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Por qué debes ver la serie “Adolescencia” si tienes un hijo

La serie "Adolescencia" nos da una lección sobre los peligros de no prevenir la violencia con acompañamiento a niños y jóvenes.

28 marzo, 2025
Por qué debes ver la serie “Adolescencia” si tienes un hijo
La serie "Adolescencia" de Netflix.

La serie Adolescencia de Netflix me impactó profundamente por su capacidad para reflejar una realidad incómoda que viven muchos jóvenes hoy en día: la violencia juvenil ligada al mundo digital. Aunque Jamie Miller, un adolescente de 13 años acusado de asesinato, es solo un personaje ficticio, su historia lamentablemente se asemeja a casos reales. La vida de Jamie cambia dramáticamente debido a una tragedia que fue gestándose lentamente, sin que nadie notara a tiempo las señales de peligro relacionadas con las redes sociales y la falta de apoyo emocional en su entorno familiar. Jamie crece en una familia trabajadora cuyos padres, preocupados principalmente por mantener el hogar, no logran ofrecerle la atención afectiva y emocional que necesita. Su padre, tratando de protegerlo del fracaso y la vergüenza, ignora sus errores en actividades como el deporte, perdiendo la oportunidad de enseñarle que equivocarse es una parte natural del aprendizaje.

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En ausencia de supervisión y compañía familiar, Jamie pasa gran parte de su tiempo libre inmerso en el mundo digital. Allí se convierte en víctima de ciberacoso, lo que deteriora su autoestima y lo hace sentirse inseguro y aislado. Esta constante exposición a mensajes negativos lo hace vulnerable a ideologías peligrosas, como las difundidas por grupos como la «manosfera» o los llamados «incel» (célibes involuntarios). Estos grupos culpan a las mujeres de sus frustraciones sociales y afectivas, fomentando el resentimiento y la misoginia.

En foros digitales que incluso utilizan videojuegos para difundir mensajes violentos y una visión distorsionada de la masculinidad, Jamie adopta creencias extremas como la «regla del 80-20», según la cual solo un pequeño porcentaje de hombres atrae a todas las mujeres, intensificando así su frustración e inferioridad.

La prevención de la violencia juvenil es una tarea que debemos asumir juntos. Padres, educadores, la Iglesia y toda la sociedad necesitamos estar atentos a las señales que nos alertan de que algo no anda bien. Preguntémonos con sinceridad: ¿Nuestros hijos sufren acoso escolar? ¿Pasan demasiado tiempo conectados a internet sin supervisión? ¿Expresan frecuentemente sentimientos de tristeza, rabia o aislamiento? Responder estas preguntas honestamente puede marcar una gran diferencia. La prevención empieza por abrir espacios auténticos de comunicación y brindarles un apoyo emocional oportuno y efectivo. Para lograrlo, proponemos algunas acciones prácticas:

  • Fortalecer los vínculos familiares: Dedicar tiempo de calidad para escuchar activamente a nuestros hijos, creando entornos seguros donde puedan compartir libremente sus emociones y preocupaciones. Además, es importante establecer reglas claras sobre el uso del internet.
  • Educar en valores esenciales: Enseñarles desde pequeños la importancia del respeto, la empatía y la resolución pacífica de conflictos.
  • Nutrir su dimensión espiritual: Brindarles la oportunidad de conocer a Jesús y descubrir valores auténticos como el amor, la compasión, la entrega y el servicio a los demás.
  • Supervisar responsablemente el uso de la tecnología: Conocer lo que nuestros hijos consumen en internet y las redes sociales, orientándolos hacia un uso consciente, positivo y equilibrado. Utilizar herramientas como el control parental puede ser de gran ayuda.
  • Fomentar actividades enriquecedoras: Animarlos a participar en actividades deportivas, artísticas o de voluntariado, ya que estos espacios les permiten expresar sus talentos, emociones y energías de forma saludable.
  • Colaborar activamente con escuelas y parroquias: Estos lugares son fundamentales para detectar situaciones difíciles, intervenir a tiempo y, si es necesario, realizar denuncias oportunas, creando ambientes más seguros y saludables.

Es urgente actuar ahora para proteger a nuestros jóvenes; no esperemos que ocurra una tragedia para reaccionar. La prevención salva vidas y construye un futuro mejor. Aprovechemos las lecciones que nos deja Adolescencia para evitar que más jóvenes caigan en la espiral de la violencia.

Adolescencia no es solo una serie…



Autor

Sacerdote de la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico. Teólogo moral. Escribe sobre inteligencia artificial, neurociencias y ética aplicada (neuroética, bioética y bioalgorética), con especial atención a la protección de menores y personas vulnerables. Se formó en la Pontificia Academia Alfonsiana, la Pontificia Universidad Gregoriana y el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum (Roma), y realizó investigación en el Edmund Pellegrino Center for Clinical Bioethics de Georgetown University (Washington, D.C.).