La presidenta y el voto duro
En la disputa electoral, la oposición debe concentrar su esfuerzo de comunicación precisamente en los sectores de la sociedad que el gobierno deja de lado, para solo concentrase en el voto duro, en la esperanza de que ese porcentaje les alcance para ganar.
La más reciente encuesta realizada por el despacho de Lorena Becerra señala que, de mayo de 2025 a mayo de 2026, la presidenta pasa de un nivel de aprobación de 80% a 59%, en un año pierde 21 puntos.
Y la desaprobación pasa del 15% al 39% en ese mismo período, que es un aumento de más del 100%. Morena también cae y pasa de una intención del voto de 45% al 33%, pierde 12 puntos.
Las encuestas de Palacio Nacional, profesionales y serias, que también las hacen, en independencia de las que encargan como parte de la estrategia de propaganda, le dicen lo mismo a la presidenta.
Ante esta realidad, tanto en la valoración de su persona como de su partido, la presidenta ha optado por radicalizar el discurso, cada vez con más carga ideológica, dirigido de manera particular al voto duro de Morena.
En ese propósito, el discurso de la presidenta es cada vez más ideológico y también de un contenido con más mentiras, para construir la narrativa que ella piensa quiere oír su voto duro.
Si en un principio, en el marco del manual del buen populista, tenía como audiencia fundamental al voto duro, y articulaba un discurso que podía llegar a otras audiencias, ahora ya no.
Su audiencia solo se reduce al voto duro, y ya no le importa ningún otro sector de la sociedad, y su narrativa es solo para ese grupo.
No le importa pagar el costo de esa estrategia en la lógica, que era la propia de su antecesor López Obrador, de él la aprendió, que las elecciones se ganan con la mayoría y no importa el porcentaje, que puede ser de solo un punto.
Ante la caída en las encuestas tanto de ella como del partido, en algunos estados más que en otros, sus mensajes tienen como propósito contar con el voto duro, y mantenerlo fiel.
Y para eso, en el marco de la estrategia de no perder a ese grupo, va a decir lo que se necesite, sin importar el costo a pagar frente a los otros sectores de la sociedad y los medios de comunicación.
Lo único que importa es no perder el poder, y la presidenta hará todo lo que se necesite, para intentar retenerlo, que necesariamente pasa por conservar al voto duro, que ronda en el 35% del padrón.
Se concentra en la población mayor de 60 años y sobre todo la mayor de 65 años que recibe la Pensión de Adultos Mayores, pieza fundamental en la estrategia de cooptación del voto, para Morena.
En la disputa electoral, la oposición debe concentrar su esfuerzo de comunicación precisamente en los sectores de la sociedad que el gobierno deja de lado, para solo concentrase en el voto duro, en la esperanza de que ese porcentaje les alcance para ganar.
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