transformación que ha tenido lugar en este país. Sin embargo, debemos prestar atención a los últimos y no olvidar a nadie. Nosotros, en Sant’Egidio, estamos involucrados, por ejemplo, en la cura del Sida en quince centros repartidos por todo el país. El Papa visitará el viernes uno en Zimpeto. Tras la guerra, el Sida estaba asfixiando sobretodo a las generaciones más jóvenes. La visita del Pontífice es una gran ayuda. Y Mozambique conseguirá vencer el desafío más importante: la paz.

Por Silvina Pérez


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