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¿Cuáles son las causas de la violencia en México?

El académico e investigador Mauricio Merino analizó las causas de la violencia en México y el papel del Estado en la crisis de justicia, corrupción e impunidad que se viven en el país.

POR  Jorge Reyes
30 enero, 2026
¿Cuáles son las causas de la violencia en México?
Cada vez que el Estado es incapaz de garantizar los derechos, de cumplir con su misión constitucional o hacer valer la ley, se produce una derrota colectiva que lleva a un irremediable triunfo de la violencia. Foto Especial.

En el marco del Segundo Diálogo Nacional por la Paz, el investigador y doctor en Ciencia Política y Sociología, Mauricio Merino Huerta, ofreció la conferencia magistral titulada “Causas de la violencia en México”, en la que planteó que la violencia que se vive en el país no solo se explica por la acción del crimen organizado o por factores económicos, sino por una crisis estructural del Estado de derecho.

Al hacer un análisis de la realidad que se vive en la nación, el académico interpeló tanto a las autoridades como a la sociedad y planteó que la raíz del problema se encuentra en la impotencia del Estado para garantizar los derechos de la población, así como en la prepotencia de quienes se han apropiado de las instituciones para su beneficio.

La impotencia del Estado: causa eficiente de la violencia en México

Durante su participación en el primer día de trabajo del Segundo Diálogo Nacional por la Paz, Merino Huerta señaló que cada vez que el Estado es incapaz de garantizar los derechos, de cumplir con su misión constitucional o hacer valer la ley, se produce una derrota colectiva que lleva a un irremediable triunfo de la violencia, el cual se puede constatar cuando:

  • Se impone la fuerza por encima del derecho.
  • Se burlan las normas para favorecer intereses particulares.
  • Se toleran abusos y actos de corrupción.

Esta impotencia estatal, precisó el investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), no se refiere a la falta de armamento o a la ausencia de fuerza pública, ni implica apostar por un “Estado policía”. Por el contrario, alude a la incapacidad de la organización política para garantizar libertades, igualdad y justicia.

“Cuando el derecho no respalda a los ciudadanos, la sociedad queda desprotegida, temerosa y arrinconada. En ese contexto, cualquier actor —criminal, político o económico— puede imponer su propia ley”, subrayó.

Comenzó el Segundo Diálogo Nacional por la Paz organizado por la Iglesia de México que se lleva a cabo en Guadalajara, Jalisco. Foto Belén Zapata.

La prepotencia y la corrupción: el otro rostro del problema

Merino Huerta advirtió que junto a la impotencia que vive la sociedad ha crecido la prepotencia de quienes han corrompido o capturado al Estado para provecho propio, misma que se manifiesta con:

  • El uso discrecional del poder sin límites.
  • La exigencia de obediencia absoluta y el rechazo al debate.
  • La opacidad en la toma de decisiones.
  • La utilización de la ley como instrumento de negociación.

En lugar de fortalecer el Estado de derecho, subrayó, se recurre a la impunidad, incluso para fuerzas armadas o funcionarios, bajo el argumento de que “la inseguridad exige medidas extraordinarias”. Según esta visión crítica, se justifica la concentración de poder y la eliminación de contrapesos en nombre de la eficacia.

Así, advirtió Merino Huerta, se genera un círculo perverso: la inseguridad sirve como pretexto para ampliar el poder sin límites, y ese poder sin límites debilita aún más el Estado de derecho.

¿La pobreza es la causa principal de la violencia en México?

Otro argumento frecuente, añadió el académico, sostiene que la violencia en México se origina en la desigualdad y la pobreza. Sin embargo, Merino cuestionó esta afirmación sobre todo cuando se utiliza como una explicación única o simplista.

Reducir el fenómeno a que “los jóvenes delinquen porque son pobres” resulta, comentó, estigmatizante y políticamente funcional, ya que si bien la desigualdad es un factor social relevante, no puede asumirse como causa automática del delito.

Además, advirtió que el uso de recursos públicos para generar clientelas políticas no fortalece necesariamente las instituciones ni reconstruye el tejido social: “La violencia no se resuelve solo con transferencias económicas, sino con instituciones sólidas y justicia efectiva”.

La suplantación del Estado: un riesgo para la democracia

Uno de los puntos más delicados expuestos por el investigador durante su conferencia magistral es la confusión entre Estado, gobierno, partido y líder, pues aseveró que cuando el Estado se identifica con el gobierno en turno, y este con un partido o incluso con una sola figura, se debilitan los contrapesos democráticos.

Al darse este escenario, indicó, podemos ver que:

  • Se concentran decisiones en pocas manos.
  • Se desacredita a quienes disienten.
  • Se debilita la división de poderes.
  • Se instrumentaliza la ley.

La metáfora utilizada por el conferencista fue contundente: “es como si el Estado regresara a formas cercanas a las monarquías absolutas, donde el poder se ejerce sin límites claros y los territorios se disputan por la fuerza, algo que hoy también se observa en regiones dominadas por grupos criminales”.

A 3 años y medio de existencia el Diálogo Nacional por la Paz busca construir puentes entre diversos actores generar acuerdos que lleven a la paz en el país. Foto Belén Zapata.

