El Señor de los Prodigios: la historia del Cristo que pasó del olvido a realizar innumerables milagros

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El Señor de los Prodigios: la historia del Cristo que pasó del olvido a realizar innumerables milagros

Incendios, una misteriosa renovación de su rostro, una procesión llena de prodigios y una devoción que ha permanecido viva durante más de tres siglos hacen del Señor de los Prodigios una de las imágenes de Cristo más queridas de la Ciudad de México.

4 julio, 2026
El Señor de los Prodigios: la historia del Cristo que pasó del olvido a realizar innumerables milagros
La historia del Señor de los Prodigios es también la historia de la fe de generaciones enteras que han encontrado en esta imagen de Cristo consuelo, esperanza y milagros.
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En el poniente de la colonia Narvarte, en la Ciudad de México, se encuentra el Templo Josefino del Señor de los Prodigios, donde se venera una antigua imagen de Jesucristo representada como Ecce Homo.

Sin embargo, para miles de fieles que acuden a pedir su intercesión, lo llaman con cariño el Señor de los Prodigios, nombre que nació de los innumerables favores y milagros atribuidos a su intercesión a lo largo de más de tres siglos.

Un Cristo que pasó del olvido a la veneración

De acuerdo con información proporcionada por el Templo del Señor de los Prodigios, se desconoce la fecha exacta en que fue elaborada la imagen. No obstante, por su manufactura se sabe que fue realizada con la técnica de pasta de caña, característica de muchas esculturas religiosas del siglo XVI.

Originalmente fue venerada en el templo de Nuestra Señora de Valvanera, perteneciente al convento de las religiosas franciscanas de la Concepción, fundado en 1573. En aquella época era conocida como Jesús de la Penitencia.

La imagen permanecía en un pequeño altar dentro del convento y recibía escasa veneración por parte de las religiosas. Su gran tamaño, el aspecto deteriorado de su rostro y la expresión de sufrimiento que transmitía provocaban más temor que devoción.

La única persona que cuidaba diariamente del altar era Juana, una sirvienta del convento que padecía sordera y que, especialmente durante la Cuaresma, procuraba mantener limpio y adornado el lugar.

Todo cambió el 8 de diciembre de 1715. Mientras las religiosas rezaban el rosario con motivo de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, la madre María Teresa de San Miguel observó que el rostro de la imagen irradiaba una luz especial y parecía haberse renovado.

Sorprendida, llamó a las demás religiosas, quienes también fueron testigos del extraordinario cambio.

El hecho se comunicó a las autoridades eclesiásticas, que iniciaron un proceso canónico para investigar lo sucedido. El expediente estuvo encabezado por don Carlos Bermúdez, quien reunió testimonios, examinó la imagen con ayuda de peritos y escuchó a diversos testigos.

Tras la investigación, las autoridades concluyeron bajo juramento que aquella renovación no podía explicarse de forma natural y la declararon una obra de origen sobrenatural.

A partir de entonces, la imagen dejó de ser conocida como Jesús de la Penitencia y comenzó a recibir el nombre de Ecce Homo Renovado de Valvanera, dando inicio a una creciente devoción.

¿Qué es un Ecce Homo?

En el arte sacro, un “Ecce Homo” es una tipología de las representaciones de Jesús en la que aparece tal como se le describe en el pasaje evangélico: semidesnudo y atado, con una caña en las manos que representa un centro y su manto, indicando el delito de pretender ser “rey de los judíos” cuando lo llevaron ante Pilato, quien al presentarlo ante el pueblo expresó Ecce Homo!, “He aquí el Hombre” (Juan 19,5). 

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Los prodigios que dieron origen a su nombre

La fama de la imagen aumentó poco tiempo después.

El 6 de agosto de 1716, durante una solemne procesión en la que participaron diversas cofradías, ocurrió el primero de los prodigios atribuidos a su intercesión. Una joven sufrió un fuerte golpe en la cabeza que hizo pensar a los presentes que había perdido la vida. Contra todo pronóstico, sobrevivió, hecho que los fieles atribuyeron al Ecce Homo.

