No al egoísmo

A casi un año de haberse detectado el primer caso de Covid en México, debemos preguntarnos sinceramente: ¿qué hemos hecho desde lo que nos toca a cada uno?
La pandemia de coronavirus COVID-19 ha provocado ansiedad y depresión en algunas personas. Foto: Grupo Verona
Pandemia de Covid-19

El próximo 27 de febrero se cumplirá un año de que se anunció la detección del primer caso de Covid-19 en México. Y lo que en un principio parecía ser tema de unas semanas o unos meses, se ha convertido en una dolorosa crisis de 12 meses, que hasta este sábado ha dejado 178,965 fallecimientos y 2 millones 30,491 contagios, de acuerdo con cifras oficiales.

Actualmente, casi todos tenemos un familiar, un amigo o un conocido que pasó o está pasando por la crisis de estar contagiado, o peor aún, de haber perdido a un ser querido. Cuánta tristeza, cuántas lágrimas, cuánto dolor han atravesado millones de familias en el mundo a causa de esta pandemia.

Y cada uno de nosotros, ¿qué hemos hecho ante ello?, ¿cuál ha sido nuestro rol?, y ¿qué tanto hemos contribuido, desde lo que nos toca, para reducir el impacto de esta crisis global?


El Papa Francisco ha advertido sobre el riesgo de que, pasada la crisis sanitaria, nos golpee un “virus” aún peor al del Covid-19: el del egoísmo indiferente. Este “virus” se transmite al pensar que el mundo será mejor si me va mejor a mí, o que la pandemia pasará si me va bien a mí.

A los gobernantes y políticos, a los empresarios, a los padres de familia, a los jóvenes, a quienes conformamos la Iglesia, a los líderes de opinión, a los influencers, les hacemos un llamado: a casi un año de haberse detectado el primer caso de Covid-19 en México, digamos no al egoísmo.

Este tiempo debe sacudirnos por dentro, impulsarnos a eliminar las desigualdades, a recordarnos que no hay diferencias ni fronteras entre quienes sufren, que todos somos iguales, vulnerables y especialmente valiosos.

Podemos aprovechar esta nueva oportunidad que se abre mientras se lucha por controlar la pandemia si actuamos con generosidad, si abrimos nuestra mente y corazón para escuchar al otro, si tomamos en cuenta la voz y las necesidades de los demás, si dejamos de pensar que somos dueños de la razón.

“La fraternidad es el verdadero remedio a la pandemia y a muchos males que nos han golpeado. Fraternidad y esperanza son como medicinas que hoy el mundo necesita, junto con las vacunas”, nos recuerda el Papa Francisco.

A un año del primer caso en México, hagamos todo lo que está en nuestras manos por actuar en equipo y salvarnos juntos.

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