Las leyes como “fichas” y “armas”

Merino Huerta indicó que un síntoma grave de esta crisis de inseguridad y violencia que se vive en México es el uso de las leyes como instrumentos de negociación, ya que desde la corrupción cotidiana —como la “mordida” para evitar una multa— hasta la adjudicación directa de grandes contratos o sentencias influenciadas por intereses privados, la norma deja de ser garantía de justicia y se convierte en moneda de cambio.

“Cuando la ley se transforma en herramienta para ganar poder y privilegios, el derecho pierde su fuerza moral y jurídica, y la violencia encuentra terreno fértil“, aseguró.

De esta manera, los efectos que esta situación genera en la sociedad son el miedo, el enojo y la fragmentación, por lo que las consecuencias sociales de esta combinación de impotencia y prepotencia son profundas:

  • Crece la desconfianza en las instituciones.
  • Aumenta el miedo y la sensación de abandono.
  • Se debilita la cohesión social.
  • Se normaliza la violencia como forma de resolver conflictos.

Sin un Estado que garantice justicia, subrayó, los ciudadanos avanzan “en los márgenes” de las leyes, con esfuerzos individuales que, aunque valiosos, resultan insuficientes para transformar la realidad estructural.

¿Qué implica esto para la paz y la justicia en México?

En el contexto del Diálogo Nacional por la Paz, el planteamiento de Merino Huerta fue claro: “la paz no se construye solo con fuerza ni con programas asistenciales aislados, sino con instituciones legítimas, transparentes y capaces de hacer valer el derecho para todos”.

De este modo, precisó, la justicia exige 4 elementos fundamentales:

  • Respeto a la legalidad.
  • Combate frontal a la corrupción.
  • Separación real entre Estado, gobierno y partido.
  • Rendición de cuentas y debate democrático.

“Desde una perspectiva ética y social, la construcción de la paz implica recuperar el sentido del Estado como garante del bien común y no como instrumento de intereses particulares”, afirmó.

“La violencia en México”, puntualizó, “no es únicamente un problema de criminalidad, sino una crisis de institucionalidad. Superarla requiere reconstruir la confianza, fortalecer el Estado de derecho y reafirmar que ninguna fuerza —política, económica o criminal— puede estar por encima de la ley”.

¿Cuáles son los frutos del Diálogo Nacional por la Paz?

El padre Jorge Atilano González Candia, de la Compañía de Jesús, presentó los frutos que se han alcanzado con el Diálogo Nacional por la Paz y la ruta que se seguirá en la cuarta etapa de este, cuyo propósito es compartir el estado actual del movimiento y su camino hacia la construcción de la paz en México.

En su participación recordó que el movimiento, con 3 años y medio de existencia, busca construir puentes entre diversos actores (académicos, empresarios, colectivos, gobiernos, etc.) para socializar buenas prácticas y generar acuerdos que lleven a la paz en el país.

Etapas del Diálogo Nacional por la Paz

En este tenor, el sacerdote recordó que hasta el momento se han desarrollado cuatro etapas del Diálogo Nacional por la Paz:

1ª Etapa (2023)

Construcción de la Agenda Nacional de Paz que sirve como horizonte y ruta para mejorar el tejido social, la seguridad y la justicia. De esta etapa surgieron 14 acciones locales por la paz para la sociedad civil y 7 acciones nacionales por la paz para los distintos niveles de gobierno.

2ª Etapa (2024)

Elaboración de Compromisos por la Paz, firmados por 300 alcaldes, 9 gobernadores y la presidenta Claudia Sheinbaum. Se propusieron recomendaciones para su implementación y se construyeron mesas para su seguimiento

3ª Etapa (2025)

Se desarrollaron diversos proyectos locales de paz impulsados por equipos estatales, abarcando iniciativas desde Tijuana hasta Mérida. Estos proyectos incluyeron:

  • Proyectos de escucha.
  • Proyectos de reconstrucción del tejido social.
  • Proyectos de atención a la salud mental.
  • Proyectos de policía.
  • Encuentros en la diversidad religiosa.
  • Proyectos juveniles y de formación.
  • Proyectos de atención a migrantes.
  • Mesas de diálogo entre familias buscadoras y gobiernos estatales o federales.
  • Mesas de trabajo para construir los consejos de paz y justicia cívica con el gobierno federal.
  • El distintivo de empresas por la paz.
  • La implementación de los círculos familiares.

Esta etapa fue rica en metodologías, lo que llevó a la recuperación de aquellas más replicables para presentarlas en el Segundo Encuentro del Diálogo Nacional por la Paz en un nuevo texto sobre metodologías de construcción de paz.

4ª Etapa (actual)

Consiste en entregar metodologías para cada uno de los sectores del país y articular esfuerzos locales y regionales para tener un mayor impacto en la construcción de condiciones para la paz.

En esta etapa, el movimiento cuenta con una identidad definida, un equipo nacional y 26 equipos estatales consolidados, tres tipos de conversatorios para iniciar procesos locales de paz, 18 metodologías de construcción de paz para cada sector, propuestas de política pública para los ámbitos municipal, estatal y federal, y mesas de diálogo permanente con distintos niveles de gobierno.



Autor

Lic. en Periodismo y Comunicación Colectiva por la UNAM, con una trayectoria de más de 30 años como periodista en medios como Reforma, El Centro y Notimex, así como funcionario de comunicación social en dependencias de gobierno y legislativas. Actualmente trabaja como periodista especializado en temas de religión.