Al concluir aquella procesión, la imagen se colocó en el presbiterio del templo de Valvanera, donde un benefactor anónimo financió la construcción de un nuevo altar para su veneración.

Meses más tarde ocurrió otro acontecimiento extraordinario. Un incendio, provocado por la caída de un cirio, consumió gran parte de la capilla y redujo a cenizas todo cuanto la rodeaba. Sin embargo, cuando finalmente lograron controlar el fuego, la imagen y su altar permanecían completamente intactos.

Los testigos aseguraron que del pie derecho del Cristo emanaba una luz intensa, como si hubiera contenido las llamas que amenazaban con destruirlo.

El milagro que cambió para siempre la postura del Señor

El padre Álvaro Frías Turrubiates, Misionero Josefino, en entrevista con Desde la fe, relató que durante la epidemia que azotó a la capital en 1736, miles de personas murieron y numerosos niños quedaron huérfanos.

Ante la gravedad de la situación, un grupo de sacerdotes organizó una procesión penitencial para pedir al Ecce Homo el fin de la peste. La jornada comenzó el 20 de enero de 1737, con siete días de oración en honor de la Preciosísima Sangre de Cristo.

El 27 de enero, mientras la imagen era llevada en una pesada anda de plata por una calle estrecha, un brusco movimiento estuvo a punto de hacerla caer.

Entonces ocurrió uno de los hechos más recordados por sus devotos.

Según los testimonios de la época, la imagen cambió la posición de sus piernas para conservar el equilibrio. La pierna izquierda se inclinó hacia el interior y la derecha se extendió, como si el propio Cristo hubiera evitado caer.

Hasta nuestros días, la escultura conserva esa postura, considerada por los fieles como uno de los mayores prodigios atribuidos al Señor.

Este acontecimiento incrementó aún más la devoción popular y motivó a numerosos fieles a integrarse a la cofradía y acudir al templo de Valvanera.

Señor de los Prodigios
El padre Álvaro MJ, relató el milagro dela postura del Señor de los Prodigios.

Del olvido al renacer de una devoción

Con la expropiación de los bienes de la Iglesia durante el siglo XIX, la imagen del Ecce Homo se trasladó al Colegio de las Vizcaínas para protegerla de posibles profanaciones. Al tratarse de una institución de educación secular, las Leyes de Reforma no afectaban sus bienes, por lo que la escultura permaneció resguardada.

Con el paso del tiempo y debido a la restauración de la capilla donde se veneraba, la imagen se guardó en una bodega, donde permaneció durante años en el olvido.

Fue hasta 1938 cuando el historiador Gonzalo Obregón la redescubrió mientras se realizaba el inventario del colegio para la creación de un museo artístico. Convencido de que una imagen con tanta relevancia histórica y religiosa debía volver al culto público, promovió su traslado, de manera discreta, al antiguo templo de Valvanera.

Sin embargo, la escultura volvió a desaparecer de la vista de los fieles durante varios años.

La historia dio un nuevo giro en agosto de 1947, cuando sor María Concepción del Corazón del Divino Niño y de Jesús Crucificado, religiosa del convento de la Natividad de Nuestra Señora de Regina Coeli, encontró en antiguos libros del convento referencias al Ecce Homo Renovado y al extraordinario milagro de la renovación de su rostro.

Aquellos documentos despertaron en ella el deseo de localizar la imagen original.

Tras una minuciosa investigación, en junio de 1949 regresó al templo de Nuestra Señora de Valvanera con la esperanza de encontrar alguna pista. Mientras tomaba medidas para elaborar una capa para otra imagen del Divino Preso, creyó escuchar que alguien la llamaba. Al volver la mirada hacia el fondo del templo, distinguió una gran escultura cubierta de polvo y materiales de construcción.

Al acercarse para observarla con detenimiento, descubrió que había encontrado la antigua y venerada imagen del Ecce Homo.

Con las autorizaciones correspondientes, el 8 de julio de 1949 la escultura se trasladó al convento de Regina Coeli, donde tendría lugar otro de los acontecimientos que fortalecerían su fama de milagrosa.

