De un oratorio salesiano a gigante del fútbol: el origen inesperado de la Juventus
Fruto de un oratorio, el club nació a partir de la idea de un grupo de jóvenes amigos en Italia. Hoy es uno de los clubes más famosos de Europa.
“El equipo italiano más condecorado y el primero en conquistar todas las copas de Europa: la Juventus lleva la victoria en su ADN. Desde su fundación, el 1 de noviembre de 1897, el éxito no fue solo una meta, sino parte de su identidad”, presume el propio club.
Pero hay algo que casi nadie cuenta: su origen está profundamente ligado al mundo salesiano.
Todo comenzó con un grupo de jóvenes en el Oratorio de Valdocco, en Turín, un lugar clave en la historia de San Juan Bosco, donde el sacerdote puso en marcha su primer oratorio.
Ahí, en medio de juegos, formación y comunidad, nació algo más que un espacio educativo: surgió un estilo de vida. En el siglo XIX, estos oratorios tenían un objetivo claro: rescatar a jóvenes en situación vulnerable, alejarlos de la calle y ofrecerles un camino distinto.
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Esa intuición de Don Bosco —mezclar educación, fe y recreación— sigue siendo hoy el corazón de la obra salesiana. El oratorio no era solo un lugar para aprender, sino una respuesta concreta a las necesidades más urgentes de los jóvenes de su tiempo.
Los frutos del oratorio de Don Bosco
En efecto, el objetivo del Oratorio era claro: cuidar a los jóvenes, especialmente a los “abandonados y en peligro”, para ayudarles a crecer como personas y como ciudadanos íntegros. (Chiosso, G. Don Bosco y el Oratorio 1841-1855).
Con esa visión, San Juan Bosco entendió algo clave: el deporte también educa. Por eso impulsó una combinación inteligente de formación, juego y convivencia, convencido de que así podía alejarlos de la delincuencia y la falta de oportunidades que marcaban su entorno.
No es solo una idea bonita: hay registros históricos que lo respaldan. En la revista Hurrà Juventus del 26 de diciembre de 1915 se menciona a este club como una iniciativa nacida de jóvenes cristianos sin recursos, pero acompañados por la naciente obra salesiana.
Ahí está el vínculo: el fútbol como herramienta para formar, integrar y dar sentido. No solo se trataba de jugar, sino de construir futuro.
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Incluso el nombre lo dice todo. “Juventus”, del latín iuventus, significa precisamente “juventud”. Un reflejo directo de aquellos chicos —muchos de ellos menores de 18 años— que, desde el liceo Massimo d’Azeglio, dieron vida al club inspirados por las enseñanzas de Don Bosco.
Más de un siglo después, esa intuición sigue resonando. Hace apenas unos meses, Papa Francisco recordó en el Vaticano la importancia de escuchar a los más pequeños: “Observan, comprenden y recuerdan… ¡escuchémoslos!” (Francisco, 3 de febrero de 2025).
En ese mismo encuentro, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, lo resumió con una imagen poderosa: el fútbol puede ser un “objeto mágico”, capaz de dibujar sonrisas en los niños del mundo.
Y quizá ahí está la clave de todo: antes de los títulos y la gloria, el fútbol —como lo entendió Don Bosco— fue, ante todo, una oportunidad para cambiar vidas.



