Las familias buscadoras necesitan una sociedad que las escuche

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Las familias buscadoras necesitan una sociedad que las escuche

Detrás de cada ficha de búsqueda hay una ausencia que duele todos los días. Las familias buscadoras necesitan una sociedad que las escuche, las acompañe y no las deje solas.

16 mayo, 2026
Las familias buscadoras necesitan una sociedad que las escuche
Frente al dolor de las desapariciones, la indiferencia no puede ser una opción. La Iglesia llama a sostener la esperanza y el grito de justicia de las familias buscadoras.
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Hay dolores que una sociedad no puede permitirse normalizar. Las desapariciones en México son uno de ellos.

Cuando vemos una ficha compartida en redes sociales, una mujer que sostiene una fotografía en una marcha, o una madre que cava con sus propias manos en un terreno baldío, existe detrás una familia o una comunidad rota a causa de una herida muy dolorosa.

Hablar de personas desaparecidas se comprende mejor cuando pensamos en ausencias que duelen todos los días y en familias que viven atrapadas entre la esperanza y la incertidumbre.

Recientemente, como parte del acompañamiento que realiza la Arquidiócesis Primada de México a familias buscadoras, tuvimos un encuentro con representantes de algunos colectivos en el que nos compartieron el cansancio emocional que provoca sentirse atrapadas en promesas que no se cumplen y en acciones que inicialmente parecieran abrir caminos de esperanza, pero que terminan ampliando todavía más su frustración.

En esa reunión pidieron a la Iglesia acompañarlas en dos sentidos muy concretos: ayudar a sensibilizar y visibilizar esta problemática, y mantenerse cerca de ellas en su lucha cotidiana y en su dolor. Aseguraron que, muchas veces, además de cargar con la ausencia de un ser querido, deben enfrentar la indiferencia, el prejuicio y el abandono institucional.

Las familias buscadoras realizan jornadas de búsqueda sin apoyo de las instituciones, arriesgando su vida y salud; sufren ansiedad, estrés, depresión, e inestabilidad económica. Nadie debería atravesar un dolor así.

Es indispensable que las autoridades actúen con responsabilidad, eficacia y sensibilidad, pues las familias necesitan instituciones que acompañen totalmente, que escuchen, investiguen y respondan.

La justicia no puede quedarse detenida entre trámites, discursos encontrados o estrategias que se anuncian con fuerza, pero que no terminan traduciéndose en resultados que den certeza a las familias buscadoras.

Es una tarea que nos corresponde a todos. Como ciudadanos, como vecinos, como creyentes, como seres humanos, estamos llamados a no cerrar los ojos ante el sufrimiento ajeno.

Este domingo, la Solemnidad de la Ascensión del Señor nos ofrece una palabra de consuelo y llena de amor. Nos recuerda que, antes de ascender al cielo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

Esta es una promesa que sigue viva hoy con nosotros, especialmente para quienes atraviesan la noche del dolor y de la incertidumbre. Tengan la certeza que ninguno de ustedes desaparece del corazón de Dios.
A ejemplo de Cristo, acompañemos a quienes más nos necesitan. Abramos el corazón para escuchar el dolor de las familias buscadoras, para acompañar su esperanza, y sostener su grito que exige justicia.

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La redacción de Desde la fe está compuesta por sacerdotes y periodistas laicos especializados en diferentes materias como Filosofía, Teología, Espiritualidad, Derecho Canónico, Sagradas Escrituras, Historia de la Iglesia, Religiosidad Popular, Eclesiología, Humanidades, Pastoral y muchas otras. Desde hace 25 años, sacerdotes y laicos han trabajado de la mano en esta redacción para ofrecer los mejores contenidos a sus lectores.