Editorial

La discusión del tema de los ‘viri probati’ en el Sínodo de la Amazonia

Aunque no es tema central, la ordenación de hombres casados ha causado mucha polémica.
Sínodo de la Amazonia
Sínodo de la Amazonia

En el numeral 129 del Instrumento de trabajo del Sínodo Panamazónico se plantea, como sugerencia, lo siguiente: “Afirmando que el celibato es un don para la Iglesia, se pide que, para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable, con la finalidad de asegurar los Sacramentos que acompañen y sostengan la vida cristiana”. Éste no es un tema central del Sínodo, pero ha suscitado mucho interés y polémica.

La aceptación de hombres casados y probados (viri probati) al ministerio sacerdotal es algo testimoniado en la Tradición Apostólica. En el Nuevo Testamento, en la Primera Carta a Timoteo (3,2-4), se pide que “el epíscopo sea irreprensible, casado una sola vez, sobrio, sensato, educado, hospitalario, apto para enseñar […], que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con toda dignidad”. Un hombre probado, de buena fama, maduro en la fe, que ha dado muestras de calidad humana y ha sabido ser buen esposo y padre, podía ser un candidato idóneo para recibir la ordenación episcopal.

Más tarde, se instauró en la Iglesia la disciplina de que solamente hombres célibes pudieran recibir la ordenación sacerdotal. En la Iglesia Católica de tradición oriental, empero, es posible que hombres casados sean ordenados como presbíteros (c. 758 CCEO). También en la Iglesia católica occidental hay algunos casos en los que se ha admitido a hombres casados al sacerdocio ministerial. El Papa Benedicto XVI ratificó esta posibilidad, en la Constitución Apostólica Anglicanorum Coetibus, al autorizar que algunos hombres casados, provenientes de la tradición anglicana, fueran ordenados como sacerdotes católicos.

El ministerio sacerdotal tiene como finalidad servir al Pueblo de Dios mediante la predicación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y la conducción de la comunidad. Pablo VI, en su encíclica Sacerdotalis caelibatus, de 1967, decía: “Toca a la autoridad de la Iglesia determinar, según los tiempos y los lugares, cuáles deben ser en concreto los hombres y cuáles sus requisitos, para que puedan considerarse idóneos para el servicio religioso y pastoral de la Iglesia misma”.

Las normas eclesiales deben favorecer y no obstaculizar la atención espiritual y pastoral de las comunidades, especialmente de aquellas que están necesitadas de ministros ordenados que puedan predicar el Evangelio y presidir la Eucaristía. Por ello, el instrumento de trabajo del Sínodo Panamazónico propone discutir, como se ha hecho ya en otros momentos, la opción de ordenar hombres casados, bajo ciertas condiciones.

Como ha señalado monseñor Felipe Arizmendi, obispo emérito de San Cristóbal de las Casas y responsable de la Doctrina de la Fe en la Conferencia del Episcopado Mexicano, se trata de una propuesta que responde a la realidad de dicha región, pero, independientemente de que se apruebe, esto no significaría un cambio en la disciplina secular de la Iglesia latina de que todos los sacerdotes se deben comprometer a vivir célibes.

Oramos al Espíritu Santo para que los Padres Sinodales hagan al Santo Padre la mejor propuesta que consideren conveniente para el bien de la Iglesia de Jesucristo, en este asunto tan complejo que ha abierto puerta a especulaciones de toda índole.

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