¿De qué depende la democracia?
Muy pocos creen ya en la democracia liberal de Occidente como un sistema capaz de garantizar la única cuestión que debe garantizar un sistema político: el bien común.
Parecería una pregunta retórica. Por dos razones. Porque muy pocos nos hacemos hoy esa pregunta (enredados, como lo estamos, en un vaivén de populismos y anomalías) y porque muy pocos creen ya en la democracia liberal de Occidente como un sistema capaz de garantizar la única cuestión que debe garantizar un sistema político: el bien común.
En otras palabras –atendiendo al concepto griego de “idiotas” (los que solamente se interesan por su bien personal y les importa un rábano “la cosa pública”)– nos hemos ido convirtiendo en eso, en una sociedad de “idiotas”, enfrascados en la competencia, en la exclusión del otro, y en el éxito (económico) como sinónimo de felicidad.
Sin embargo, estoy firmemente convencido que la pregunta que (me) hago como cabeza de este artículo para Desde la Fe ni es retórica ni es inútil. La presencia de totalitarismos, o como quiera que se llamen esos gobiernos que inflan la división entre sus ciudadanos y esos ciudadanos que les siguen la corriente, implica reflexión. Cuando menos una respuesta creíble.
Y puestos a contestar, diré que la democracia depende de ciudadanos informados. Se me objetará que la información que circula en los medios y las redes está llena de noticias falsas. Y es verdad. Pero ahí, en ese batiburrillo de “versiones oficiales”, verdades a medias o estadísticas –esto es, mentiras completas– es donde no se debe buscar la información. Hay que buscarla, según yo, en tres fuentes: la vida misma, el sentido común y la comparación.
La vida misma: lo que vemos en la calle y no lo que nos dicen que veamos en la calle. El sentido común (cada vez menos común): entender que el poder, venga de donde venga (económico, político, cultural) tiene como plataforma de supervivencia (cuando no tiene legitimidad de origen o de ejercicio) la exageración, la polarización o el engaño.
La comparación: hay medios, mediadores y expertos que están dentro o fuera de los circuitos comerciales a los que hay que buscar. Incluso los hay dentro de los medios tradicionales. Saber que no se venden ni tienen ganas de hacerlo. ¿Quieren un nombre? Lo digo con admiración: Gabriel Zaid.
Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.