La restauración que nunca se realizó

El restaurador español Paulo Almeda, encargado de intervenir la escultura, consideró necesario retirar dos de las tres capas de pintura que cubrían la imagen para conservar únicamente la policromía original.

Sin embargo, las religiosas se opusieron, pues estaban convencidas de que la segunda capa correspondía a la milagrosa renovación del rostro ocurrida en 1715.

Días después ocurrió un hecho inesperado.

Las religiosas observaron que la llaga del hombro derecho de la imagen desprendía calor. Aunque el restaurador dudó inicialmente del relato, decidió comprobarlo personalmente. Al ver cómo los lienzos húmedos colocados sobre la herida se calentaban como si se tratara de un cuerpo vivo, desistió de intervenir la escultura y consideró prudente conservarla tal como se encontraba.

Con el paso de los años, los favores atribuidos a la intercesión del Ecce Homo continuaron multiplicándose. Poco a poco, los fieles comenzaron a llamarlo Señor de los Prodigios, pues era común escuchar entre los devotos la expresión:

“El Señor me concedió un prodigio”.

Con el tiempo, aquel nombre terminó por sustituir al de Ecce Homo Renovado y es el que conserva hasta nuestros días.

Un nuevo hogar para el Señor de los Prodigios

El creciente número de peregrinos que acudían a venerar la imagen comenzó a alterar la vida contemplativa de las religiosas de Regina Coeli. Por ello, decidieron donarla a un templo donde pudiera recibir a todos los fieles.

El lugar elegido fue el pueblo de Santa María Nativitas Tepetlalzingo, cuya iglesia aún no contaba con un santo patrono. Las religiosas aceptaron entregar la imagen con una condición: que el Señor de los Prodigios fuera reconocido como el patrono de la comunidad.

El 3 de mayo de 1951, la imagen se trasladó a una capilla provisional mientras se construía el templo que hoy la resguarda.

En un principio, la obra estuvo a cargo de los Siervos de María, pero pocos meses después se encomendó a los Misioneros Josefinos, congregación que hasta la actualidad custodia la sagrada imagen.

Entre los miles de fieles que acuden cada año destacan las personas enfermas y sus familias, quienes piden la intercesión del Señor de los Prodigios para recuperar la salud.

Como muestra de esa confianza, es tradición solicitar a los padres josefinos el manto del Señor para colocarlo sobre los enfermos mientras elevan una oración por su recuperación.

Parroquia del Señor de los Prodigios
Templo del Señor de los Prodigios, en la Colonia Narvarte Poniente.

La fiesta del Señor de los Prodigios

Cada primer domingo de julio, el pueblo de Santa María Nativitas celebra con gran alegría la fiesta del Señor de los Prodigios, dentro de la solemnidad de la Preciosísima Sangre de Cristo.

Aunque la modernidad ha transformado esta zona de la Ciudad de México, las familias originarias conservan con orgullo sus tradiciones y mantienen viva una celebración que reúne a generaciones enteras.

Los festejos comienzan el sábado por la tarde con una procesión por calles de la colonia Independencia, en la alcaldía Benito Juárez, acompañada por mariachis y habitantes de los pueblos originarios.

Al día siguiente se celebra la Misa solemne, durante la cual se bendicen las nuevas vestiduras de la imagen. Cada año se confeccionan una nueva capa y un nuevo sendal para el Señor de los Prodigios, como signo del cariño y la devoción de sus fieles.

La celebración concluye con las tradicionales Mañanitas y diversas expresiones de religiosidad popular, entre ellas las danzas de concheros, aztecas y chinelos, además de música y convivencia comunitaria.

¿Dónde está el Templo del Señor de los Prodigios?

Si deseas visitar esta histórica imagen de Cristo, puedes acudir al:

Templo Josefino del Señor de los Prodigios
📍 Zempoala 496, colonia Narvarte Poniente, alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México.

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Autor

Lic. en Lengua y literaturas hispánicas por la UNAM, con experiencia en edición digital y redes sociales. Ha sido editora de los sitios web Padres e hijos, Cocina Fácil y colaborado en National Geographic y Muy Interesante. También fue editora en la Diócesis de Azcapotzalco y actualmente es reportera en Desde la Fe.