Cuidemos lo que permanece más allá del Mundial de Futbol
El Mundial puede ser una oportunidad para fortalecer la familia, fomentar la reconciliación y recordar que lo más valioso de la vida son las personas.
El mundo vuelve a detenerse frente a una cancha. Millones de personas se reunirán frente a una pantalla para celebrar, sufrir, emocionarse y compartir la pasión que despierta el futbol.
México, como muchas otras naciones participantes, atraviesan desafíos que reclaman unidad; el mundo entero, envuelto en escenarios de guerra y desigualdad urge de reconciliación.
Con frecuencia nos encontramos divididos por la política, las redes sociales, las diferencias económicas o las heridas que arrastramos en nuestras relaciones personales y comunitarias. Sin embargo, durante estas semanas veremos a familias enteras sentarse juntas frente al televisor, a vecinos reunirse para compartir un partido y a personas que habitualmente no coinciden celebrar un mismo gol.
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Impulsemos el deporte
En su intención de oración para este mes de junio, el Papa León XIV nos recuerda que “en el deporte como en la vida, nadie se salva solo. Necesitamos del otro para crecer, para aprender a respetar, superar límites y celebrar juntos los logros alcanzados”.
Ningún jugador gana un campeonato por sí mismo. Ninguna selección alcanza la gloria sin trabajo en equipo. Nadie construye una vida plena aislado de los demás. Necesitamos de la familia, de los amigos, de nuestros compañeros de trabajo, de nuestras comunidades y de quienes piensan distinto para crecer y madurar como personas.
Por eso, mientras disfrutamos de este Mundial, conviene no perder de vista lo realmente importante, que es aquello que permanece después del silbatazo final.
Pasarán los goles, los campeones y las estadísticas. Las emociones de estos días quedarán en el recuerdo, pero seguirán ahí nuestros hijos esperando nuestra atención, nuestros padres necesitando una llamada, nuestros abuelos deseando una visita, nuestra pareja esperando tiempo compartido y nuestras responsabilidades cotidianas reclamando nuestra presencia.
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Papa: que el deporte favorezca la cultura del encuentro
El Mundial puede ser una gran fiesta. Pero toda fiesta tiene sentido cuando fortalece los vínculos que sostienen nuestra vida.
Hacemos una invitación a nuestra sociedad para que estas semanas nos ayuden a sentarnos más veces a la mesa en familia, a reconciliarnos con quienes hemos tomado distancia, a recuperar conversaciones pendientes y a descubrir nuevamente la alegría de compartir.
El deporte no tiene por qué ser una razón para alejarnos de quienes amamos, para aislarnos, para encerrarnos por horas frente a una televisión, despreciando el contacto con el otro o despreciando aquello que requiere de nuestra atención.
Porque mientras se lleva a cabo el Mundial y aun cuando termine, siguen siendo esenciales las personas que hoy nos acompañan en el camino. Sigue siendo necesaria la paz en nuestras comunidades. Sigue siendo necesario estar cerca de quienes sufren. Sigue siendo necesario valorar y defender la vida y la dignidad humana. Sigue siendo urgente la reconciliación en nuestro país. Y sigue siendo insustituible el amor que construimos cada día en nuestros hogares.
Disfrutemos del futbol. Celebremos la fraternidad que puede inspirar. Pero no olvidemos nunca que los trofeos son pasajeros y que lo más valioso de nuestra vida se construye todos los días en la familia, en la amistad, en el trabajo honesto y en el compromiso de todos para trabajar por una sociedad más unida.




