¡Hoy gana México!

Fernando Mendoza

Como cada cuatro años, hoy comienza la esperanza verde. No importa lo que haya sucedido en los 48 meses anteriores, el ritual se repite. Millones de mexicanos se unirán en torno a la imagen televisiva y esperarán –a veces contra todo pronóstico razonable– una victoria en el futbol.

Cuando el árbitro dé el silbatazo inicial, el aliento se detendrá por un instante. Luego, la señal de la cruz. Al final, los gritos de ¡Vamos México! ¡Sí se puede! No importa que enfrente esté el equipo alemán, uno de los favoritos para ser campeón. Si se le ganó a Brasil en la final de las Olimpiadas hace seis años, ¿qué no se podrá contra los teutones el día de hoy?


En el fondo, más que seguro estoy, todos aquellos expertos en el futbol que esperan una victoria contundente de Alemania, estarían muy contentos de que la selección diera la campanada y deleitara a todos con una victoria.

Una derrota sería la predecible. Pero México ha dado prueba, no sólo en el deporte, de que está hecho para mucho más de lo que tiene y es. En eso radica nuestra esperanza. De allí, que muchísimos haremos el ritual este domingo. De no tener un dejo de esperanza, ¿para qué comprar la playera verde, tratar de llenar las páginas de la selección en el álbum del Mundial, para qué invitar a los amigos para compartir la concha y la leche para ver el partido inicial, para qué gastar dos horas en un partido que se sabría ya derrotado…?

La esperanza es el alimento del mexicano. Me lo dijo hace muchos años un sacerdote amigo, que me explicó que el mexicano cuando se siente desfallecer ante los retos, saca de “nosesabedónde” fuerzas para vencer la adversidad. Si supiéramos que todo está perdido, seguro que en ese mismo instante dejaríamos de luchar, pero seguimos intentando una y otra vez porque tenemos la certeza de que en esta vida no hay certezas. Entonces aparece la esperanza, que nunca se fue, que siempre está allí acechando. México es un país rico en esperanza.

Por otro lado, somos un pueblo que comienza a vencer el terror del trabajo en equipo. Los grandes triunfos habían sido individuales: Rubén Olivares y Julio César Chávez en el boxeo, el Nobel de la Paz de García Robles, el de Literatura de Octavio Paz y el de Química de Mario Molina, la inolvidable medalla de oro del Tibio Muñoz en natación en el 68… incluso el triunfo de Hugo Sánchez fue individual. Pero hoy el panorama es distinto, y en gran parte el cambio de paradigma, me atrevo a pensar, fue el triunfo de la selección mexicana de futbol en la Olimpiada del 2012. México cada vez más destaca en disciplinas por equipos: basquetbol, béisbol, orquestas, grupos de danza…

Por ello, tenemos esperanza de que el Chicharito, el Tecatito y el Chucky se unan en una jugada magistral y nos puedan dar el gol del triunfo. Calidad la tienen, el temple no falta y la mentalidad estaría a prueba. La esperanza muere al último, nos aconseja el viejo refrán.

A quienes tiene sin cuidado el futbol o han perdido la esperanza, no se inquieten. Con una victoria o con una derrota, México seguirá estando allí, después del silbatazo final. Cierto es que si hiciéramos todo lo que hacemos por el futbol en cuestiones de mayor transcendencia para el país, estaríamos en mejores condiciones. Pero por algo se empieza. Es trabajo de todos que lo mejor que hacemos por la selección lo trasladáramos por el bien común de nuestra comunidad.

En ese sentido va el último documento que acaba de publicar el Dicasterio vaticano para los Laicos, la Familia y la Vida, titulado “Dar lo mejor de uno mismo, Documento sobre la perspectiva cristiana del deporte y la persona humana”, en el que busca ubicar al deporte como un juego y una fiesta, con el fin de formar al hombre como un ser social.

Y sí. El futbol y cualquier deporte nos invita la comunidad, la fraternidad, el cumplimiento de las reglas y la convivencia comunitaria que alcanza la paz. El documento agrega al deporte como la actividad que puede alcanzar la vivencia de la belleza.

Si todas estos sentimientos y emociones los experimentamos este domingo, mucho habremos ganado, mucho habrá ganado México… independientemente del resultado.