Cuidar nuestras palabras y opiniones es cuidar la paz
En tiempos de tensión internacional, el Papa León XIV llama a cuidar la palabra y a construir una paz desarmada desde la verdad, la dignidad humana y el diálogo.
En momentos de alta tensión internacional, lo que se dice —y la manera en que se dice— tiene consecuencias reales en la vida de los pueblos, especialmente de aquellos que ya viven heridas profundas marcadas por la pobreza, la violencia o la incertidumbre.
Las expresiones públicas, cuando se pronuncian sin prudencia, pueden alimentar el miedo, profundizar divisiones y agravar el sufrimiento de personas que ya han sufrido demasiado.
Por ello, ante el momento que vivimos, hacemos un llamado a cuidar la palabra para que, de esta manera, también cuidemos al prójimo. En el debate público, en los medios de comunicación y en las redes sociales, hagamos caer la tentación de reaccionar con ligereza, ironía o dureza.
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“Hoy, la justicia y la dignidad humana están más expuestas que nunca a los desequilibrios de poder entre los más fuertes”, nos dice el Papa León XIV en su Mensaje para la Jornada Mundial Por la Paz, publicado hace unos días.
La fe cristiana nos invita a un discernimiento profundo: preguntarnos si lo que decimos contribuye a la verdad, a la justicia y a la paz, o si, por el contrario, aviva la confrontación y el resentimiento.
El Mensaje del Papa León destaca la urgencia de impulsar una paz “desarmada y desarmante”. Se trata de una paz que no nace de la imposición, de la humillación del adversario ni del uso de la palabra como arma, sino del reconocimiento de la dignidad de cada persona y de la responsabilidad ética de nuestras acciones y opiniones.
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La paz auténtica comienza en el corazón y una de las formas de expresarla se da en el modo en que hablamos del otro y del mundo.
En lugar de arrastrar nuestras palabras al combate político, bendecir el nacionalismo o a justificar religiosamente la violencia y la lucha armada, la propuesta que nos hace el Papa es cultivar la oración, la espiritualidad y el diálogo como vías de paz y lenguajes del encuentro entre tradiciones y culturas.
La información veraz es un deber moral, y en contextos complejos, la desinformación, los rumores y las narrativas parciales pueden convertirse en instrumentos de violencia simbólica.
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Por ello, es indispensable acudir a fuentes confiables y verificables, distinguir hechos de opiniones y evitar compartir contenidos que no contribuyan a una comprensión justa de la realidad.
Desde esta convicción, hacemos este exhorto para cuidar las expresiones públicas, a resistir la tentación del lenguaje que hiere y a optar por palabras que sanen, orienten y construyan. En un mundo herido por múltiples conflictos, la paz también se construye con palabras responsables, capaces de abrir caminos de esperanza.


