Editorial
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Terminemos con la confrontación

Los buenos tiempos para nuestra Patria -y para cualquier nación- surgen cuando se vive en la unidad basada en valores.
El Papa Francisco firma la encíclica Fratelli tutti (Todos hermanos) Foto: Vatican Media.
El Papa Francisco firma la encíclica Fratelli tutti (Todos hermanos) Foto: Vatican Media.

Los buenos tiempos para nuestra Patria -y para cualquier nación- surgen cuando se vive en la unidad basada en valores auténticos y profundos; la división y el enfrentamientos entre quienes piensan diferente solo lleva a una guerra entre hermanos nada deseable para nadie.

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En medio de la emergencia sanitaria más difícil de los últimos 100 años, con una crisis de valores que ha desatado más violencia e inseguridad, y la incertidumbre económica que parece no tener fondo, es cuando más estamos necesitados de factores y líderes que convoquen a la unidad, que tengan por virtud la suma y la multiplicación, no la resta y la división.

La polarización social, fácilmente acelerada desde ámbitos públicos, y alimentada por la carencia de diálogo y la descalificación del otro, son fermento para más situaciones de violencia y encono. Es un camino equivocado.

Hace una semana, el Papa Francisco dio a conocer la tercera encíclica de su pontificado, titulada “Fratelli tutti” (Hermanos todos). Es un documento que subraya la amistad y la fraternidad social como caminos para sanar a nuestro mundo, y construir un futuro mejor, más justo, pacifico y que comprometa a todos, ciudadanos e instituciones.

El Papa Francisco plantea cambiar la “falsa tolerancia” por un “realismo dialogante”, donde podemos ser fieles a nuestros principios, y reconocer -al mismo tiempo- que el otro también tiene el derecho de buscar ser fiel a los suyos. El éxito de este camino será más contundente si iniciamos con la amabilidad, pues ésta facilita “la búsqueda de consensos y abre caminos donde la exasperación destruye todos los puentes”.

Pareciera que el Papa habla directamente a México cuando asegura que en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar: “Por diversos caminos se niega a otros el derecho a existir y a opinar, y para ello se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos. No se recoge su parte de verdad, sus valores, y de este modo la sociedad se empobrece y se reduce a la prepotencia del más fuerte. La política ya no es así una discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el desarrollo de todos y el bien común, sino sólo recetas inmediatistas de marketing que encuentran en la destrucción del otro el recurso más eficaz”.

El escenario que algunos quieren ver, consiste en un juego mezquino de descalificaciones, donde el debate es manipulado hacia un estado permanente de cuestionamiento y confrontación.

Por el contrario, el escenario que necesitamos urgentemente -nos enseña el Papa Francisco- se da cuando la buena política está basada en el amor, la caridad, la solidaridad y la subsidiariedad, “pues una visión que supera toda visión individualista nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar el bienestar de todas las personas”.

No cabe duda que anhelamos un México mejor, y cualquier estrategia tiene que partir del diálogo, como primer paso para acercarnos, expresarnos, conocernos, tratar de comprendernos y buscar puntos de contacto. Y eso es algo que debemos sembrar, ¡ojalá lo hagamos todavía más! desde la propia familia, en el barrio o en el ambiente de trabajo. El tiempo apremia y hemos de empeñarnos más: juntos lo lograremos, pues somos hermanos.

 

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