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COLUMNA

Convicciones

El país que ven los obispos mexicanos

Los obispos mexicanos hacen un llamado urgente a la conversión personal y social desde la esperanza cristiana.

12 abril, 2026
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Rubén Aguilar Valenzuela es profesor universitario y analista político. 

Los obispos mexicanos reunidos en la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), ven, desde sus territorios, un país muy distinto al que en sus comparecencias mañaneras de todos los días anuncia la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

El 13 de noviembre de 2025, la CEM dio a conocer el documento: Iglesia de México: Memoria y profecía – Peregrinos de Esperanza hacia el Centenario de Nuestros Mártires. En su momento este texto no tuvo la cobertura mediática que debió haber tenido. Acá retomo parte del mismo, que considero un potente análisis de la realidad del país.

Afirman que “como pastores tenemos el deber de hablar con claridad de nuestro país. No lo hacemos desde una posición política, ni partidista sino desde la responsabilidad que se nos ha conferido como servidores del Evangelio. No podemos ser indiferentes ante el sufrimiento de nuestro pueblo. No podemos permanecer neutrales cuando está en juego la dignidad de las personas. Nuestra misión de anunciar el Evangelio nos exige anunciar la verdad coo n amor”.

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Y hacen una abierta crítica al actual gobierno cuando afirman que: “en estos tiempos, observamos con preocupación cómo algunos discursos públicos construyen una narrativa que no se corresponde a la experiencia cotidiana de millones de mexicanos” y en su análisis ofrecen una serie de puntos donde hay un desfase entre el discurso del poder y la realidad:

“Nos dicen que la violencia ha disminuido, pero muchas familias han perdido seres queridos o poblaciones enteras que viven con miedo constante experimentan otra realidad. Nos dicen que se combate la corrupción, pero ante casos graves y escandalosos, no se percibe la voluntad de esclarecerlos, por lo que prevalece la impunidad. Nos dicen que la economía va bien, pero muchas familias que no pueden llenar su canasta básica y muchos jóvenes que no encuentran oportunidad de trabajo nos hacen ver que esto no es verdad”.

Y esta parte del análisis lo terminan con: “Nos dicen que se respetan las libertades, pero quienes expresan opiniones críticas son descalificados y señalados desde las más altas tribunas del país. Nos dicen que somos el país más democrático del mundo, pero la realidad es que hemos visto cómo han comprometido los organismos y las instituciones que garantizaban la auténtica participación ciudadana para concentrar el poder arbitrariamente”.

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Los obispos sostienen que en la realidad “vivimos tiempos difíciles, la violencia se ha vuelto cotidiana. El cáncer del crimen organizado que padecemos desde hace años ha extendido sus tentáculos a muchos rincones del país. Ninguno de los dirigentes que gobiernan este país ha logrado erradicar este mal. En muchas regiones nuestra Nación sigue bajo el dominio de los violentos. No debemos tener miedo de hablar de lo que todos sabemos, pero algunos prefieren callar”.

Lo que realmente sucede en el país, afirman de manera contundente es que “continúan los asesinatos y las desapariciones. Sigue derramándose sangre inocente en nuestras calles, pueblos y ciudades. Familias enteras son desplazadas por el terror de la delincuencia organizada. Vivimos la inseguridad cotidiana al transitar por los caminos y autopistas. Las extorsiones se han vuelto sistemáticas para pequeños y medianos empresarios, para agricultores y transportistas, incluso para las familias humildes, obligados todos a pagar “cuota” a los criminales bajo amenaza de muerte. El Estado, que en muchos lugares ha cedido el control territorial a grupos delictivos, no logra recuperarlos”.

Y continúan con la afirmación de que “sacerdotes, religiosas, agentes de pastoral, incluso algunos políticos que buscan cambiar esta situación han sido amenazados y asesinados ante la impotencia ciudadana. Hemos tenido que llorar la muerte de varios hermanos presbíteros que dieron su vida sirviendo a sus comunidades. Sentimos el dolor por todos aquellos que buscando el bien han sido sacrificados”.

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Los obispos terminran su diagnóstico sobre la realidad nacional, de manera opuesta a la visión que la presidenta Sheinbaum Pardo ofrece en sus comparecencias mañaneras, y plantean “que nuestros jóvenes están siendo y llevados a los campos de corrupción o exterminio convirtiéndose en uno de los más grandes dramas de nuestra sociedad. Todo esto nos habla de la degradación social a la que hemos llegado y que exige una conversión profunda de quienes han optado por el mal. Hacemos un enérgico llamado a una conversión personal y social para alcanzar una verdadera transformación”.

Y “la migración forzada continúa. Miles de mexicanos se ven obligados a abandonar sus tierras, no solo por buscar mejores oportunidades, sino también por huir de la violencia. Y los que migran se encuentran con nuevas formas de violencia en el camino. Por nuestro territorio cruzan miles de hermanos centroamericanos y de otros continentes, víctimas de extorsión, secuestro, trata y muerte”.

Los obispos plantean que “pudiera parecer que este diagnóstico de la realidad nos lleva al pesimismo. Pero no es así. Porque la esperanza cristiana no consiste en cerrar los ojos ante el mal, sino en mantenerlos abiertos reconociendo que Cristo ha vencido al mal con el bien. Solo reconociendo nuestros errores podemos corregirlos (…)”

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.


Autor

Rubén Aguilar Valenzuela es profesor universitario y analista político.