Encuentro de traductores indígenas
La Iglesia en México avanza hacia una liturgia más cercana a los pueblos originarios. Inspirada en la Encarnación, promueve una fe que se exprese en sus lenguas, símbolos y culturas, reconociendo en ellas una riqueza viva que no debe perderse, sino fortalecerse.
HECHOS
Durante esta semana, en la ciudad de México junto a la Basílica de Guadalupe, hemos realizado el II Encuentro sobre traducciones y adaptaciones litúrgicas indígenas, con el objetivo de compartir experiencias de las diócesis, analizar criterios bíblicos, litúrgicos y culturales sobre traducciones y adaptaciones litúrgicas, y proponer procesos para seguir la inculturación de la liturgia en los pueblos originarios.
Participaron 91 personas de las etnias zapoteca, otomí, maya, mixteca, purépecha, náhuatl, tseltal, totonaca, rarámuri, ténec, tsotsil, mam, popoluca, mixe, chinanteca, mazahua, chatina, amuzgo, ch’ol y wixárika. De Bolivia vino alguien de la cultura guaraya; de Colombia, de las cuturas embera y tucano; de Guatemala, de la cultura mam y maya chuj.
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Nos acompañaron Mons. Aurelio García, Subsecretario del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Mons. Víctor Sánchez, arzobispo de Puebla y Presidente de la Comisión de Pastoral Litúrgica, y Mons. Adolfo Castaño, obispo electo para Atlacomulco y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Profética. Además, los obispos responsables de las Dimensiones Episcopales de Liturgia, Mons. Raúl Gómez, arzobispo de Toluca; de Doctrina de la Fe, Mons. Guadalupe Antonio Ruiz Urquín, Prelado de Huautla; de Animación Bíblica de la Pastoral, Mons. Gonzalo Alonso Calzada, obispo de Tehuacán, de Pueblos Originarios y Afrodescendientes, Mons. José Hiraís, obispo de Huejutla, y de Educación y Cultura, el Pbro. Eduardo Corral, secretario de dicha Dimensión, en nombre del obispo.
Es de resaltarse el acompañamiento del Dicasterio para el Culto Divino, porque sentimos que no estamos haciendo algo indebido. Roma nos da normas e indicaciones, pero no para juzgar y condenar, sino para abrirnos caminos. Durante algunos años, no lo percibíamos así; por ello fue muy emotivo comprobar su cercanía y su disponibilidad para ofrecernos criterios sólidos y seguros. El Dicasterio nos acompaña, nos comprende y nos anima.
Fue muy alentador comprobar la respuesta tan entusiasta de quienes tienen interés en dar este servicio a nuestros pueblos originarios. Yo había calculado que participarían unas 35 personas, y vinieron 91. Otros más querían llegar, pero ya no había espacio. Y quiero resaltar la presencia viva y activa jóvenes, lo cual nos da garantía de continuidad, y también de un buen número de mujeres, lo que nos garantiza fidelidad a las culturas, pues aunque algunas no hayan terminado ni la educación primaria, llevan el idioma en su corazón y lo defienden con todas sus entrañas.
ILUMINACION
La Encarnación es modelo de inculturación: “La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros” (Jn 1,14). Jesús es el camino de la Iglesia. La Encarnación del Hijo eterno del Padre se continúa en la encarnación de la Iglesia en las culturas, por obra del Espíritu Santo. La inculturación es una consecuencia y una expresión de la Encarnación. El Verbo eterno del Padre se encarnó en una cultura y en un idioma marginados, el arameo.
Conocía el hebreo, la lengua dominante, pero su idioma materno era el arameo. La Virgen de Guadalupe no usó el castellano, idioma de los conquistadores, sino el náhuatl, de los conquistados. No era su lengua nativa, sino que se inculturó tanto en la lengua como en la cultura náhuatl. La Virgen María siempre se ha manifestado muy cercana a los pequeños, a los que sufren, a los pobres y a los oprimidos.
Ya lo indicó el Concilio Vaticano II hace 63 años, pero parece que aún no le hacemos caso: “La Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad en aquello que no afecta a la fe o al bien de toda la comunidad, ni siquiera en la liturgia; por el contrario, respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos. Estudia con simpatía y, si puede, conserva íntegro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra que no esté indisolublemente vinculado a supersticiones y errores, y aun a veces los acepta en la misma liturgia, con tal de que se pueda armonizar con el verdadero y auténtico espíritu litúrgico”.
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Nos decía el Papa Francisco: “Las Iglesias particulares deben fomentar activamente formas, al menos incipientes, de inculturación. Si dejamos que las dudas y temores sofoquen toda audacia, es posible que, en lugar de ser creativos, simplemente nos quedemos cómodos y no provoquemos avance alguno y, en ese caso, no seremos partícipes de procesos históricos con nuestra cooperación, sino simplemente espectadores de un estancamiento infecundo de la Iglesia.
Esto nos permite recoger en la liturgia muchos elementos propios de la experiencia de los indígenas en su íntimo contacto con la naturaleza y estimular expresiones autóctonas en cantos, danzas, ritos, gestos y símbolos. Ya el Concilio Vaticano II había pedido este esfuerzo de inculturación de la liturgia en los pueblos indígenas, pero han pasado más de cincuenta años y hemos avanzado poco en esta línea”.
ACCIONES
Apreciemos, valoremos, respetemos y promovamos las culturas indígenas, porque son una expresión de la sabiduría de Dios y de los dones del Espíritu Santo; son una riqueza en la Iglesia. Que no se pierdan esas culturas, sino que seamos sus aliados para su conservación y desarrollo.
Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.

