Firmas

Ángelus Dominical

jesús

P. Eduardo Lozano

SIN QUE EL TEMA DE HOY SUENE trágico o se susciten quién sabe qué pensamientos obtusos, melancólicos o frenéticos, diré que hoy no me calienta ni el sol, que no está el horno para bollos, que amanecí con el pie izquierdo, que no cabe el alma en el cuerpo, que tengo el humor por los suelos, que quiero mandar todo a volar, que me siento mal, y muy mal, ¡pues!… SI ALGUIEN ESTÁ PENSANDO que los seres humanos –y más los que nacimos en octubre– deberíamos estar siempre, siempre, pero siempre con la pila al cien, con los ánimos exuberantes, con la sonrisa floreciente y más puestos que un calcetín, pues sencillamente se equivoca: unos y otros (los de enero y febrero y etcétera) estamos expuestos a que de repente y en un santiamén sencillamente se nos haga bolas el engrudo, que no soportemos ni el aire y que no queramos ver más allá de nuestras narices (si, así, en plural, aunque sólo tengamos una, ¿y qué?)… MIENTRAS ESCRIBO Y PLASMO mi pensamiento y sentimiento, vuelvo a constatar lo humanote que soy, verifico que no he dejado ser barro de este suelo, que en mis venas corre sangre como la de todos, que ni por tener tales estudios o preparación, que ni por ser el consentido de mi mamá la Mera-mera o porque me crea yo muy chicho, voy a dejar de sentir y pensar como cualquier hijo de Eva…  HABRÁ QUIEN NO PASE de ser un pazguato y se pasme, y así se quede de ordinario: ni fu ni fa, compitiendo con cualquier piedra muda o quelonio en hibernación, como con atole en las venas, pero el común de los mortales no somos así; habrá quien está sulfurado permanentemente y sólo vive para prolongar el  auto-infierno de su propia existencia, amargados genéticamente, y más que bipolares son trifásicos o poli-neuróticos “in secula seculorum”; tampoco somos así ni la mayor parte de los humanos, ni la mayor parte de las veces… HAY QUE PONER ATENCIÓN a que nuestro estado de ánimo y nuestro comportamiento sea ordinariamente estable, con las características propias de nuestra individualidad y cultura, con los rasgos de la educación recibida y con los valores y principios que asumimos desde nuestra más tierna infancia: ahí está lo que cualquier psicólogo podría juzgar como una persona “normal”… SE HA GENERALIZADO un anuncio –sobre todo en escuelas primarias y secundarias– que dice sin más: “No corro, No empujo, No grito”, y es mínima y elemental recomendación a seguir en caso de emergencia, ya sísmica, ya ígnea, ya vandálica o de cualquier otro tipo; y creo que es lo mismo que debo hacer en este momento: ni gritar, ni correr, ni empujar, es decir, no provocaré que ningún otro se vea afectado por mi mal humor o mis compulsivas ganas de no sé qué… ME COMENTAN QUE HAY factores que propician o acentúan este modo tan peculiar de no tolerar ni la propia sombra: tal vez una enfermedad somática o psicológica, o el riesgo de un peligro inminente, tal vez la experiencia vivida, tal vez los cambios hormonales en qué etapa de la vida o del año, tal vez la falta de descanso nocturno o la carencia de serotonina… ¡AJÁ! DE ENTRADA Y PARA NO complicarme más la vida, pues me enfocaré a  terminar –del mejor modo– con el ratotote de ayuno que se inició desde la última vez que comí (hace como 7 horas), enseguida calcularé las obligaciones y responsabilidades que debo afrontar en el corto, mediano y largo plazo, luego me chutaré un pedacito de chocolate (dicen que es algo así como “serotoninigénico”), después me dispondré a un ratotote largo y tranquilo de oración (a todos nos hace falta), y si es posible, pues acompañaré todo esto con música y algún diálogo tranquilo y en paz con quien tengo cerca… YO NO SUEÑO CON TENER una vida sin problemas o exenta de riesgos, ni tampoco me hago la ilusión de poseer soluciones instantáneas o mágicas, mucho menos quiero enajenarme con la fantasía de que todo lo pongo en manos de Dios y –¡abracadabra!– me dará solución cuando yo se lo pida y ya; de entrada confieso y creo que es Dios mismo –que tanto me ama– quien me ha dado una inteligencia y muchas cualidades y personas cercanas a mi afecto y mis circunstancias, para resolver y superar los desaguisados, sinsabores y contrariedades de la vida; así que manos a la obra porque parece que Dios confía en mí mucho más de lo que yo confío en Él… AUNQUE YO QUISIERA no es este el momento para tomar unas vacaciones en Cancún o en Hawái, pero si es el momento para decir –como Jesús dijo (Mc 4,39)– a la tormenta: ¡Cállate!, ¡enmudece!, y disponerme a seguir enfrentando la vida con la bonanza que viene luego de la tempestad; total: ni soy el primero en sentirme de la patada, ni seré el último en levantarme con más ganas después de mil caídas (por cierto, la última Noche Santa resultó mucho más bonita de todo lo que habíamos planeado: muchas gracias a todos los participantes)…